miércoles, 25 de febrero de 2015

Esa mercancía, la salud...

A propósito de la partida de Camila Abuabara.

Fotografía. Diario El Espectador.
Finalmente, el cuerpo de Camila descansa. El ajetreo de madrugadas a mil por una urgencia, las gestiones para una consulta, para la autorización de un medicamento de alto costo para una paciente de alto riesgo, los análisis de todo tipo, las hospitalizaciones, las cirugías, el dolor, la soledad, la impotencia, la pregunta: qué hubiera pasado si... Todo eso ha terminado para él. Pero su historia no termina, pues se repite en gran cantidad de pacientes en Colombia y en el mundo, unos con casos más delicados que otros.

A sus compañeros de lucha, amigos y familiares, mi abrazo y mi deseo de fortaleza en este momento.

Sin compararme con ella, ni más faltaba, debo decir que también yo conozco el laberinto, el costal de anzuelos que es el sistema de Colombia. He jugado en dos posiciones de este juego: como paciente y como familiar de paciente. Doy fe de lo tortuoso que es ir de un extremo a otro de la ciudad, rebotando como una pelota entre el consorcio que directamente presta los servicios médicos y la Entidad Promotora de Salud (EPS) por detalles tan absurdos, tan fáciles de resolver con un poco de sentido común, con más comunicación, con un mejor planeamiento. 

Estoy totalmente convencido de que en Colombia la salud es un negocio, como lo es la educación, por nombrar únicamente otro caso. Las EPS reciben jugosas entradas, no solamente por lo que corresponde a lo que todos tenemos que pagar mensualmente por contar con los servicios, sino también por concepto de los llamados "bonos" por consulta, por examen de diagnóstico o por solicitar medicinas. Veo a los médicos, encerrados en consultas de 15 minutos por paciente, funcionarios antes que servidores, muchos esforzándose por ejercer su vocación cabalmente, otros acostumbrados a su metamorfosis: de médicos a burócratas. Los de más allá, ahogando el estrés con cigarrillos y tinto en algún momentico que le roban a las duras jornadas... Y ciertos profesionales de la salud, como las fisioterapeutas 
-una condición esencialmente femenina, ¡vaya!-, son laboralmente subestimados, mal pagados y discriminados. Si una "fisio" desea especializarse, estará en desventaja frente a otro profesional que tome esa misma especialización. Un ingeniero, por ejemplo. O una enfermera, incluso.

Cuenta la leyenda que hubo un tiempo en que los médicos eran llamados "de cabecera", amigos de la familia, que iban a la casa del paciente a quien conocía perfectamente tras años de convivencia profesional y personal, para atender sus males y también para tomarse un café y charlar de las últimas novedades. Les sobraba tiempo para ser humanos. Si se lo cuento a mi sobrina en unos años, no me creerá. 

La salud en Colombia es un negocio. Pero miremos el corazón y la mente que cargamos. Nosotros, los pacientes, los usuarios, los clientes, también tenemos mucha responsabilidad en facilitarles las cosas a las pirañas. Cierto, el sistema es terrible. Pero se piden citas a las que luego no se acude. Jugamos con la auto-medicación y empeoramos la situación, especialmente porque esos bichitos invisibles llamados bacterias se vuelven más resistentes a los antibióticos cuando tomamos pepas sin ton ni son. Nos quejamos de que no hay plata para el bono, pero sí que la hay para el cigarrillo y para la cerveza. Nos da pereza seguir las indicaciones del médico, porque para qué. Nos da "mamera" hacer ejercicio, actividad física. Nos acostumbramos a que buses, camiones y automóviles nos escupan sus humazos, y a que la industria derrame sus desechos en las fuentes de agua. No nos alimentamos bien cuando tenemos la posibilidad: preferimos almorzar en McDonald's o en Crepes & Waffles porque da más caché, en vez de preparar nosotros mismos nuestras verduras o desayunar con una buena porción de fruta. Y peor aún: todos estos hábitos no saludables se los transmitimos, de la manera más natural y despreocupada, a nuestra infancia. De niños, de jóvenes: el exceso, porque la energía es muchísima. Luego, al bordear los cuarenta, comienza el peregrinaje por esa especie de milla verde que es nuestro sistema de salud.

Así las cosas, ante este panorama, Camila y sus colegas en Colombia y en el mundo seguirán preguntándonos: ¿ustedes qué van a hacer?


jueves, 19 de febrero de 2015

"¿Alguien por favor quiere pensar en los niños?"

Acerca del debate en Colombia sobre la "adopción gay".

La decisión de la Corte Constitucional de Colombia de negar a las parejas del mismo sexo u homosexuales la posibilidad de adoptar menores de edad en nuestro país es el tema del momento mientras escribo estas líneas. Su complejidad obliga a no dejarnos llevar por la marea de opiniones a favor y en contra. Lo prudente es acudir a algún puerto en donde podamos reflexionar con calma, de manera sentipensante.

A mí me preocupa mucho que el fallo de la Corte se emplee como un estandarte de victoria por parte de quienes se oponen a la llamada "adopción gay". Algo así como "Dios nos da la razón, y ahora la ley: somos ganadores por punta y punta". Esto legitimaría, supuestamente, una posición que en el fondo es anti-humana, despojadora de dignidades y excusa para cometer injusticias. ¿Y el aval divino? No es este el espacio para hablar de lo que opina el Ser Supremo frente a este caso, pero podría lanzar un par de ideas al aire. Una de Mafalda: "al pobre Dios lo meten en cada estofado", y otra de mi amigo el sacerdote Mario Castellar: "si los católicos defendieran la justicia social con la misma pasión con la que defienden sus puntos de vista sobre la moralidad sexual, hace rato se habría alcanzado una Colombia libre de dominación, explotación y exclusión social".

Me llamó la atención que uno de los argumentos presentados por quienes se oponen a la "adopción gay" es que aprobar esa medida perjudicaría notablemente "los derechos y el bienestar de los niños". Suena contundente. Ante esta tesis, a mi memoria viene una figura que, creo, será familiar para mis lectoras y lectores: la sin par Helena, esposa del reverendo Alegría, integrantes ambos del universo de Los Simpsons. Cuando la ciudad de Springfield debatía el caso de los inmigrantes, Helena -Helen Lovejoy en su versión original- esgrimió una frase que se ha convertido en leyenda: "¿alguien por favor quiere pensar en los niños?". 


¿Qué es pensar en las niñas y en los niños en un país como Colombia? Hace pocos días se lloró por los pequeños asesinados en el Caquetá y nuevamente se habló de los abusos contra la infancia en todo el país, de lo mal que nuestra sociedad la trata. "¡Pena de muerte para los abusadores!", gritaron no pocos. Otra vez nos rasgamos las vestiduras y clamamos "¡pobrecitos los angelitos!". Algunos, incluso, salieron a marchar por las calles para manifestar su rechazo. Ahora bien, la Defensoría del Pueblo indicó el año pasado que entre enero y abril de 2014 el maltrato a menores de edad aumentó un 52,3 por ciento respecto al mismo período del año anterior. Si nos ceñimos a lo informado por los medios y si nos animamos a hacerlo, nada nos impide pensar que las cifras de esta violencia particular siguen aumentando. ¿Y dónde se llevan a cabo esos abusos? En hogares descompuestos o "disfuncionales", con o sin dinero, en los barrios de estrato alto y en las comunas, en la ciudad y en el campo. Vemos con bastante frecuencia que hombres y mujeres deciden vivir juntos y tienen niños, pero no asumen el compromiso que esto conlleva. Son parejas heterosexuales, pero esta condición no implica necesariamente que tengan la actitud idónea para educar, cuidar y amar a sus hijos. Aún más: adultos muy creyentes, muy morales y defensores de "la vida sagrada y de la familia" son próceres de la puerta de su casa para afuera, pero de aquella hacia adentro son unos tiranos. 

Paréntesis: se clama también contra el aborto, pero muy pocos se refieren al aborto masculino.

Me parece que el bienestar de la infancia, por tanto, no depende de la orientación sexual de los padres, sean biológicos o adoptivos, o de sus creencias religiosas por sí mismas, sino de la educación que recibieron para ejercer a futuro el rol de figuras paternas y maternas y, sobre todo, para ser humanos solidarios, respetuosos, responsables y capaces de amar. 

Hay otro elemento para tener en cuenta: los conflictos tienen como característica el hecho de que cada una de las partes que interviene en ellos, en el esfuerzo para demostrar la validez de sus teorías, las convierte en ideas fijas que les impide ver los matices de la realidad. La discusión entre simpatizantes y opositores de la opción de vida LGTBI se enfrenta también a esa situación, y en ambos bandos. Un colega en las redes virtuales escribió: "¿de dónde sacan que soy homofóbico sólo porque no estoy de acuerdo con la 'adopción gay'?". Los cristianos que se oponen a ella, ¿qué tanto contacto tienen con el mundo de los homosexuales? ¿Qué tanto saben de sus vidas, de sus esperanzas, de sus tristezas y de sus alegrías? Y no podemos olvidar que en un país como Colombia, marcado no por décadas, sino por dos siglos de violencia casi continua, el torbellino nos ha afectado a todas, a todos, y ha influido en la forma como tratamos a nuestra infancia. Todas y todos estamos metidos ahí y, unos más, unos menos, somos potenciales y/o efectivos agresores, seamos heterosexuales u homosexuales. Recuerdo las palabras del inolvidable Luis Alberto Spinetta al presentar su disco de 1988: "todos somos un tester de violencia. Somos el territorio sobre el cual se pone de manifiesto la violencia". 

En un país en el que incluso ciertos ambientes académicos -o al menos algunos de sus integrantes- todavía consideran que la homosexualidad es una enfermedad, ¿cómo se podría determinar adecuadamente cuál es la mejor situación para un niño? 

En conclusión, debo decir que mi país aún no está preparado para resolver el dilema que he presentado en este escrito. Sobre todo, porque tenemos que quitarnos muchas máscaras y vendas; tenemos que aprender a ver, a entender y a aceptar las diversas aristas de la realidad. A mi juicio, cuando eso suceda, los homosexuales podrán adoptar niños sin problema. Pero poner "el bienestar de los niños y de las niñas" como argumento para no aprobar la medida sin reconocer el contexto en que vivimos y nuestra cuota de responsabilidad en su existencia, o peor, para demostrar qué bando tiene razón, "para clavarse el cuchillo uno al otro", no solamente es equivocado: es hipócrita y es condenable. Al final, como narraba mi maestro Mario Kaplún, de la discusión en esas condiciones solamente quedarán piltrafas de niños. Y él tenía razón cuando gritaba, angustiado, por boca de su personaje el padre Vicente: "si no van a ser capaces de quererse y respetarse como seres humanos, ¡más vale que no se casen! ¿Me oyen? ¡Oíganme por Dios! ¡Si no van a ser capaces, mejor que no se casen y que no tengan hijos! (así sean ustedes homosexuales o heterosexuales)".

viernes, 13 de febrero de 2015

Día Mundial de la Radio: algunos momentos del pasado

En 2015, el Día Mundial de la Radio está dedicado a los jóvenes. Ante esta simple afirmación, no faltará quien se llene la boca con discursos. De mi parte, tan sólo me gustaría compartir con ustedes algunas anécdotas desde mi experiencia personal, desde mi historia de vida, relacionadas con el maravilloso medio al que se consagra el 13 de febrero.


Creative Commons. Marina Salomone: Radio.
1984: todos los días, a las 6 de la mañana, mi mamá me despertaba y me arreglaba para ir al jardín infantil. No sé por qué mis papás a esa hora siempre sintonizaban la emisora Radio Santa Fe en el AM -una estación muy reconocida en aquella época, pero que hoy es apenas una sombra en el dial, lamentablemente-. Lo que escuchaba ahí mientras me aseaba, me vestía y desayunaba son quizás mis primeros recuerdos radiofónicos. ¿Qué sonaba a esa hora, en esa frecuencia? Más que todo, vallenatos: Mi presidio, de Romualdo Brito, El Mochuelo, de Otto Serge y Rafael Ricardo, y el Drama provinciano, del Doble Poder, son algunos ejemplos. Ahora me da mucha risa la forma como escuchaba esas canciones: por ejemplo, donde Serge entona "agil vuela, busca la ocasión", yo entendía "habichuela busca la ocasión". ¡Ah! ¡Además, no tenía ni idea de lo que era un mochuelo! Cosas de niños. Y recuerdo las voces de dos locutores de la Santa Fe a esa hora con noticias y otras cosas: uno, muy estilizado. Otro, con voz de enfermo. No supe cómo se llamaban, ni recuerdo haber escuchado sus nombres.

1995: La mamá de mi mamá me regaló mi primer radio a transistores portátil con audífonos, una versión made in China del walkman. Casi todas las noches me correspondía lavar los platos después de comer y aquella cajita amarilla con botones negros, colgada de mi cinturón, era para mí, como bien lo describió Roger Taylor en su canción Radio Gaga, "mi única amiga en las noches adolescentes". Noches adolescentes de agua, jabón y trastos, pero ahí estaba la radio. Había un programa llamado La noche de los lápices, conducido por Félix Sant-Jordi -en realidad llamado Félix Riaño-, con su muy elegante voz. En este espacio dedicado al rock en idioma español pude conocer joyas que me sostienen aún hoy: el impresionante Blues de la Soledad escrito por Joaquín Sabina y Antonio García de Diego, cantado por Miguel Ríos -escuchen y sabrán cómo me sentía en aquella época-; el estremecedor Sin tu latido, de Luis Eduardo Aute -la versión que cito es para mí la versión-; escuché también allí por primera vez a Serú Girán y su Seminare. Pero bueno, no todo eran melancolías: Sant-Jordi presentaba un tema que él mismo cantaba con una agrupación llamada Banda Sonora y que es, en mi opinión, el himno perfecto del obrero: El rey del pañete. Varios años después, los espacios de rock clásico en la emisora universitaria Javeriana Estéreo y en la Radiodifusora Nacional de Colombia, más el programa Beatles por siempre de Manolo Bellón, alimentaron mi "caseteca": yo coleccionaba sus emisiones en montañas de casetes, registros elaborados con mi fiel grabadora tipo "huevo", almacenados en un estante comercial de panes que hoy es parte de mi cocina. Así conocí temas inmensos como Cryin' to be heard, de la poderosa banda británica Traffic, entre muchos otros.

1998: el año que podría llamarse "el paso a través del espejo". En el comienzo de mis estudios de pregrado, la querida e inolvidable Martha Bernal -quien falleció hace unos años-, convocó a algunos de los integrantes de nuestro grupo de semestre para realizar algunas actividades de su cátedra en una emisora comunitaria, ubicada en el municipio de La Calera. Este pueblo es uno de los más cercanos a Bogotá. Acepté ser parte de esa "delegación"; curiosamente, lo que se suponía que serían algunas semanas de prácticas, se convirtieron para mí en seis años de trabajo en La Calera FM, 101.3. Recuerdo la primera vez que viajé a la emisora solo, pues también era la primera vez que salía solo de la ciudad. Recuerdo mis primeras emisiones al aire, especialmente el resumen de noticias departamentales los sábados en la mañana con Jaime Rozo, director de la emisora, su hermano Freddy, "el tigre de la consola" y don Carlos Marín, comunicador en formación en aquella época. Un tiempo después, la primera vez que tuve a mi cargo en solitario ese espacio -no me acuerdo por qué razón- fue un desastre. Pero fue un aprendizaje. Recuerdo a una agrupación local de música carranguera, Los playoneros del Salitre (El Salitre es una vereda de La Calera). Uno de sus integrantes, conocido como "Robertico", también era uno de los locutores de la emisora, con su acento campesino y franco muy marcado. Recuerdo salir con Jaime a recolectar historias de habitantes del pueblo: el talabartero, el campesino cultivando bajo la lluvia con una buena provisión de delicioso guarapo, la profesora del jardín infantil rodeada de niñas y niños, las organizaciones sociales. Recuerdo, por último, hacia el final de mi paso por la emisora, ser el encargado de las emisiones entre las 8 de la mañana y las 6 de la tarde, frente a la consola, el computador y el micrófono, programando el espacio más popular de La Calera FM: Pedazo de acordeón, de lunes a sábado a la una de la tarde. ¿Tengo que decir de qué trataba el Pedazo, qué sonaba ahí? Ah, y los Graffittis al aire, después de esa hora.

En el comienzo del siglo XXI, mi vinculación al Grupo ComunicArte en calidad de practicante fue mi pasaporte al aprendizaje de la digitalización de audios y de otros elementos técnicos, a la radio escolar, a las producciones del Servicio Radiofónico para América Latina SERPAL y, muy especialmente, a Un Tal Jesús, de mis queridos amigos María y José Ignacio López Vigil. No puedo dejar de mencionar aquí a Alma Montoya, directora de ComunicArte, y muy especialmente a la hermana Inés Nadalich -hoy en la Casa Eterna-, guías y compañeras en esta etapa.

Madrugando en la infancia, lavando la loza en mi adolescencia, trabajando en una radio-estación enmarcada en las montañas de mi país y practicando en el arte de la comunicación conocí, me enamoré y aprendí a hacer la radio. Aún sigo en ese proceso. Y sin decir nada de El Colectivo... Esa es otra historia.

Estas son algunas de mis historias radiofónicas. ¿Cuál es la suya?

lunes, 9 de febrero de 2015

Otro Día del Periodista en Colombia

Cada 9 de febrero se celebra en Colombia el Día del Periodista. ¿Se celebra? 

Una obra recomendadísima
de un gran maestro del periodismo.
Según señaló el diario El Tiempo hacia finales del año pasado -basado en un informe de Reporteros Sin Fronteras- , México es el país del mundo más peligroso para el ejercicio del periodismo. En segundo lugar está mi país, Colombia. 

El derecho y el deber de informar en medio del conflicto ha cobrado la vida de colegas, no solamente en estas dos naciones, sino en varias otras. Naturalmente, todo espacio de reconocimiento para ellas, para ellos, es justo y necesario. Sin embargo, al tiempo que se generan y difunden dichos espacios, también resulta importante, incluso cada vez más urgente, decir que no solamente las balas siegan vidas de periodistas.

La información es una mercancía

El aura mítica del periodista, ese personaje de sombrero adornado con la tarjeta que lo identificaba en la rueda de prensa, con su libreta y su esfero en la mano; ese personaje osado, curioso, hábil con las palabras y con el trato humano, comprometido con la verdad hasta extremos insospechados, capaz de generar las condiciones para la caída de un presidente corrupto que ha jurado mil veces que es inmaculado... El aura de ese personaje poco a poco se extingue porque la verdad se ha convertido en una mercancía más para ofrecer en la tensión diaria de la oferta y la demanda.

Por esta razón, el ejercicio del periodismo no solamente resulta peligroso para la salud física de quien lo asume por cuenta de los actores de un conflicto armado. Los medios masivos de información, grandes empresas que responden a diversos intereses que poco o nada tienen que ver con el interés de la sociedad, también lo banalizan. He visto periodistas "reconocidas" que asisten a eventos de farándula vestidas como si fueran estrellas de cine de Hollywood. De presentar noticias en la televisión se pasa a anunciar galletas o pañales -claro, si se tiene un rostro hermoso, una pareja guapa y al menos un hijo-. 

También he visto modelos de pasarela que, por el sólo hecho de presentar "noticias de farándula", juran y vuelven a jurar que son periodistas. Incluso se matriculan en las facultades para "tener el título". ¿Qué tiene de noticioso lo que presentan? Nada, en realidad. Sin embargo, en la dinámica que propone la información farandulera, es más relevante el segundo premio Grammy de Carlos Vives que el asesinato de cuatro niños en Florencia, Caquetá

Mi querida amiga y colega Gina Caicedo lo dice de esta forma: esas modelos "salen a 'hacer pantalla' y se creen periodistas. A ellas por su físico las dejan ingresar (a los medios) de una manera fácil. Para las que hemos estudiado, todo es más difícil". 

A veces, periodistas reconocidos abren sus propias empresas de "relaciones públicas" o de "asesoría de imagen", en las que se pretende enseñar "el arte de la persuasión", a costos que hacen de sus servicios inaccesibles para la gente del común. 

La injusticia del ambiente laboral

También hay que decir que resulta abismal la diferencia que hay entre lo que recibe un periodista recién salido de la Academia que se convierte en "cargaladrillos" y aquel que, después de años de trabajo, aparece en la pantalla de televisión como presentador. Para colmo, la experiencia más o menos respetable que acumulan estos personajes se ve muy empañada por una actitud arrogante: creen que ahora lo saben todo y que nadie puede darles lecciones. Este virus de la vanidad periodística es más común en el medio de lo que parece. 

Las facultades de comunicación, tan cuestionadas, todos los años le dan cartón a un buen número de profesionales que se encuentran, al salir de las aulas, con un sistema laboral que no les ofrece oportunidades para ejercer cabalmente su condición. Las ferias de empleo son el carrusel en el que las empresas requieren administradores, contadores, técnicos, operadores. Pero comunicadores, no. Gina Caicedo agrega: " para colmo, en caso de que se necesite un comunicador, piden que sea recién egresado o que esté estudiando". Otras piden experiencia de varios años. ¿Cómo carajos adquirir experiencia, si no nos la dejan tener? Y si uno por su propia cuenta la adquiere o pone en práctica a conciencia iniciativas personales -a lo "emprendedor"-, al sistema laboral eso le vale lo que ponen las especies ovíparas.

En un portal de búsqueda de empleos en Colombia los comunicadores se ubican en la misma categoría de los profesionales del mercadeo y la publicidad -existe una gran diferencia entre los tres conceptos-, y las ofertas que recibe un comunicador social inscrito en ella son, por ejemplo, "conductor instalador de vinilos", auxiliar de acabados", "mercaderista licores", "entrega de volantes en localidades"...

¿Información = Comunicación?

A este panorama se suma un elemento crucial: el hecho de que se cree que es lo mismo "informar" que "comunicar". Los grandes medios "informan" cuando lo que presentan va en una sola vía: de ellos hacia nosotros, sin tiquete de regreso. La información adoctrina. Lo que nosotros tengamos que decir no importa. No hay un intercambio fructífero de saberes ni de opiniones. Tenemos que bailar al son que nos pongan. Paños de agua tibia como las "urnas virtuales" o el espacio del "defensor del sub-cliente", perdón, "defensor del lector, del televidente o del oyente": aparentes espacios de participación que son en realidad meros espejismos para hacernos creer que esos medios nos pertenecen, cuando en realidad es al revés. 

Es al revés, a menos que entendamos que la comunicación es otra cosa. La comunicación es un derecho y un deber de todo integrante de la sociedad. Es la oportunidad para que se encuentren en respeto y en democracia todas las voces, todas las opiniones, en un ir y venir dinámico, nunca impuesto. Un comunicador profesional está al servicio de esa causa cuando gestiona, ejerce mediaciones -valga recordar al maestro Jesús Martín-Barbero en este punto-, propone e implementa estrategias en marcos multidisciplinarios para mejorar las condiciones de vida de la sociedad a través del ejercicio de la palabra, de los diversos lenguajes. Un comunicador, retomando el legado de mentores queridos como Mario Kaplún, en realidad es un edu-comunicador: su interés es que la gente se eduque, y educar es el retorno a la dignidad de la gente -me baso en la obra de Paulo Freire para decirlo-. Los medios de información hacen cualquier cosa menos educar, porque les vale un pito la dignidad de la gente. Obviamente, hay excepciones. 

No se puede olvidar tampoco que el hecho de que exista libertad de expresión, de que debamos defenderla y promoverla, no significa que podemos decir cualquier cosa que queramos, más aún si para hacerlo pisoteamos las creencias, las ideas y los sentimientos de los demás. No todos somos Charlie Hebdo.

Mi experiencia y los conocimientos adquiridos -con mi agradecimiento a quienes los proporcionaron- me han hecho comprender que todo comunicador es un periodista, pero no todo periodista es un comunicador

Para terminar, como un ejemplo y como un homenaje en este día, recuerdo a Pedro Cárdenas, un comunicador comprometido con la verdad hasta las últimas consecuencias. ¿Una frase cliché? Depende. Va el reconocimiento a mi colega José Ignacio Chávez por presentarme el caso de Cárdenas y por invitarme, en su particular estilo, a pensar.

viernes, 23 de enero de 2015

De Charlie Hebdo al Caso Dreyfus: recuperar la memoria

Ningún acto de violencia en que se pierdan vidas, dignidades u obras hechas con amor, respeto y compromiso merece aplausos. Toda persona consciente del valor de este principio, por lo tanto, se sumará al rechazo a situaciones como la de los atentados a Charlie Hebdo en París del pasado 7 de enero, por medios diferentes a la fuerza bruta.

La manera como los medios de información han presentado el caso del semanario y tantos otros similares obligan a que no nos quedemos con el blanco/negro propuesto por ellos. Con excepciones valiosas, la tendencia de los noticieros es dar cuenta de los hechos sin profundizar, sin buscar otras voces que pueden brindar elementos para que la sociedad tenga una idea lo más exacta, detallada y responsablemente posible de las cosas que acontecen en este pequeño punto azul pálido que habitamos, en palabras de Carl Sagan. 

Dicha profundización también requiere una mirada al pasado, porque este explica el presente, o al menos nos ofrece pistas para comprenderlo. A propósito, no puedo dejar de recordar un hecho que ocurrió también en Francia hace más de cien años y me gustaría referirme a él para alimentar la reflexión sobre la actualidad. Valga decir que no he escuchado en días pasados hablar de lo que les voy a contar. Al parecer, nadie lo ha traído a colación. ¿Por qué?

Una traición fabricada

El capitán Alfred Dreyfus en prisión.
https://portalhistoria.files.wordpress.com/2011/07/affaire5.jpg

Más o menos cien años después de la Revolución Francesa -la revolución histórica más impactante de la historia junto a la Revolución Industrial, según diversos autores-, aquel país europeo, patria de Voltaire y de Molière, atravesaba una profunda crisis política (hecha, entre otras cosas, por escándalos como el de la construcción del canal en Panamá), social (anarquismo, nacionalismo, antisemitismo) y militar (el ejército francés había sido derrotado por las fuerzas armadas del recién creado estado alemán; precisamente esta guerra, la franco-prusiana, fue decisiva para la conformación de la nueva nación germana. Y no se puede olvidar la represión de la Comuna de París). Hacia 1894, medios franceses señalaron que había ocurrido una filtración de documentos secretos a los alemanes y que el responsable de este acto de "alta traición" había sido un capitán del ejército galo llamado Alfred Dreyfus. 

Dreyfus fue juzgado, hallado culpable, degradado pública y humillantemente de su condición castrense, condenado a cadena perpetua y enviado a cumplirla a una colonia penal en la Isla del Diablo, ubicada a 11 Km de la costa de la Guayana francesa, en Suramérica. Esto fue el comienzo de lo que la historia conoce como el Affaire (caso) Dreyfus.

Un pequeño grupo de personas, conformado por familiares del capitán y por algunos intelectuales, denunció que aquel había sido condenado por un crimen que no cometió. La situación causó tal revuelo que Francia se convirtió en una nación violentamente dividida entre quienes creían que Dreyfus era culpable y quienes creían que era inocente. Ambos bandos contaron con medios de prensa que hacían difusión de sus argumentos a gran escala. 

El reconocido escritor Émile Zola, en aquel momento ya anciano, se jugó su prestigio e incluso su libertad y su integridad al ponerse del lado del capitán. Se recuerda su participación en los hechos especialmente al publicar en el periódico L'Aurore su carta ¡Yo acuso!, en la que ponía al descubierto las diversas jugadas que habían enviado injustamente a Dreyfus a la Isla del Diablo.


El ultraje de Zola, tela al óleo de Henri de Groux, 1898. Tomado de http://es.wikipedia.org/wiki/Caso_Dreyfus#mediaviewer/File:Zola_sortie.jpg
Injustamente, sí: en realidad el traidor no era el capitán Alfred, sino un militar de nombre Ferdinand Walsin Esterhasy, quien incluso en cierto momento durante aquellos difíciles años llegó a ser aplaudido por sectores monárquicos, conservadores y nacionalistas de la patria de la Libertad, de la Igualdad y de la Fraternidad. Una vez reconocido el error judicial, se le otorgó el perdón al capitán Dreyfus -¿perdonar a un inocente?- y este lo aceptó, pues consideró que hacerlo evitaría más daños a su nación y a su amado ejército. Todo el drama terminó en 1906, con la reintegración de Dreyfus a las fuerzas armadas con todos los honores.

¿Cuál fue la razón por la que el capitán Alfred Dreyfus padeció durante años todo lo relatado hasta aquí? Un único hecho: ser judío.

Falta memoria, sobra hipocresía

Una caricatura de Dreyfus
publicada en un periódico de ideología racista.
¿Algún parecido con las publicaciones
de Charlie Hebdo?
http://clio.rediris.es/fichas/Holocausto/holo_image6.gif

¿Quién, entre las millones de personas que en las últimas semanas ha marchado por las calles o ha publicado en sus portales virtuales la consigna "Yo Soy Charlie", se ha acordado del Asunto Dreyfus?

El antisemitismo y la xenofobia han entrado en una nueva etapa. Hoy ya no se acusa a los judíos de ser los causantes de los males de la muy cristiana y avanzada Europa. Hoy Occidente, el Occidente hijo de esa Europa soberbia y pisoteadora de las dignidades de mil pueblos, mercader de los recursos de naciones antiquísimas que no sabían de las riquezas que les pertenecían -o que las entendían de una manera diferente- y que fueron engañadas para ser despojadas, llora la muerte de los caricaturistas del semanario atacado. Pero se olvida, o prefiere olvidar, que hay una razón que podría explicar lo que ocurrió: esa mentalidad colonial que les hace creer todavía que pueden pasar por encima de las creencias de los demás, de "los otros", de "los extraños extranjeros", sin consecuencia alguna que les afecte. Invocan la Libertad de Expresión para tal fin, pero la convierten en una diosa, como en un tiempo endiosaron a la Razón, a tal punto de que muchos de los males que afectan a nuestro mundo son el resultado de esa falsa religión positivista. Todo esto se margina convenientemente del imaginario social y político.

Encadeno lo anterior con lo expresado días después del ataque a Charlie Hebdo por el pensador estadounidense Noam Chomsky, palabras que merecen ser citadas: "El problema reside en que Occidente olvida sus propios crímenes (...) La razón tiene que ver con el concepto de `memoria viva', una categoría construida cuidadosamente para incluir sus crímenes contra nosotros mientras escrupulosamente excluimos nuestros crímenes contra ellos. Estos últimos no son crímenes, sino noble defensa de los valores más altos". También hago enlace con lo publicado recientemente por el periodista Antonio Caballero: los líderes de las potencias que se reúnen para marchar y clamar por las víctimas de los ataques no tienen problema en encontrarse también para planear guerras estratégicas que se presentan como "humanitarias", cuando en realidad tienen marcados intereses económicos. La Francia herida con la que mecánicamente muchos se han solidarizado e incluso identificado, dice Caballero, "participa en la guerra contra el Estado Islámico y no ha dejado de intervenir en el África negra musulmana con el único resultado de que se fortalece el fundamentalismo islámico". Tanto Chomsky como Caballero resaltan la profunda hipocresía imperante.

En este punto debo decir, para aumentar la tristeza, que conozco casos de inmigrantes latinoamericanos radicados en Europa que están totalmente de acuerdo con la actitud de rechazo a los grupos minoritarios étnicos que allí también viven. ¿Sabrán estos paisanos de la Patria Grande que los grupos de ultraderecha -fortalecidos por los ataques de Charlie Hebdo- irán también por sus cabezas en algún momento, si no los están haciendo ya? ¿Se habrán olvidado de que ellos son también extranjeros?

Ayer el capitán Dreyfus fue acusado de un crimen que no cometió. Hoy, como ocurrió después del 11 de septiembre de 2001, es un pueblo el acusado injustamente por actos violentos: el pueblo musulmán todo, sin distinción de nacionalidades. Dreyfus padeció la hipocresía y la injusticia; hoy, estos anti-valores se institucionalizan. 

No basta con que algunos líderes mundiales manifiesten con palabras que no hay que responsabilizar a toda una fe por las acciones de unos pocos, y más aún si con los hechos contradicen dichas palabras. Es el deber de todos no quedarnos con lo que vemos en los impresos, con lo que escuchamos en la radio o con lo que encontramos en la televisión o en Internet. Tenemos que ir más allá de lo que nos presentan y ver las cosas como son. El conocimiento adecuado de la Historia es fundamental para este fin. Para nosotros, los que decimos seguir el mensaje de Jesús, este es un compromiso inherente a nuestra fe que llega a ser más importante que creer ciegamente en cualquier dogma instituido, institucional. Del saber, tenemos que pasar al actuar, al anunciar y al denunciar. Estoy convencido de que el Dios de la Vida que anunció el Nazareno espera esto de nosotros.

Todas las referencias tomadas para la elaboración de este texto corresponden a los hipervínculos destacados. Agrego la Historia ilustrada del siglo XX, volumen 1, Ediciones Orbis S. A., 1982, impreso en Colombia.

domingo, 23 de noviembre de 2014

"No soy el rey de nada ni de nadie": Jesús de Nazaret.

Siguiendo el ejemplo de mis amigos José Ignacio y María López Vigil, quiero traer a Jesús de Nazaret a nuestro tiempo para que hable acerca de una solemnidad que tiene mucho material para revisar y para pensar: la de Jesucristo, Rey del Universo. Le hice una entrevista que ahora comparto con ustedes.

Carlos Novoa: Gracias por concederme esta entrevista, Jesús.

Jesús de Nazaret: Con todo gusto, Carlos. Pregunta lo que quieras.

C.: Cuando el año va llegando a su fin, la iglesia católica romana celebra la llamada fiesta o solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo. Mi primera pregunta: ¿es usted el Rey del Universo?

J.: No. Yo no soy el Rey del Universo. No soy el rey de nada ni de nadie. El único rey es Dios.

C.: Pero usted es el Hijo de Dios, y si como dice, Dios es Rey, usted por lo menos es príncipe.

J.: ¿Cómo un campesino como yo, hijo, nieto de campesinos, podría ser rey o príncipe? En verdad, como dices, soy hijo de Dios. Lo soy como lo eres tú, como lo es todo ser humano.

C.: Sus iglesias, quienes conforman esas iglesias, creen que usted es Rey.

J.: En mi tiempo, en el momento de la historia que me tocó vivir, hubo muchos reyes y emperadores. Vivían en medio de grandes lujos, tenían multitudes bajo su mando y, por lo general, disponían de la vida y de los bienes de esas personas a su antojo. Eran crueles y soberbios; algunos incluso se creían dioses. 

Ante el clima de injusticia que esa situación causaba, yo dije, yo propuse muy claramente: nadie arriba, nadie abajo. Todos al mismo nivel, todos iguales, todos hermanos, hijos de un único Padre, que también es Madre. A mis amigas y a mis amigos, a los que conformaron el primer grupo para luchar por el Reino de Dios, yo les dije: ámense los unos a los otros; quien quiera ser el primero, que se ponga al servicio de todos.

C.: Pero según los Evangelios, cuando Poncio Pilato le preguntó si era rey, usted respondió afirmativamente.

J.: Según me han contado, ya que no sé leer los libros de ahora y apenas sabía leer la Ley de mi pueblo, en tres de esos libros que mencionas yo le respondí a Pilatos “tú lo has dicho”: eso que dices lo dices tú,  por tu cuenta o porque otros te lo han dicho de mí; no lo digo yo. Solamente en uno de ellos aparezco diciendo una a una las palabras: “tú lo has dicho: soy rey”.  A Mateo, a Marcos y a Lucas les faltó la mitad de mi declaración. Y al final de cuentas, ¿importa tanto lo que haya dicho o dejado de decir en ese momento en cuanto a esto? Se quedaron dando vueltas alrededor de esa frase, y se olvidaron del resto de mi mensaje, que es mucho más importante.

C.: ¿A qué se refiere?

J.: Mira mis actos y revisa mis palabras. Yo hablé de amor, de compartir, de la Buena Noticia de Dios que era dada a los pobres, a los pobres-pobres, y que era ignorada o atacada por los poderosos, por los que se creían más que los demás. Yo hablé de justicia. Yo pasé haciendo el bien e invité a quien me escuchara a hacerlo también. ¿No es contradictorio todo esto con el hecho de que me llamen rey, sobre todo cuando, insisto, siempre hablé de Dios como el único rey? Y ten en cuenta que Dios no es como los reyes de este mundo. Es totalmente diferente.

C.: ¿Qué pasó entonces, Jesús, para que se llegara a esta situación que usted llama contradictoria?

J.: Mi amigos, la gente que escuchó primero mi mensaje, me tenían muchísimo cariño. Y yo también los quería a ellos. Cuando me fui, para no perder el recuerdo de mis palabras y de mis actos, y sobre todo, para presentar al mundo mi propuesta, tuvieron que presentarme como alguien muy especial que tenía un mensaje muy importante. Tomaron elementos de mi vida y los engrandecieron; incluso, hasta exageraron. Para mí, lo más importante era Dios y anunciar su plan para el mundo. Pero luego, mi figura fue puesta en primer lugar. Me parece que el problema consistió, para empezar, en eso.  

C.: ¿”Para empezar”? ¿Qué quiere decir?

J.: Después de mí, vinieron las comunidades que yo propuse y que divulgaron mi mensaje a partir del ejemplo de poner todo en común. Pero con el paso de tiempo vino también algo que no estaba ni en mi proyecto ni en mi mensaje: una institución con poder y con influencias en la que ya no había esa igualdad, esa hermandad que nos identificaba, sino todo lo contrario. Las comunidades fueron perseguidas, tal y como yo dije que le pasaría a quien optara por la Justicia de Dios. Aquella institución, respaldada por los poderosos de turno, se volvió perseguidora. Y decía que todo lo hacía en mi nombre. Hubo reyes que la patrocinaron y que buscaban su aprobación para justificar su poder y sus abusos. Hubo en esa institución muchos que, llamándose pastores, se creyeron reyes y se hacían tratar como tales. Me invocaban, me llamaban el líder de esas cosas tan terribles, cuando en realidad nada tengo que ver con eso. Traicionaron mi mensaje, lo secuestraron, lo manipularon para cometer abusos e incluso crímenes. Hoy veo que esa situación no ha cambiado mucho desde entonces.

"Esta imagen me escandaliza": Jesús de Nazaret.
C.: En una imagen suya muy presentada durante la solemnidad de la que hablamos, usted aparece con un manto púrpura con bordes dorados sobre los hombros, con un cetro en la mano izquierda y con una corona sobre la cabeza. En algunas versiones, no sólo con una; incluso con dos o tres.

J.: He visto esa imagen y te digo que me entristece, que me escandaliza. Esa persona que allí aparece no soy yo; no tiene nada que ver conmigo ni con mi mensaje. Mírame: ¿cómo estoy vestido?

C.: Usted lleva un manto gastado y en los pies unas sandalias rotas.

J.: Yo denuncié a los reyes y a los emperadores de mi tiempo y por eso me mataron. Ahora me visten con traje de rey y de emperador. Así han justificado muchas cosas terribles. Yo te digo que, si a quienes así me visten hoy les dijera en su cara todas las cosas que dije en mi tiempo, me volverían a crucificar. O me quemarían en la hoguera, o me sentarían en la silla eléctrica.

C.: Sin embargo, se dice que proclamarlo a usted rey del universo  es “relativizar todos los poderes de este mundo, pues no son fines en sí mismos, sino que deben orientarse hacia el auténtico del Reino, el de Dios, que es Reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz”[1].

J.: Si así fuera, entonces ¿por qué veo que entre ustedes todavía hay quienes se ponen por encima de los demás? Hay algo ahora que ustedes llaman democracia, algo así como el gobierno del pueblo. Pero he visto que esos que eligen para que gobiernen en nombre de la gente en realidad se aprovechan de ustedes y manejan las leyes a su antojo. Esto es tan grave o más que las cosas que conocí en mi tiempo. Y luego esos gobernantes se llenan la boca diciendo que actúan por la paz y la justicia. Por eso no sirve de nada que me llamen rey. Además de falso, es palabrería que no cambia nada. Ahora, yo te pregunto a ti de dónde salió eso de que soy el rey del universo.

C.: Según tengo entendido, La Solemnidad de Jesucristo, Rey del Universo, fue promulgada en 1925 por el papa Pío XI a partir de lo determinado por el Concilio Ecuménico de Nicea, en el cual se definió el dogma de la consubstancialidad del Hijo Unigénito con el Padre, aparte de las palabras del Credo “y su reino no tendrá fin”[2].

J.: ¿Cuándo fue ese concilio del que me hablas?

C.: Más o menos trescientos años después de usted, Jesús. Y fue convocado por el emperador romano Constantino.

J.: Ya me han hablado de ese emperador. Un personaje que se aprovechó de mi mensaje para afianzar su poder y para salvar su imperio, que ya estaba cayéndose. ¿Cómo no me va a entristecer y molestar que me llamen rey? Y además, tengo entendido que durante aquellos tiempos, mis seguidores, o mejor dicho, los poderosos que decían ser de los míos, perdieron el tiempo definiendo, incluso por la fuerza, quién era yo. ¡Pero cuánto dejaron de practicar mi mensaje; cuánto dejaron de enseñar a los más pequeños, a la gente humilde, a practicarlo en espíritu y en verdad, y en vez de eso los llenaron de miedos y de cargas pesadas, así como hacían los fariseos de mi tiempo, y peor aún!

C.: Finalmente, ¿qué le dice usted a la gente acerca de esta solemnidad de Jesucristo Rey del Universo?

J.: Aquellas personas que entiendan mi mensaje, que dediquen sus vidas a servir a los demás y a luchar por un mundo justo y digno para todas y para todos, jamás me llamaran rey. Le digo a quien me quiera escuchar: no me llamen rey, pues no lo soy. No vine a ser servido ni a ser reverenciado. Vine a servir, a anunciar vida en abundancia y, especialmente, que en el Reino de Dios ya no habrá coronas, cetros ni mantos de lujo. Todo eso se volverá entonces polvo que se lleva el viento.

miércoles, 13 de agosto de 2014

Una rapidita: Acerca de "Trolleando a los Testigos de Jehová"

Un nuevo contacto mío en la red social compartió este video: 


A primera vista, peyorativo. Pero vale la pena revisarlo cuidadosamente y reflexionar con sensatez y respeto. 

Yo le respondí a mi contacto lo siguiente:

Interesante experimento. Varios detalles: la niña responde a las palabras del hombre con una sorpresa ingenua. El problema con la institución (o institucionalidad) religiosa es que no da cuenta a sus fieles de los matices de la realidad ni propone una educación al respecto. Ahora, cuando el hombre declara "su fe" frontalmente, la actitud de los "evangelizadores" es huir. Escapar. Dejar al pecador en su inmundicia, no sea que me contamine. Dos extremos: venir con "la respuesta" y abandonar cuando no se la reciben, negarse a un contacto realmente humano que sería más efectivo (y no necesariamente en términos de religión, sino de elemental convivencia). Todos los que decimos ser creyentes hemos pasado por ese "infantilismo espiritual" y cuando sabemos que existe, debemos hablar de él y corregir sus posiciones, sin imposiciones. A propósito, una canción (Llaman a la puerta, de Tierra Sur) y un audio radiofónico (la ballena de Jonás) acerca de los Testigos de un juicio que nunca llega, como dice López Vigil.

¿Usted qué opina? Acá los vínculos del comentario:

Llaman a la puerta (Tierra Sur):




La ballena de Jonás (Radialistas):

http://radioteca.net/audio/la-ballena-de-jonas/