miércoles, 3 de agosto de 2016

Hacer lío no es "ni tan fácil, ni tan cómodo".

     Es muy difícil permanecer indiferente ante las palabras o las acciones del argentino padre Bergoglio, el papa Francisco. Seguramente, en esto estarán de acuerdo tanto quienes le apoyan y le aprecian, como quienes le critican y rechazan. 

     Esté uno de acuerdo o no con ellas, muchas cosas acerca de varios temas ha dicho el pastor del catolicismo según el rito romano en poco más de tres años . Pero desde hace unos meses hay una expresión suya que me ronda la cabeza, el corazón y el alma, dejándome inquieto: "hagan lío", "hacer lío". Dos palabras que se han convertido en una especie de leitmotiv para católicas y católicos en todo el mundo. El motivo de mi inquietud, sustentado por lo que veo y escucho diariamente, es que pareciera que no se ha hecho suficiente reflexión acerca de las implicaciones de esta frase, lo cual genera especialmente un uso no pocas veces superficial de la misma que le quita el sentido señalado por Bergoglio cuando la propuso en julio de 2013, durante la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Río de Janeiro:


     Habría que volver entonces a leer, a ver y a escuchar el discurso de Francisco en el que aparece por primera vez la expresión. Dicho discurso es una invitación a la juventud que puede resumirse en uno de sus apartes: "Hagan lío, cuiden los extremos del pueblo que son los ancianos y los jóvenes, no se dejen excluir y que no excluyan a los ancianos, segundo, y no licuen la fe en Jesucristo". Estos tres elementos se refieren a la denuncia hecha por el papa de una sociedad que niega oportunidades a la juventud, que deja a las personas mayores en el olvido y al llamado de tomar en serio el mensaje de Jesús de Nazaret, a no "facilitarlo" o "suavizarlo", a darle su verdadero significado. En este punto, el pontífice recomendó a sus oyentes, como criterios de acción, dos pasajes del Evangelio: las Bienaventuranzas y el capítulo 25 de Mateo, del cual -supongo- el pontífice quiso resaltar su parte final, el llamado "Juicio de las Naciones", planteado como lo que tendrá en cuenta Dios para examinar las vidas de las personas.

     Como puede apreciarse, el "hagan lío" surge para un público identificado con la juventud en un contexto explícito, como una manera concreta de aplicar valores del Evangelio ante realidades específicas. No obstante, he escuchado o leído la expresión de labios o en textos de predicadores, músicos, grupos de oración y comunidades en un tono más bien distante de la propuesta hecha por el padre Bergoglio.  

     De manera especial, la frase ha sido empleada con frecuencia como parte de campañas de difusión de eventos católicos: retiros, encuentros juveniles, festivales, etc. Esto es comprensible ya que, como eslogan, la expresión es muy interesante, llamativa y provocadora. Ahora bien, ¿qué tanto de la propuesta papal resumida o identificada con la expresión se encuentra presente en los eventos mencionados? Es difícil saberlo, sobre todo si se tiene en cuenta que existe la tendencia a considerar la presencia de la juventud en la iglesia como una suerte de militancia, de activismo en favor de la institucionalidad eclesial más que como una opción de servicio mediada por la libertad y por la responsabilidad.

     Por estas razones, pareciera que para ciertos sectores de la iglesia "hacer lío" es "hacer ruido" a favor de lo institucional, de la institución: ¡Aquí estamos, mírennos, óigannos! Y esto, en un tono más o menos imperativo, difícilmente propositivo. Y sobre todo: vengan. Vengan al lugar donde está la verdad, vengan con nosotros que sabemos qué y cómo hacer, vengan que nosotros les diremos cómo comportarse. Esto me hace recordar una reflexión del amigo y músico argentino Carlos Seoane en su disco "La marca del sol": "Es notable que, aunque Jesús fue muy claro cuando dijo 'vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva', nosotros lo hemos traducido por 'vengan a la iglesia'. Jesús dijo: 'vayan', nosotros le decimos 'vengan'. ¿Será lo único que entendimos al revés?". 

El "lío", así las cosas, se hace institucional, porque la institución está esperando que acudan a ella. La comunidad, por el contrario, se pone en camino, sale a las calles, sale a los campos y veredas -lo cual también es la invitación de Francisco- para ponerse al servicio de quienes la necesiten. Y no necesariamente haciendo ruido o hablando con voz alta, sino -sobre todo- con las acciones, con el ejemplo silencioso pero efectivo. El profeta Elías, en el Sinaí, solamente encontró a Dios y lo conoció, para mostrarlo al pueblo, en la brisa suave y no en el fuego abrazador ni en el terremoto destructor.

Así han entendido el "hacer lío" en algunos sectores de la iglesia católica según el rito romano. Imagen tomada del Youcat, Catecismo para jóvenes.
     Por otra parte, me temo que el "hacer lío" de Francisco también se ha entendido como un aval papal -una especia de cheque en blanco- para que los católicos justifiquemos institucionalmente nuestra presencia en el mundo en detrimento de maneras diferentes de ver, pensar y sentir el mundo. Y al tiempo que justifica, lo que se cree que es "hacer lío" parece ser una venda que no nos permite ver ni comprender esas otras realidades que estamos llamados a conocer y a valorar. Y, además, el "lío" entendido en los términos expuestos también resulta muy cómodo, exento de dificultades, aséptico: Mario Castellar, amigo sacerdote, alguna vez se preguntaba por qué las comunidades religiosas, laicales o clericales, prefieren realizar las convivencias, los retiros y otras actividades similares en modernas y acogedoras residencias y fincas en plan de aislamiento, en vez de proponerse hacerlas en barriadas, comunas y otros espacios populares para pensar y actuar directamente con la gente conversando, interactuando con ella.

     El papa Francisco ha sido muy claro en su propuesta del "hacer lío" en lo que se refiere al compromiso con la juventud, con las adultas y los adultos mayores. Pero, como puede verse, no es tan fácil entender lo relacionado con tomar en serio el compromiso con el mensaje de Jesús de Nazaret. A manera de propuesta, presento a continuación para terminar un par de elementos que podrían servir para pensar, para discutir y para aplicar esa idea:

Hacer lío es atreverse a tener una mentalidad crítica que no necesariamente es del gusto de quienes son pares nuestros.

     En una entrada anterior transcribí el discurso del rabino Michael Lerner pronunciado en las honras fúnebres del boxeador Muhammad Ali. En este mensaje, el rabino invitaba a actuar como lo hizo el campeón cuando su decisión de negarse a luchar en la Guerra de Vietnam afectó su carrera deportiva. Y a manera de ejemplo concreto, el líder judío pasó de las palabras a los hechos: denunció la represión ejercida por el estado de Israel contra los palestinos y clamó para que este pueblo pueda tener un estado propio. Esta propuesta tuvo que resultar chocante para correligionarios del rabino, especialmente para aquellos que comulgan con el sionismo. 

     De esta forma, el rabino se metió en un problema de manera consciente, pues al hacer un claro llamado de justicia chocó con quienes no lo consideran conveniente. Así nos da el rabino Michael Lerner un ejemplo de lo que es "hacer lío" entendido en los términos planteados por el papa Francisco.

Hacer lío es atreverse a tomar decisiones en favor de otros que pueden sacarnos de la zona de confort en que vivimos.

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     El maestro Mario Kaplún, en uno de sus guiones, nos cuenta la historia de un hombre muy satisfecho con su vida y con su trabajo que desea seguir la fe cristiana porque le han dicho que trae mucha paz, mucha tranquilidad. Pero luego se enfrenta a un complicado dilema: como encargado del personal de la empresa donde trabaja, contrata a una muchacha. La chica demuestra ser una excelente empleada, la mejor de todas, pero el hombre descubre que ella tiene un secreto familiar que, aunque no es su responsabilidad y es ajeno a ella, obliga a despedirla según los lineamientos de la empresa para que el prestigio de la entidad no se vea manchado. ¿Qué hacer, a la luz de esa fe cristiana que añora nuestro hombre? ¿Informar a sus superiores de la situación para que la muchacha pierda un empleo que le ha costado mucho conseguir y él conserve el suyo? ¿O callar, a riesgo de que sus superiores se enteren y así no solamente echen a la chica, sino también al hombre por no informar? Esta última opción implica, además, señalar como motivo del silencio la defensa de los intereses de la muchacha ante una situación injusta. Escuche aquí el desarrollo y el desenlace de esta historia. 

No sobra decir que, en la vida real, las personas -sobre todo si son, o dicen ser, creyentes- se enfrentan constantemente a este tipo de situaciones y a muchos otras similares. Por eso, "hacer lío" a la manera cristiana no es "ni tan fácil, ni tan cómodo", como bien dijo el maestro Kaplún.

viernes, 15 de julio de 2016

¿Ver o no ver la nueva película de Tarzán?

El deportista y actor Johnny Weissmüller intepretando a Tarzán en una película
Ciertas personas han declarado en redes virtuales que se suman al rechazo a la nueva película de Tarzán que se presenta a nivel mundial por estos días. Dicen que no irán a verla.  Dicho rechazo se debe especialmente a que el villano del filme es presentado como "un católico asesino y psicópata que siempre porta un rosario en la mano", el cual incluso usa como arma.

¿Ver o no ver la película? Ofrezco algunas ideas:

1. Entiendo que el asunto del villano proviene de las imágenes mostradas en el adelanto, o trailer, de la película. Las personas amantes del cine saben que, por un lado, un adelanto es eso, un adelanto, y no la película como tal. Por lo tanto, por regla general no se puede hacer un juicio acerca de una cinta tan sólo por su trailer, como no se puede juzgar un  libro por su cubierta. Ha sucedido en varias ocasiones que un adelanto resulta ser tan espectacular, interesante o diciente como decepcionante, aburrida y vacía la cinta completa, y viceversa.

Un trailer no muestra de manera total dos detalles fundamentales para una película: el desarrollo de la trama y el de la personalidad de los personajes. Por ejemplo: ¿cómo podríamos entender, o al menos intentar comprender, la última palabra de Charles Foster Kane, el poderoso magnate de los medios, si en la película de Orson Welles no nos hubieran mostrado sus circunstancias personales -su infancia, su juventud, etc.- y la manera como construyó su imperio?

Así las cosas, muy bien: el villano de la nueva película de Tarzán es un católico asesino. ¿Por qué? ¿Cómo presentan el director y el guionista a este personaje como parte de un todo llamado película? ¿Con qué fines, según presenta ese mismo todo? ¿De verdad es un ataque al catolicismo? Para responder a estas preguntas con argumentos concretos, no hay más remedio que verla de principio a fin.

2. Un rechazo previo a la película en las condiciones señaladas parece ser también un síntoma de quienes entienden -o hemos entendido en algún momento- el ejercicio de la fe como un asunto institucional. Entre las señales de esta actitud está el pensar que una crítica es, de por sí, un ataque. Se trata de un constante estar a la defensiva, actitud que, además, no permite desarrollar elementos fundamentales de la experiencia evangélica como la libertad y la responsabilidad personales. ¿Cómo saber qué sentido tiene algo, si no lo examinamos tal cual es para hacer juicios adecuados? Es un poco como cuando éramos niños y mamá nos decía: "Ni siquiera has probado la sopa de tomate. ¿Cómo sabes que no te gusta?".

Además, se trata de un problema educativo. No nos forman para vivir la fe, sino para protegerla; no nos educan para compartirla -eso que llaman "dar testimonio"- sino para imponerla o, en términos más suaves, para propagarla haciendo la aclaración de que tenemos la verdad en nuestras manos, por lo que cualquier otro tiene que necesariamente aceptar nuestro punto de vista. Se ha dicho que "quienes tienen una fe formada pueden ver la película, pero quienes no la tienen, deben abstenerse de ir al cine". Y entonces, ¿cuándo la fe tierna se robustecerá? ¿Qué es, al final de cuentas, una fe educada, adulta? ¿Por qué no podemos sacar de las críticas, si las hay, un aprendizaje que nos ayude a ser mejores, más coherentes con lo que decimos creer? ¿Es prioridad para la institucionalidad realmente que las y los creyentes tengan un criterio propio, libre y responsable frente a las realidades del mundo?

3. Finalmente, me temo que en el caso propuesto aquí está pasando como cuando la esposa de un gobernador en Estados Unidos se negó a ver "La Vida de Brian", del grupo Monty Python, porque "una amiga le contó que era un filme horrible, blasfemo". La señora renunció a su libertad y para justificarse, para evitar juzgar una película por sí misma, acudió a lo que otra persona le dijo de ella. Sospecho que no poca gente dejará de ver la nueva película de Tarzán siguiendo una actitud similar a la de la señora esposa del gobernador, quien se perdió una película divertidísima que no era blasfema, sino herética y crítica de los formalismos religiosos.

¿Ver o no ver la nueva película de Tarzán? En libertad, en coherencia y en responsabilidad, cada quién que tome su decisión.

PD: De por sí, Tarzán puede ser tanto el canto al "buen salvaje" como la historia paradigmática de la supremacía del blanco europeo en tierras "agrestes y atrasadas". En alguna parte leí: ¿por qué Tarzán puede comunicarse con los animales, pero los nativos no pueden hacerlo? 

No hay que olvidar tampoco cómo se propagó el cristianismo en América, en África y en Asia: "tres guerreros abrieron tus ojos / a una espada, a una cruz y a un pendón", como dice -¡horrible!- una estrofa del himno de la ciudad de Bogotá.

sábado, 11 de junio de 2016

Lo que dijo el rabino Lerner en el funeral de Muhammad Alí. Un mensaje explosivo de solidaridad y justicia.


Muhammad Ali y el rabino Michael Lerner

Las honras fúnebres al boxeador Muhammad Alí que se llevaron a cabo recientemente en Louisville, Kentuky, lugar donde nació el campeón, no solamente expresaron la tristeza generalizada ante su partida, debida a lo que representó el deportista para la cultura mundial. También sirvió como escenario de encuentro entre representantes de diversas religiones.

Entre las palabras ofrecidas a los asistentes por estos líderes, se destaca el discurso del rabino judío Michael Lerner, en el cual manifestó una serie de ideas tremendamente fuertes, dirigidas a los gobiernos de Estados Unidos, Israel y Turquía, como una forma de mantener el legado de valentía que demostró Alí en un momento crucial de su existencia.

Michael Lerner es el rabino de la Sinagoga Beyt Tikkun en Berkeley, California. También es activista político y editor de la revista Tikkun, una publicación judía progresiva interreligiosa.

Comparto con ustedes las palabras del rabino Michael Lerner en el funeral, traducidas libre pero respetuosamente: 

"Maestro de la compasión, Dios de la compasión, envía tus bendiciones a Muhammad Alí, a todos los que lloran por él y a las millones y millones de personas que lloran a lo largo y ancho del planeta. Amén.

Vine aquí para hablar como representante de los judíos en Estados Unidos, para decir que los judíos de nuestro país han asumido un papel importante de solidaridad en la lucha de los afrodescendientes en la nación y que hoy reiteramos esa solidaridad con la comunidad islámica en este país y en todo el mundo.

No toleraremos que los políticos o que cualquier otra persona menosprecie a los musulmanes o los culpe por las acciones de unos cuantos.

Nosotros, los judíos, sabemos lo que es ser despreciados. Sabemos lo que se siente cuando unas pocas personas actúan en contra de las visiones más altas de nuestra tradición. Así, estas visiones como valores de la tradición entera son razones por las que desde la revista Tikkun, una revista de judíos liberales progresistas, pero también una publicación para el encuentro entre religiones, hemos pedido al gobierno de los Estados Unidos que se manifieste ante su similar de Israel, el cual ha reprimido a los palestinos. Que el gobierno sepa que nosotros como judíos entendemos que nuestro compromiso es reconocer que Dios ha creado a todos a su imagen y semejanza y que todos somos igualmente preciosos. Esto es así para el pueblo palestino y para los demás pueblos del mundo.

Sé que la gente de Louisville tiene una relación especial con Muhammad Ali y yo tuve una relación personal con él al final de la década de 1960 cuando ambos fuimos condenados por el gobierno federal y anteriormente, por nuestras diversas manifestaciones contra la guerra en Vietnam. Quiero decir que, aunque él fue aclamado como campeón mundial de los pesos pesados, la verdad es que, con todo respeto por él, los campeonatos de pesos pesados vienen y van, así como los héroes del deporte. Pero algo acerca de Muhammad Alí que hizo la diferencia en el momento preciso fue cuando usó ese reconocimiento para manifestarse en contra de una guerra inmoral y decir "no, yo no iré a ella". Y es por esa razón que decenas de millones de estadounidenses que no están particularmente interesados en el boxeo conocen a Muhammad Ali, ya que él fue una persona dispuesta a arriesgar el inmenso honor y la fama que obtuvo para sostenerse en sus creencias, para decir la verdad al poder cuando la gente a su alrededor le decía "no, no, vas a perder tu campeonato", el cual le fue arrebatado por cinco años. Pero él se sostuvo, dispuesto a tomar ese riesgo por causa de esa clase de integridad moral.

Por eso digo, ¿cómo honrar a Muhammad Ali? La respuesta es ser Muhammad Ali hoy. Eso va para nosotros, todos aquí (en el lugar del funeral) y para cualquiera que escuche. Depende de nosotros mantener esa habilidad para decirle la verdad al poder.

Debemos expresarnos para rehusar seguir el camino de la resignación ante las reglas del juego de la vida. Digan al 1% de la población que posee el 80% de la riqueza que es tiempo de compartirla. Digan a los políticos que emplean la violencia alrededor del mundo y que luego predican el pacifismo a los oprimidos que es el momento de que terminen con sus guerras de drones (aviones no tripulados) y con cualquier otra forma de guerra. Que es tiempo de cerrar nuestras bases militares en todo el mundo para que nuestras tropas vuelvan a casa. Digan a esos que inventaron el encarcelamiento masivo que hay que crear un ingreso garantizado para todos en nuestra sociedad. Digan a los jueces que dejen en libertad a tantos afro-americanos arrastrados por la policía racista, apresados por jueces racistas, muchos de ellos en prisión actualmente por delitos como poseer marihuana, mientras que personas blancas evaden la justicia todo el tiempo.

Digan a nuestros funcionarios elegidos que encarcelen a quienes autorizan la tortura y a aquellos que administran los grandes bancos y las compañías de inversión, quienes causaron el colapso económico de 2008.

Digan a los líderes de Turquía que dejen de asesinar a los kurdos. Digan al primer ministro israelí (Benjamín) Netanyahu que la manera de conseguir seguridad para Israel es detener la ocupación de la Rivera Occidental de Cisjordania y ayudar a crear el estado de Palestina.

Digan a la próxima presidenta de los Estados Unidos que ella debería solicitar una enmienda constitucional para que el financiamiento de las  elecciones nacionales o estatales por el Congreso, por las legislaturas estatales y por otras fuentes de dinero sea prohibido, incluyendo dinero de corporaciones o de individuos o de otras fuentes, y que esos fondos se conviertan en dineros públicos. 

Díganle a ella que la manera de lograr la seguridad nacional no es probar de nuestra parte nuevas formas de dominación. La estrategia de la dominación del mundo para conseguir la seguridad ha sido intentada durante los últimos 10.000 años y no ha funcionado. La manera de conseguir seguridad para los Estados Unidos es convertirse en el más generoso y solidario país en el mundo, no el más poderoso.

Y podemos comenzar con un "Plan Marshall" a nivel doméstico y global para acabar de una vez por todas con la pobreza mundial y nacional, con el problema de quienes no tienen hogar a dónde ir, con el hambre, con la educación deficiente, con la atención de salud deficiente.

Así, quisiera pedir desde la red de Progresistas Espirituales (spiritualprogressives.org) que vengan y se unan a nosotros. Quiero afirmar nuestro compromiso con el bienestar de todos los musulmanes en este planeta, así como con el de quienes son creyentes o con el de los humanistas seculares.

Queremos rendir honores a los musulmanes del mundo para que continúen hoy el ayuno de Ramadán y nos unimos a ellos en el luto por la pérdida de Muhammad Alí y en la celebración de su vida, un gran luchador por la justicia y la paz. La paz esté con él, la paz esté con el profeta Muhammad -Mahoma- la paz esté con toda la humanidad, la paz esté con todos ustedes”.

Vean el video con el discurso del rabino Lerner:



sábado, 23 de abril de 2016

"¡Hijo de la puta!" - La locura de empezar a leer El Quijote

Durante mucho tiempo se ha dicho que el español Miguel de Cervantes Saavedra y el inglés William Shakespeare, dos escritores reconocidos como grandes figuras de la literatura mundial, murieron el mismo día, generando así una relación trascendental de hermandad que refuerza el significado y la importancia de sus obras. Pero si nos quedamos en lo anecdótico, nos llevaremos una gran desilusión: por un lado, parece que no hay consenso definitivo acerca del día de la partida de Cervantes. Por otro, Shakespeare tiene dos fechas de defunción diferentes: 23 de abril y 3 de mayo -dependiendo de qué calendario hablemos: del juliano o del gregoriano-. En fin: ambos murieron en 1616, y con eso basta.

Don Quijote, Sancho, el Rucio y Rocinante 
con el yelmo de Mambrino
Y como se cumplen 400 años de dos legados realmente muy estimables, es una buena oportunidad para abrir, por ejemplo, El Quijote y leerlo de principio a fin de una vez por todas.

Antes de enfrentarme al clásico "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme" con que inicia la obra, recordé algunas ideas del pasado: mi mamá calificando al Quijote como un "viejo estúpido" cuyas locuras horribles tuvo que leer obligada en el colegio, las versiones animadas de don Quijote y Sancho -unas mejores que otras, desde mi punto de vista- y la del comic en tres libros con dibujos y fotografías, las versiones en cine, algunas realizadas y otras que no llegaron a concluirse, etc. Todos estos elementos, que dan testimonio de la trascendencia y de la fama del hijo loco de Cervantes, pueden condicionar su lectura; por eso es muy importante tenerlos en cuenta.

Como usted, soy también un lector y no pretendo dar instrucciones acerca de cómo leer el Quijote. Pero sí compartiré algunas observaciones que he hecho, a ver si pueden servir a otras personas que se sumen a la locura de leer "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha", que es el verdadero título del libro.

En uno de mis textos del colegio dice lo siguiente acerca de La Divina Comedia: 

Indudablemente que solo [sic] los compatriotas de Dante (Alighieri, el autor) que vivieron en su época pudieron gozar en toda plenitud la hermosura del magnífico poema. Los extranjeros que nos vemos obligados a leerle traducido, en prosa y teniendo que distraer constantemente la atención en la consulta de centenares de notas aclaratorias, no podemos percibir más que una sombra de las bellezas de la obra inmortal. 
Algo parecido pasa con El Quijote. Por lo tanto, sería muy útil leerle en una edición que no tenga las anotaciones aclaratorias al final del ejemplar, sino a pie de página. Para evitar aburrirse, y lo digo con toda seriedad, es preferible un texto acompañado de imágenes. Y no está de más hacer una investigación previa de elementos que faciliten la lectura: la biografía de Cervantes, el contexto de su vida y de su obra y comentarios de personas que se han especializado en la obra cervantina. Incluso en Internet se pueden encontrar interesantes documentales que ayudan a dar sentido a lo que puede parecer una pesada carga. Yo creo que, precisamente, la falta de estos elementos justifican hasta cierto punto la opinión de mi mamá.

La Maritornes y el Quijote
En el momento de escribir esta entrada, debo decir que me encuentro en el capítulo 48 de la primera parte del libro. Y tengo que ser honesto: no he leído el contenido completo de todos los capítulos. El hilo conductor de toda la obra es la locura de don Quijote, acompañado por su escudero Sancho Panza, quien se enfrenta a un mundo que está lleno de cosas por arreglar y por mejorar desde su punto de vista. Es una mirada romántica y maravillosa surgida de los libros de caballerías, que son considerados por Cervantes como algo parecido a los reality shows o las telenovelas de hoy: entretenimiento en el mejor de los casos, cosas para bobos en el peor. Esa locura se enfrenta a otras personas, que no ven lo que el hidalgo ve, y por lo tanto no le toman en serio -en algunos casos, aparentemente-. 

Ahora bien, resulta que a medida que Cervantes cuenta las aventuras del Quijote, que prácticamente siempre terminan en desastre, el autor introduce un personaje secundario que cuenta su historia o se presenta en otra historia ajena, y a su vez, secundaria. Y luego aparece otro que hace lo mismo. Y otro, y otro más. Así van apareciendo voces diversas que, lejos de enredar la narración, la complementan. El problema es que estos elementos aparecen de diversas formas: un poema o un personaje que lee una novela pequeña dentro de la misma obra -"El curioso impertinente"-, por ejemplo. Mencioné antes la importancia de una edición con dibujos: su ausencia hace de estos elementos un suplicio total. Es comprensible que haya quien no tenga paciencia para este itinerario. Pero quizás ahí también esté el valor del texto: hay muchas cosas para gustos diversos. Y quien no quiera asumir determinado elemento, pues que se salte ese pedazo sin mayores problemas. Personalmente, evito las partes en verso y me quedo con la prosa. Creo que las partes poéticas merecen su propio espacio y ahora me interesan más las acciones y los diálogos entre Don Quijote y Sancho.

Rocinante, el cura, el barbero y Sancho
Hablando de esta pareja, enfrentarse al libro de manera directa hace que se desmitifiquen ambos personajes. Nos han contado sus historias idealizándolos, casi que volviéndolos unidimensionales: el caballero noble y totalmente bienintencionado que quiere hacer de este mundo un lugar mejor, secundado por un campesino bonachón que trata por todos los medios de lograr que su señor se dé cuenta de la realidad, casi como si fuera su Pepito Grillo. Pues resulta que los personajes de Cervantes son mucho más complejos: Don Quijote es también un tipo que hace las cosas no solamente por filantropía abnegada, sino también porque su nombre sea recordado, lo cual es síntoma de un ego considerable. Este hombre tiende a creer que todo el mundo gira alrededor de él y que siempre tiene la razón. Cuando fracasa y se le dice que así ha sido por no fijarse en la realidad de las cosas, siempre tiene una excusa basada en la imaginación o en lo que ha leído: un mago me cambió los gigantes por molinos de viento, por ejemplo. 

Por su parte, Sancho acompaña a su señor por motivos claramente materiales: una ínsula, honores y posiciones que como campesino jamás logrará. A pesar de que en las primeras aventuras trata de llamar la atención del caballero acerca de cómo son las cosas en verdad, poco a poco comienza a entrar en el juego quijotesco, cosa que sorprende a sus allegados. Sancho es cobarde y tiene memoria de largo plazo acerca de las cosas malas que le ocurren, piensa con su estómago, en ocasiones se enfrenta a su amo en diálogos que desesperan a éste, tiene un refrán o una historieta para todo... En fin: Sancho y don Quijote son seres humanos, como usted y como yo. Y son groseros: de vez en cuando se les sale un hijueputazo. Y son tan interesantes sus insultos como los del capitán Haddock. Esto sí que fue nuevo para mí, y muy llamativo, precisamente por ese aire inmaculado que les han dado:

 -Pues voto a tal -dijo don Quijote, ya puesto en cólera-, don hijo de la puta, don Ginesillo de Paropillo, o como os llaméis, que habéis de ir vos solo, rabo entre piernas, con toda la cadena a cuestas (capítulo 22, p. 181).

Don Quijote habla a los galeotes, entre ellos Ginés de Pasamonte

También llama la atención el hecho de que los allegados a don Quijote -amigos, sirvientes, familiares- pretenden sacarlo de su ilusión con medidas extremas que se justifican en el mundo fantástico del hidalgo: no hay más biblioteca en su casa con libros de caballería porque -dicen ellos- el mago Fritón, digo, Frestón, lo acabó con uno de sus encantamientos. Para hacerle volver a su pueblo se disfrazan de seres irreales y lo encierran en una jaula tirada por bueyes, lo cual refuerza el convencimiento del cautivo de que es víctima de hechizos. Parece muy contradictorio. Y por otra parte ese montón de personajes secundarios con nombre propio -Cardenio, Dorotea, etc.- que aparecen y que conocen a don Quijote, le ven actuar, le oyen hablar y sienten -en esto Cervantes es enfático, me parece- más admiración que pena o ganas de burlarse. Las cosas cambian radicalmente en la segunda parte del libro, pero eso es otra cosa.

Entre la manera de leer el documento, el atreverse a re-pensar la imagen idealizada que de él nos han vendido por años y esa locura que se apodera de todo el texto y no solamente de su protagonista, podemos esperar una experiencia con el Quijote que no tiene por qué ser grata para todo el mundo, pero que sí puede ser un interesante ejercicio que nos dará mucho en qué pensar. La locura de empezar a leer historias humanas todavía vigentes vale la pena, y todavía más si lo que se inicia se concluye. Nos leemos al final del clásico.

El texto sobre la Divina Comedia fue tomado del libro Español sin fronteras 11, de Editorial Voluntad, Bogotá, 1989.

Las imágenes presentadas en esta entrada son de autoría de Gerhart Kraaz y pertenecen a la versión del Quijote editada por Círculo de Lectores S. A., 1965, que es la versión que estoy leyendo y he citado en esta entrada.


martes, 12 de abril de 2016

"El periodismo es un deporte exclusivo para machos y para adultos"

Hilde Lysiak vive en un pueblo de Pensilvania, Estados Unidos, llamado Selinsgrove. Allí tiene a cargo un periódico en Internet llamado Orange Street News, en el que publica información de interés local. 

El pasado dos de abril, Hilde publicó la siguiente información en su periódico:

"La Policía está investigando un posible asesinato en la calle novena de Selinsgrove. 

Un hombre está bajo sospecha de asesinar a su esposa con un martillo en la calle novena de Selinsgrove, aseguraron fuentes a The Orange Street News.

Fuentes oficiales aún no confirman esta información.

'Esta es una investigación en proceso', señaló un oficial a The Orange Street News".

La nota periodística señala detalles de la víctima y de su presunto asesino, así como declaraciones de vecinos, consternados por el triste hecho. Lysiak evitó dar los nombres de las personas involucradas en él "con el fin de asegurar que los amigos y familiares (de dichas personas) sean informadas primero de los sucesos".

Tras la publicación de la nota, Hilde recibió comentarios positivos pero también, y especialmente, negativos. Estos surgieron, más que por su trabajo periodístico, por su edad: Hilde Lysiak es una niña de 9 años. 

De acuerdo con información suministrada por BBC Mundo, "varios adultos reaccionaron con indignación en las redes sociales, acusando al padre (de Hilde) -un experiodista- de irresponsabilidad por dejar a su hija cubrir noticias escabrosas y aconsejando a la menor que 'jugara con muñecas'". Un comentario especialmente doloroso para la niña fue: "Me parece repugnante que una niña tan adorable crea que es una periodista de verdad. ¿Qué pasó con las fiestas para tomar el té?". 

A estos comentarios, Hilde respondió: "Si quieren que deje de cubrir las noticias, entonces aléjense de sus computadoras y hagan algo sobre las noticias. Ahí lo tienen, ¿les parezco suficientemente adorable así?".

El periodismo, ¿con horario y fecha en el calendario?

"Infancia", por Alina Díaz. Flickr, Creative Commons.

Me ha llamado mucho la atención el caso de Hilde porque refleja ciertos elementos dignos de consideración, relacionados con el ejercicio del periodismo y con asuntos de género y de edad en los tiempos actuales.

El padre de Hilde explica que solía llevar a su hija con él a trabajar, lo que seguramente hizo que ella se familiarizara con la movida de fuentes, registros, escritura y demás elementos del quehacer periodístico. El ejemplo de papá y, por qué no, una chispa interna que nació con Hilde la llevaron a decidir crear el Orange Street News, con un ingrediente adicional clave: los avances tecnológicos de la actualidad que la niña maneja al dedillo. Al fin y al cabo, ella es una nativa digital. 

Asomarse al periódico de Hilde es un interesante ejercicio. Este informativo es una publicación con noticias locales de alcance global -precisamente, gracias a Internet- surgidas de la comunidad de Selinsgrove, un pueblito que podría hermanarse con cualquier otro en el mundo en su condición de anónimo para la gran prensa -hasta ahora, y probablemente retorne a esa condición cuando pase "la fiebre", el interés por el caso que ha originado tantas críticas a los Lysiak-. Son vivencias de sus vecinas y de sus vecinos que, si bien no tienen ni una pizca de espectacularidad, son en sí mismas muy valiosas porque son hechos de gente común y corriente que también son interesantes e importantes. Por otra parte, lo que pasa en el mundo también les afecta y eso también ha sido contado en el periódico, es decir, la relación entre lo local y lo global se narra allí de manera muy humana. Y como no es de extrañar, la comunidad tiene cosas muy buenas, pero también problemas. Todo eso lo cuenta Hilde con la ayuda de su familia y con el respaldo de quienes han conocido su trabajo.

Desde luego, no todo es perfecto en el trabajo de Hilde Lysiak, y asumo mi condición subjetiva aquí. Me parece que son un poco chocantes algunos titulares del periódico sobre temas delicados en los que se emplean signos de admiración que me recuerdan el legendario estilo del diario colombiano El Espacio -¡Las drogas golpean la escuela media de Selinsgrove!. En el caso del presunto asesinato que tanto picó, aunque la niña quiso proteger la identidad de los involucrados, el publicar imágenes del lugar de los hechos es, de alguna u otra forma, una pista para saber de quiénes se trata. Y, quiéralo o no, la chiquilla sigue el modelo periodístico audiovisual que gusta en los Estados Unidos y que tanto imitan los noticieros de otros países: el estilo breaking news rimbombante, espectacular, cercano al alarmismo.

El camino de aprendizajes de Hilde en el mundo de las noticias está comenzando y, si continúa en él, no terminará jamás. Pero por lo leído y visto, y especialmente con el caso del presunto asesinato, la ruta de la niña en el campo del periodismo ha comenzado bien. Ahora le toca a su familia y a ella misma mantener y robustecer un sentido ético, responsable y humano en la labor. No faltarán los que piensen en su trabajo como en los malabares de un mono amaestrado del circo, fuente de apetitosos negocios. Habría que decirle entonces: ¡Hilde, si te llaman para proponerte ser "la pequeña maravilla de la información", cuelga el teléfono!

Hipocresía en doble dosis


"Infancia", por Ignacio Palomo Duarte. Flickr, Creative Commons.
Ahora bien: "Dedícate a jugar a las muñecas o al té de señoras", le dicen algunas personas a Hilde; "esos temas de asesinatos son exclusivos de adultos; no son para personas chiquitas como tú". Sería interesante pensar qué tipo de comentarios se hubieran dado frente al cubrimiento de la noticia en cuestión si en esta historia no estuviera involucrada como reportera Hilde Lyziak, de 9 años, sino, digamos, Bobby Lewis, quien cuenta con 8 abriles: "¡Un Mozart del periodismo! ¡Qué niño tan valiente! ¡Una promesa del mundo informativo! ¡Este pequeñín sabe en qué mundo vivimos e informa consecuentemente!". Los niños pueden ser audaces, pero las niñas no. Las niñas deben ser, como bien dice Hilde con una buena dosis de sarcasmo, "adorables". Y entiéndase por "adorable" ser pasiva, ensimismada, superficial. En pocas palabras, ser una nena boba.

Así las cosas, cierta gente cree que el ejercicio del derecho a la comunicación está vedado para Hilde Lysiak y para personas como ella por partida doble: porque es menor de edad y porque es niña. Doble injusticia. Y hay mucha hipocresía aquí también: los adultos solemos quejarnos de que la infancia y la adolescencia poco o nada se preocupan por la realidad. Pero cuando niñas, niños y jóvenes quieren tomarse en serio dicha realidad haciendo preguntas y buscando respuestas, pegamos el grito en el cielo y les rogamos que se queden en ese mundito hecho de colores pastel y de princesitas, o de robots que se transforman, o de fiestas repletas de reguetón y de sustancias que generan alucinaciones. 

¡Cuántos de nosotros quisiéramos tener el ímpetu y dinamismo de Hilde al abordar sus noticias! ¿No le ganó ella la mano a la prensa "profesional" de su pueblo llegando primera al lugar de los hechos y, por lo tanto, dando la primicia? -en Colombia decimos: "los chivió"-. ¿Cómo se las arregla para que la policía de su pueblo le dé información acerca de un suceso en vez de mandarla a jugar con muñecas? ¿Por qué la gente le cuenta historias y le abren la puerta de sus vidas? Sencillo: Hilde ya se ha hecho una identidad de periodista local. La respetan. Valoran su trabajo. La toman en serio. Cosa que no todos sus lectores hacen. 

Quienes decimos dedicarnos a comunicar -y la sociedad en general- deberíamos tomar nota del caso de Hilde Lysiak como un ejemplo muy concreto de lo lejos que están todavía la infancia y la adolescencia de hoy del derecho a la comunicación. Por lo tanto, nuestra labor y compromiso consisten, precisamente, en romper esos muros y ofrecerles orientaciones y acompañamiento para que ejerzan dicho derecho que implica, invariablemente, tanto una realización personal como un aporte social, dos elementos inseparables.

Lecciones del jardín infantil


"infancia", por Francisco Javier Argel. Flickr, Creative Commons.
Para concluir esta entrada, quisiera evocar un muy interesante ensayo llamado Los aritos de Dayenka, publicado en 2003 en la revista colombiana El Malpensante por Roberto Palacio, que se presenta como "una investigación filosófica en torno al jardín infantil". Según este texto, muchas instituciones de educación preescolar en Bogotá tienden a recibir nombres que son ejemplos de lo que el autor llama "síndrome de enanización": Pequeñas cabecitas, Las ovejitas del rey, Picarines, Mis deditos creativos, Tierno amor, Materno escándalo, Travesuras de Daniela, etc. Pero resulta que "el nombre de estos jardines no está hecho para el niño; a él no le gusta ni le importa ni lo entiende, como no entiende ni le importa ni le gusta la jerga en la que se le habla habitualmente".

El síndrome en cuestión, que en cierta forma también puede percibirse en el caso de Hilde Lysiak, consiste en que "todo lo del enano debe ser pequeño para que sea de su agrado (...) Lo queremos imaginar inmerso en un pequeño mundo de hongos y de setas, mesitas de madera rústicas con un taller de herramientas de trasfondo. Él, por su parte, nada sabe de setas ni de martillitos y querrá más que nada conducir un enorme automóvil, usar zapatos talla 48 y cambiar el gorrito puntiagudo por una cadena de oro macizo. Esto lo sabe cualquier admirador de la vida y obra de Nelson Ned".

Y en cuanto a la infancia y el síndrome, Palacio afirma: "Quizás la cara más nefasta de la enanización tiene que ver con ignorar completamente lo que sucede en la cabeza de los niños -y especialmente en la de las niñas, agrega su servidor-. Muchos imaginan que los niños -y las niñas- viven en una especie de perpetua fantasía psicotrópica en la cual los animales brincan, cantan y vuelan, los colores proliferan y se multiplican misteriosamente y en la cual se bebe constantemente de los manantiales más puros de la felicidad. Ignoran completamente que los niños -y las niñas- comparten muchos de los pensamientos de los adultos -y adultas- y que por eso se anticipan a la experiencia del mar con un barco de madera o vuelcan su afecto maternal sobre un pedazo de plástico articulado, sólo que lo hacen a manera de ensayo, de una reproducción mimética". 

No obstante, Hilde Lysiak ha querido dar un paso más allá. Incluso, de este episodio desagradable que la ha vuelto noticia -ironía de la vida siempre latente-, ella nos da una lección: dejemos de criticar tanto y hagamos cosas concretas para construir un mundo mejor. Algunos se ofenden con ella, la rechazan y la minimizan hasta el ninguneo; otros la apoyamos, la animamos en su vocación -si es que la vida no la lleva por otra senda, cosa que también puede pasar y debe ser también respetada-. En cualquier caso, esperamos que tenga un futuro lleno de comunicación para ella y para su comunidad de Selinsgrove.


"Infancia", por Jose. Flickr, Creative Commons.






lunes, 7 de marzo de 2016

¿Nos olvidaremos de Berta Cáceres?

"Despertemos, despertemos humanidad, ya no hay tiempo.
Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de estar sólo contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal".


Berta Cáceres y el río Gualcarque en 2015. Goldman Environmental Prize.


Con gran vergüenza debo decir que no tenía ni la más mínima idea de quién era Berta Isabel Cáceres Flores hasta la semana pasada, cuando leí acerca de su asesinato. 


En muy pocos días me he enterado de que en Berta Cáceres, mujer madura de amplia sonrisa de quien me hubiera gustado ser amigo, se movía sin cesar un abanico de facetas que se complementaban: mujer, líder, indígena lenca, feminista, ecologista, esposa, madre, activista en favor del medio ambiente. Y toda la vida que ella tuvo y que todavía tiene, recibida hoy por sus familiares, amistades y allegados dispuestos a no dejar que se pierda su nombre en el olvido, no es a los ojos de la agenda mediática mundial de corte neoliberal más importante que la existencia de, digamos, Sofía Vergara o Donald Trump. 

El año pasado, en abril, Berta recibió el Premio Goldman, reconocimiento anual que se entrega a personas comprometidas con el cuidado y con la defensa de los derechos de Pacha Mama. En la ceremonia de entrega, la hondureña pronunció las palabras que encabezan esta entrada. No hubo enormes titulares en la gran prensa con este angustioso llamado, ya que el Goldman no puede compararse en términos mega-mediáticos, ni de lejos, con el Oscar, el premio de premios, el que más cámara consigue -eso no lo logra ni el Nobel-. En teoría, todo el mundo sabe quién es Leonardo Di Caprio, y aún más en este año en que terminó la "maldición", la "injusticia" contra el pobre Leo, detalle que es más mencionado y comentado que sus méritos como intérprete. 

Pero, a diferencia de Di Caprio, Berta es una anónima mega-mediática, como lo son colegas suyos que recibieron también el Goldman: entre otras y otros, como Thuli B. Makama, de Swazilandia. O como Dmitry Lisitzyn, de Rusia. O como Juan Mayr, Berito Kuraru'wa, Libia Grueso y Nohra Padilla, compatriotas mías y míos a quienes Silvestre Dangond, Álvaro Uribe y Shakira superan amplia, quizás totalmente, en los rankings de popularidad en Colombia.

Es por este desequilibrado, y por lo tanto, injusto manejo de los medios de información a nivel global, del que todos somos cómplices en mayor o en menor medida cuando tenemos acceso a ellos, que nombres como los de Berta Cáceres solamente son reconocidos cuando caen por cuenta de la violencia irracional y aparecen, en ese momento sí, en grandes titulares en la prensa a nivel mundial. No es justo y no podemos seguir permitiendo esta situación. 

La mejor forma de recordar a Berta y mantener vivo su legado es conocer su obra y la de tantas personas que, como ella, se la juegan por lo verdaderamente importante. Conocerla, estudiarla, pensarla y aplicarla. No tenemos derecho a olvidarnos de ellas y de ellos, nunca lo hemos tenido. Antes bien, nuestro deber es lanzarnos a buscar agendas paralelas de información que no formen parte de la estridencia mareada y compartir lo que aprendemos. Primeros pasos para lograrlo serían dejar de lado -sin satanizar- elementos como la revista TV y Novelas y su imitación de los Oscar, o La Red; buscar en Internet y en otras fuentes más información acerca del premio Goldman y, sobre todo, de quienes han merecido este reconocimiento. Naturalmente, hay nombres y acciones en muchísimos otros aspectos de nuestra vida como especie en los que intervienen personas que vale la pena conocer: el arte, la política -no confundir con la politiquería-, el deporte, la ciencia, etc. Pero el cuidado del planeta y las cosas contra las que luchaba Berta deben movernos a priorizar.

¿Nos olvidaremos de Berta Cáceres? Está en nuestras manos, en nuestras mentes y en nuestros corazones no hacerlo.



jueves, 3 de marzo de 2016

Soy absurdo porque voy a hacer mercado.

A mi vieja.

Leí hace unos días la entrevista hecha por la revista Semana a uno de los creadores de cierta aplicación informática que está "revolucionando la forma de pedir domicilios y hacer compras en Bogotá. Su éxito ya la llevó a Ciudad de México". Según la empresa fundada a partir de esta herramienta, la idea es "reducir los tiempos de entrega de domicilios de cualquier tipo. Hoy entregamos un mercado completo en 35 minutos, y una gaseosa, en ocho [sic]. Y no nos limitamos a enviar alimentos".

Me llamó muchísimo la atención la manera como el entrevistado explica el sentido de su iniciativa, la cual gestiona con sus compañeros: "Lo que hacemos es simple. Conectamos a quienes quieren trabajar con quienes necesitan algo, y esta conexión está cambiando las cosas: usted ya no tiene que ir a hacer mercado (algo hoy absurdo), los mensajeros tienen más trabajo, y los tenderos de barrio mejoran sus ingresos [sic]". La revista, punto aparte, alza la ceja: "¿Ir a hacer mercado es absurdo?". Respuesta: "Hoy alguien que gana 3 millones de pesos pierde 56.000 al gastar tres horas en un mercado. En toda economía el tiempo tiene valor, y las ineficiencias retrasan el progreso de un país. [Nuestra empresa] transforma la sociedad". 

La revista, aún no convencida, insiste: "Eso podría parecer exagerado. Explíquese". "Hoy el mundo está sacándole provecho a la inmediatez y a la practicidad, y por eso no tiene sentido andar con un carrito de mercado. Ese tiempo puede invertirse en otras cosas. Una sociedad que se divide las tareas crea bienestar y valor agregado", señala el emprendedor personaje.

Pensando especialmente en los apartados de la entrevista citada, recordé que mi mamá me llevaba con frecuencia a la plaza de mercado del barrio Quirigua. Todos los sábados, ella iba a ese lugar a comprar las verduras, las frutas, las carnes y otros alimentos para cocinar durante la semana. De niño, en varias ocasiones me obligó a acompañarla ya que, como buen hijo... de la era televisiva ochentera, para mí era mucho más interesante quedarme en la casa viendo a los Transformers que irme con ella a ayudarle a mover el carrito con las provisiones bajo el sol sabatino. Me acuerdo de que, mientras ella interactuaba con vendedoras, proveedores y clientela, la mayor parte del tiempo yo permanecía  junto a ella pero también en el fondo alejado de todo eso, ansiando estar en cualquier otro lugar, menos allí. 

Cuando me casé, asumí una serie de responsabilidades en mi nueva familia. Entre ellas, la de hacer las compras del mercado. Ya nos tocaba a nosotros dos ocuparnos de esas cosas que a algunos afortunados nos las hacían antaño. Y fue entonces que ocurrió la revelación.

Lo que en mi infancia fue por lo general una actividad pesada, agobiante y nada divertida fue, a la larga, una gran escuela con tremenda maestra: mi mamá. Estoy muy agradecido con ella por obligarme a acompañarla tantos sábados a hacer mercado. Hoy, ya adulto, he descubierto en mis visitas a la plaza de mercado de mi sector un floreciente mundo de comunicación -no por nada, y lo digo sin ser experto, uno de los escenarios que más ha albergado estudios es la plaza: Quirigua, Paloquemao, Corabastos...-. En el contacto con vendedores y clientes vi a mi mamá conversar, reír, intercambiar opiniones, regatear, pensar, sentir, interactuar con sus semejantes. Sin saberlo, ahí estaba yo aprendiendo de ella: educomunicación "de la de verdad pa' Dios". Y eso que aprendí procuro aplicarlo en mis compras.

Hoy, gracias a mi mamá, puedo hablar con quienes nos proveen de papa, de yuca, de verduras, de carne y de frutas. Conozco sus nombres; cuando llego a sus puestos les saludo y ellos me reciben con amabilidad y con cariño, porque ya nos conocen. Incluso se extrañan cuando voy yo solo: "¿vino sin su esposa? Por favor, me la saluda mucho". Puedo escoger la fruta. Puedo ayudar a desgranar la arveja o el frijol y, mientras tanto, charlamos. Les pregunto por sus familias, me cuentan sus alegrías y esperanzas; en ocasiones, sus penas.  Nos angustiamos juntos cuando llueve mucho, cuando llueve poco o cuando no llueve. Criticamos al Gobierno y a la gente politiquera, hablamos acerca de la educación de la infancia, de la urgencia de no desperdiciar la comida y de no depender de las bolsas de plástico. En algunas ocasiones nos pedimos consejo mutuamente y en otras agregan al pedido algo más en gramos, o una fruta extra. Y aun si no lo hicieran, nunca nos dejan ir sin darnos una sonrisa. 

También necesitamos productos que solamente se consiguen en almacenes de cadena. Allí el ambiente es muy diferente al de una plaza de mercado, especialmente porque no hay mucho tiempo para conversar. Pero procuramos hacerlo con las cajeras y con los empacadores. Estas personas nos hablan, entre otras cosas, de cómo las mal planificadas remodelaciones del lugar donde trabajan suelen afectar su salud y su desempeño laboral; nos hablan de clientes absurdos que exigen que una sola botella sea empacada en tres bolsas plásticas; que reclaman, a punta de gritos y de groserías, un mejor servicio; que no saludan, no sonríen o no dan las gracias. ¿A cuántos podrán contarles estas cosas?

Sin demeritar su idea ni sus esfuerzos me atrevo a pensar que, para el empresario visionario del que hablé al comienzo de esta entrada, soy una persona absurda e ineficaz, contraria al progreso del país, que no reconoce el valor del tiempo en la economía neoliberal predominante y que, para colmo, lo desperdicio sin obtener ganancia alguna. Lo soy, por el hecho de ir a hacer mercado con mi carrito azul, solo o en compañía de mi esposa. Y creo que tiene razón. Soy una persona absurda que aprendió de su mamá a encontrarse con los demás en un lugar público, cotidiano y lleno de vida como las plazas de mercado. Soy una persona absurda que no quiere simplemente hacer una transacción económica, sino que ansía ver los rostros de la gente, escuchar sus palabras y, en lo posible, compartir con ella mis ideas sin imponerlas. Soy una persona absurda que no desea "dar papaya" al sedentarismo y al ostracismo social haciendo que todo me lo traigan a la casa por ahorrarme unos pesos o por hacerme un estatus. Soy, en pocas palabras, una persona que quiere ser humana en espacios humanos, lo cual requiere ese tiempo bonito del que hablaba Michael Ende en Momo al presentar al señor Fusi, barbero de profesión: el tiempo del "chasquido de las tijeras, el parloteo y la espuma de jabón". Esto no me hace mejor ni peor, valga la aclaración. Pero me hace muy feliz.



Fotografías: Exteriores de la Plaza de Mercado de Las Ferias, por Carlos Novoa Pinzón.