El deportista y actor Johnny Weissmüller intepretando a Tarzán en una película
Ciertas personas han declarado en redes virtuales que se suman al rechazo a la nueva película de Tarzán que se presenta a nivel mundial por estos días. Dicen que no irán a verla. Dicho rechazo se debe especialmente a que el villano del filme es presentado como "un católico asesino y psicópata que siempre porta un rosario en la mano", el cual incluso usa como arma.
¿Ver o no ver la película? Ofrezco algunas ideas:
1. Entiendo que el asunto del villano proviene de las imágenes mostradas en el adelanto, o trailer, de la película. Las personas amantes del cine saben que, por un lado, un adelanto es eso, un adelanto, y no la película como tal. Por lo tanto, por regla general no se puede hacer un juicio acerca de una cinta tan sólo por su trailer, como no se puede juzgar un libro por su cubierta. Ha sucedido en varias ocasiones que un adelanto resulta ser tan espectacular, interesante o diciente como decepcionante, aburrida y vacía la cinta completa, y viceversa.
Un trailer no muestra de manera total dos detalles fundamentales para una película: el desarrollo de la trama y el de la personalidad de los personajes. Por ejemplo: ¿cómo podríamos entender, o al menos intentar comprender, la última palabra de Charles Foster Kane, el poderoso magnate de los medios, si en la película de Orson Welles no nos hubieran mostrado sus circunstancias personales -su infancia, su juventud, etc.- y la manera como construyó su imperio?
Así las cosas, muy bien: el villano de la nueva película de Tarzán es un católico asesino. ¿Por qué? ¿Cómo presentan el director y el guionista a este personaje como parte de un todo llamado película? ¿Con qué fines, según presenta ese mismo todo? ¿De verdad es un ataque al catolicismo? Para responder a estas preguntas con argumentos concretos, no hay más remedio que verla de principio a fin.
2. Un rechazo previo a la película en las condiciones señaladas parece ser también un síntoma de quienes entienden -o hemos entendido en algún momento- el ejercicio de la fe como un asunto institucional. Entre las señales de esta actitud está el pensar que una crítica es, de por sí, un ataque. Se trata de un constante estar a la defensiva, actitud que, además, no permite desarrollar elementos fundamentales de la experiencia evangélica como la libertad y la responsabilidad personales. ¿Cómo saber qué sentido tiene algo, si no lo examinamos tal cual es para hacer juicios adecuados? Es un poco como cuando éramos niños y mamá nos decía: "Ni siquiera has probado la sopa de tomate. ¿Cómo sabes que no te gusta?".
Además, se trata de un problema educativo. No nos forman para vivir la fe, sino para protegerla; no nos educan para compartirla -eso que llaman "dar testimonio"- sino para imponerla o, en términos más suaves, para propagarla haciendo la aclaración de que tenemos la verdad en nuestras manos, por lo que cualquier otro tiene que necesariamente aceptar nuestro punto de vista. Se ha dicho que "quienes tienen una fe formada pueden ver la película, pero quienes no la tienen, deben abstenerse de ir al cine". Y entonces, ¿cuándo la fe tierna se robustecerá? ¿Qué es, al final de cuentas, una fe educada, adulta? ¿Por qué no podemos sacar de las críticas, si las hay, un aprendizaje que nos ayude a ser mejores, más coherentes con lo que decimos creer? ¿Es prioridad para la institucionalidad realmente que las y los creyentes tengan un criterio propio, libre y responsable frente a las realidades del mundo?
3. Finalmente, me temo que en el caso propuesto aquí está pasando como cuando la esposa de un gobernador en Estados Unidos se negó a ver "La Vida de Brian", del grupo Monty Python, porque "una amiga le contó que era un filme horrible, blasfemo". La señora renunció a su libertad y para justificarse, para evitar juzgar una película por sí misma, acudió a lo que otra persona le dijo de ella. Sospecho que no poca gente dejará de ver la nueva película de Tarzán siguiendo una actitud similar a la de la señora esposa del gobernador, quien se perdió una película divertidísima que no era blasfema, sino herética y crítica de los formalismos religiosos.
¿Ver o no ver la nueva película de Tarzán? En libertad, en coherencia y en responsabilidad, cada quién que tome su decisión.
PD: De por sí, Tarzán puede ser tanto el canto al "buen salvaje" como la historia paradigmática de la supremacía del blanco europeo en tierras "agrestes y atrasadas". En alguna parte leí: ¿por qué Tarzán puede comunicarse con los animales, pero los nativos no pueden hacerlo?
No hay que olvidar tampoco cómo se propagó el cristianismo en América, en África y en Asia: "tres guerreros abrieron tus ojos / a una espada, a una cruz y a un pendón", como dice -¡horrible!- una estrofa del himno de la ciudad de Bogotá.
Las honras fúnebres al boxeador Muhammad Alí que se llevaron a cabo recientemente en Louisville, Kentuky, lugar donde nació el campeón, no solamente expresaron la tristeza generalizada ante su partida, debida a lo que representó el deportista para la cultura mundial. También sirvió como escenario de encuentro entre representantes de diversas religiones.
Entre las palabras ofrecidas a los asistentes por estos líderes, se destaca el discurso del rabino judío Michael Lerner, en el cual manifestó una serie de ideas tremendamente fuertes, dirigidas a los gobiernos de Estados Unidos, Israel y Turquía, como una forma de mantener el legado de valentía que demostró Alí en un momento crucial de su existencia. Michael Lerner es el rabino de la Sinagoga Beyt Tikkun en Berkeley, California. También es activista político y editor de la revista Tikkun, una publicación judía progresiva interreligiosa. Comparto con ustedes las palabras del rabino Michael Lerner en el funeral, traducidas libre pero respetuosamente: "Maestro de la
compasión, Dios de la compasión, envía tus bendiciones a Muhammad Alí, a todos
los que lloran por él y a las millones y millones de personas que lloran a lo
largo y ancho del planeta. Amén.
Vine aquí para hablar
como representante de los judíos en Estados Unidos, para decir que los judíos
de nuestro país han asumido un papel importante de solidaridad en la lucha de
los afrodescendientes en la nación y que hoy reiteramos esa solidaridad con la
comunidad islámica en este país y en todo el mundo.
No toleraremos que los
políticos o que cualquier otra persona menosprecie a los musulmanes o los culpe
por las acciones de unos cuantos.
Nosotros, los judíos,
sabemos lo que es ser despreciados. Sabemos lo que se siente cuando unas pocas
personas actúan en contra de las visiones más altas de nuestra tradición. Así, estas
visiones como valores de la tradición entera son razones por las que desde la
revista Tikkun, una revista de judíos
liberales progresistas, pero también una publicación para el encuentro entre
religiones, hemos pedido al gobierno de los Estados Unidos que se manifieste
ante su similar de Israel, el cual ha reprimido a los palestinos. Que el
gobierno sepa que nosotros como judíos entendemos que nuestro compromiso es
reconocer que Dios ha creado a todos a su imagen y semejanza y que todos somos
igualmente preciosos. Esto es así para el pueblo palestino y para los demás
pueblos del mundo.
Sé que la gente de
Louisville tiene una relación especial con Muhammad Ali y yo tuve una relación
personal con él al final de la década de 1960 cuando ambos fuimos condenados
por el gobierno federal y anteriormente, por nuestras diversas manifestaciones
contra la guerra en Vietnam. Quiero decir que, aunque él fue aclamado como
campeón mundial de los pesos pesados, la verdad es que, con todo respeto por
él, los campeonatos de pesos pesados vienen y van, así como los héroes del
deporte. Pero algo acerca de Muhammad Alí que hizo la diferencia en el momento
preciso fue cuando usó ese reconocimiento para manifestarse en contra de una
guerra inmoral y decir "no, yo no iré a ella". Y es por esa razón que
decenas de millones de estadounidenses que no están particularmente interesados
en el boxeo conocen a Muhammad Ali, ya que él fue una persona dispuesta a arriesgar
el inmenso honor y la fama que obtuvo para sostenerse en sus creencias, para
decir la verdad al poder cuando la gente a su alrededor le decía "no, no,
vas a perder tu campeonato", el cual le fue arrebatado por cinco años.
Pero él se sostuvo, dispuesto a tomar ese riesgo por causa de esa clase de
integridad moral.
Por eso digo, ¿cómo
honrar a Muhammad Ali? La respuesta es ser Muhammad Ali hoy. Eso va para
nosotros, todos aquí (en el lugar del funeral) y para cualquiera que escuche.
Depende de nosotros mantener esa habilidad para decirle la verdad al poder.
Debemos expresarnos para
rehusar seguir el camino de la resignación ante las reglas del juego de la
vida. Digan al 1% de la población que posee el 80% de la riqueza que es tiempo
de compartirla. Digan a los políticos que emplean la violencia alrededor del
mundo y que luego predican el pacifismo a los oprimidos que es el momento de
que terminen con sus guerras de drones (aviones no tripulados) y con cualquier
otra forma de guerra. Que es tiempo de cerrar nuestras bases militares en todo
el mundo para que nuestras tropas vuelvan a casa. Digan a esos que inventaron
el encarcelamiento masivo que hay que crear un ingreso garantizado para todos
en nuestra sociedad. Digan a los jueces que dejen en libertad a tantos
afro-americanos arrastrados por la policía racista, apresados por jueces
racistas, muchos de ellos en prisión actualmente por delitos como poseer
marihuana, mientras que personas blancas evaden la justicia todo el tiempo.
Digan a nuestros
funcionarios elegidos que encarcelen a quienes autorizan la tortura y a
aquellos que administran los grandes bancos y las compañías de inversión,
quienes causaron el colapso económico de 2008.
Digan a los líderes de
Turquía que dejen de asesinar a los kurdos. Digan al primer ministro israelí
(Benjamín) Netanyahu que la manera de conseguir seguridad para Israel es
detener la ocupación de la Rivera Occidental de Cisjordania y ayudar a crear el
estado de Palestina.
Digan a la próxima
presidenta de los Estados Unidos que ella debería solicitar una enmienda
constitucional para que el financiamiento de las elecciones nacionales o estatales por el
Congreso, por las legislaturas estatales y por otras fuentes de dinero sea prohibido,
incluyendo dinero de corporaciones o de individuos o de otras fuentes, y que
esos fondos se conviertan en dineros públicos.
Díganle a ella que la
manera de lograr la seguridad nacional no es probar de nuestra parte nuevas
formas de dominación. La estrategia de la dominación del mundo para conseguir
la seguridad ha sido intentada durante los últimos 10.000 años y no ha
funcionado. La manera de conseguir seguridad para los Estados Unidos es
convertirse en el más generoso y solidario país en el mundo, no el más
poderoso.
Y podemos comenzar con un
"Plan Marshall" a nivel doméstico y global para acabar de una vez por
todas con la pobreza mundial y nacional, con el problema de quienes no tienen
hogar a dónde ir, con el hambre, con la educación deficiente, con la atención
de salud deficiente.
Así, quisiera pedir
desde la red de Progresistas Espirituales (spiritualprogressives.org) que
vengan y se unan a nosotros. Quiero afirmar nuestro compromiso con el bienestar
de todos los musulmanes en este planeta, así como con el de quienes son
creyentes o con el de los humanistas seculares.
Queremos rendir honores
a los musulmanes del mundo para que continúen hoy el ayuno de Ramadán y nos
unimos a ellos en el luto por la pérdida de Muhammad Alí y en la celebración de
su vida, un gran luchador por la justicia y la paz. La paz esté con él, la paz
esté con el profeta Muhammad -Mahoma- la paz esté con toda la humanidad, la paz
esté con todos ustedes”.
Durante mucho tiempo se ha dicho que el español Miguel de Cervantes Saavedra y el inglés William Shakespeare, dos escritores reconocidos como grandes figuras de la literatura mundial, murieron el mismo día, generando así una relación trascendental de hermandad que refuerza el significado y la importancia de sus obras. Pero si nos quedamos en lo anecdótico, nos llevaremos una gran desilusión: por un lado, parece que no hay consenso definitivo acerca del día de la partida de Cervantes. Por otro, Shakespeare tiene dos fechas de defunción diferentes: 23 de abril y 3 de mayo -dependiendo de qué calendario hablemos: del juliano o del gregoriano-. En fin: ambos murieron en 1616, y con eso basta.
Don Quijote, Sancho, el Rucio y Rocinante con el yelmo de Mambrino
Y como se cumplen 400 años de dos legados realmente muy estimables, es una buena oportunidad para abrir, por ejemplo, El Quijote y leerlo de principio a fin de una vez por todas.
Antes de enfrentarme al clásico "En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme" con que inicia la obra, recordé algunas ideas del pasado: mi mamá calificando al Quijote como un "viejo estúpido" cuyas locuras horribles tuvo que leer obligada en el colegio, las versiones animadas de don Quijote y Sancho -unas mejores que otras, desde mi punto de vista- y la del comic en tres libros con dibujos y fotografías, las versiones en cine, algunas realizadas y otras que no llegaron a concluirse, etc. Todos estos elementos, que dan testimonio de la trascendencia y de la fama del hijo loco de Cervantes, pueden condicionar su lectura; por eso es muy importante tenerlos en cuenta.
Como usted, soy también un lector y no pretendo dar instrucciones acerca de cómo leer el Quijote. Pero sí compartiré algunas observaciones que he hecho, a ver si pueden servir a otras personas que se sumen a la locura de leer "El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha", que es el verdadero título del libro.
En uno de mis textos del colegio dice lo siguiente acerca de La Divina Comedia:
Indudablemente que solo [sic] los compatriotas de Dante (Alighieri, el autor) que vivieron en su época pudieron gozar en toda plenitud la hermosura del magnífico poema. Los extranjeros que nos vemos obligados a leerle traducido, en prosa y teniendo que distraer constantemente la atención en la consulta de centenares de notas aclaratorias, no podemos percibir más que una sombra de las bellezas de la obra inmortal.
Algo parecido pasa con El Quijote. Por lo tanto, sería muy útil leerle en una edición que no tenga las anotaciones aclaratorias al final del ejemplar, sino a pie de página. Para evitar aburrirse, y lo digo con toda seriedad, es preferible un texto acompañado de imágenes. Y no está de más hacer una investigación previa de elementos que faciliten la lectura: la biografía de Cervantes, el contexto de su vida y de su obra y comentarios de personas que se han especializado en la obra cervantina. Incluso en Internet se pueden encontrar interesantes documentales que ayudan a dar sentido a lo que puede parecer una pesada carga. Yo creo que, precisamente, la falta de estos elementos justifican hasta cierto punto la opinión de mi mamá.
La Maritornes y el Quijote
En el momento de escribir esta entrada, debo decir que me encuentro en el capítulo 48 de la primera parte del libro. Y tengo que ser honesto: no he leído el contenido completo de todos los capítulos. El hilo conductor de toda la obra es la locura de don Quijote, acompañado por su escudero Sancho Panza, quien se enfrenta a un mundo que está lleno de cosas por arreglar y por mejorar desde su punto de vista. Es una mirada romántica y maravillosa surgida de los libros de caballerías, que son considerados por Cervantes como algo parecido a los reality shows o las telenovelas de hoy: entretenimiento en el mejor de los casos, cosas para bobos en el peor. Esa locura se enfrenta a otras personas, que no ven lo que el hidalgo ve, y por lo tanto no le toman en serio -en algunos casos, aparentemente-.
Ahora bien, resulta que a medida que Cervantes cuenta las aventuras del Quijote, que prácticamente siempre terminan en desastre, el autor introduce un personaje secundario que cuenta su historia o se presenta en otra historia ajena, y a su vez, secundaria. Y luego aparece otro que hace lo mismo. Y otro, y otro más. Así van apareciendo voces diversas que, lejos de enredar la narración, la complementan. El problema es que estos elementos aparecen de diversas formas: un poema o un personaje que lee una novela pequeña dentro de la misma obra -"El curioso impertinente"-, por ejemplo. Mencioné antes la importancia de una edición con dibujos: su ausencia hace de estos elementos un suplicio total. Es comprensible que haya quien no tenga paciencia para este itinerario. Pero quizás ahí también esté el valor del texto: hay muchas cosas para gustos diversos. Y quien no quiera asumir determinado elemento, pues que se salte ese pedazo sin mayores problemas. Personalmente, evito las partes en verso y me quedo con la prosa. Creo que las partes poéticas merecen su propio espacio y ahora me interesan más las acciones y los diálogos entre Don Quijote y Sancho.
Rocinante, el cura, el barbero y Sancho
Hablando de esta pareja, enfrentarse al libro de manera directa hace que se desmitifiquen ambos personajes. Nos han contado sus historias idealizándolos, casi que volviéndolos unidimensionales: el caballero noble y totalmente bienintencionado que quiere hacer de este mundo un lugar mejor, secundado por un campesino bonachón que trata por todos los medios de lograr que su señor se dé cuenta de la realidad, casi como si fuera su Pepito Grillo. Pues resulta que los personajes de Cervantes son mucho más complejos: Don Quijote es también un tipo que hace las cosas no solamente por filantropía abnegada, sino también porque su nombre sea recordado, lo cual es síntoma de un ego considerable. Este hombre tiende a creer que todo el mundo gira alrededor de él y que siempre tiene la razón. Cuando fracasa y se le dice que así ha sido por no fijarse en la realidad de las cosas, siempre tiene una excusa basada en la imaginación o en lo que ha leído: un mago me cambió los gigantes por molinos de viento, por ejemplo.
Por su parte, Sancho acompaña a su señor por motivos claramente materiales: una ínsula, honores y posiciones que como campesino jamás logrará. A pesar de que en las primeras aventuras trata de llamar la atención del caballero acerca de cómo son las cosas en verdad, poco a poco comienza a entrar en el juego quijotesco, cosa que sorprende a sus allegados. Sancho es cobarde y tiene memoria de largo plazo acerca de las cosas malas que le ocurren, piensa con su estómago, en ocasiones se enfrenta a su amo en diálogos que desesperan a éste, tiene un refrán o una historieta para todo... En fin: Sancho y don Quijote son seres humanos, como usted y como yo. Y son groseros: de vez en cuando se les sale un hijueputazo. Y son tan interesantes sus insultos como los del capitán Haddock. Esto sí que fue nuevo para mí, y muy llamativo, precisamente por ese aire inmaculado que les han dado:
-Pues voto a tal -dijo don Quijote, ya puesto en cólera-, don hijo de la puta, don Ginesillo de Paropillo, o como os llaméis, que habéis de ir vos solo, rabo entre piernas, con toda la cadena a cuestas (capítulo 22, p. 181).
Don Quijote habla a los galeotes, entre ellos Ginés de Pasamonte
También llama la atención el hecho de que los allegados a don Quijote -amigos, sirvientes, familiares- pretenden sacarlo de su ilusión con medidas extremas que se justifican en el mundo fantástico del hidalgo: no hay más biblioteca en su casa con libros de caballería porque -dicen ellos- el mago Fritón, digo, Frestón, lo acabó con uno de sus encantamientos. Para hacerle volver a su pueblo se disfrazan de seres irreales y lo encierran en una jaula tirada por bueyes, lo cual refuerza el convencimiento del cautivo de que es víctima de hechizos. Parece muy contradictorio. Y por otra parte ese montón de personajes secundarios con nombre propio -Cardenio, Dorotea, etc.- que aparecen y que conocen a don Quijote, le ven actuar, le oyen hablar y sienten -en esto Cervantes es enfático, me parece- más admiración que pena o ganas de burlarse. Las cosas cambian radicalmente en la segunda parte del libro, pero eso es otra cosa.
Entre la manera de leer el documento, el atreverse a re-pensar la imagen idealizada que de él nos han vendido por años y esa locura que se apodera de todo el texto y no solamente de su protagonista, podemos esperar una experiencia con el Quijote que no tiene por qué ser grata para todo el mundo, pero que sí puede ser un interesante ejercicio que nos dará mucho en qué pensar. La locura de empezar a leer historias humanas todavía vigentes vale la pena, y todavía más si lo que se inicia se concluye. Nos leemos al final del clásico.
El texto sobre la Divina Comedia fue tomado del libro Español sin fronteras 11, de Editorial Voluntad, Bogotá, 1989.
Las imágenes presentadas en esta entrada son de autoría de Gerhart Kraaz y pertenecen a la versión del Quijote editada por Círculo de Lectores S. A., 1965, que es la versión que estoy leyendo y he citado en esta entrada.
Hilde Lysiak vive en un pueblo de Pensilvania, Estados Unidos, llamado Selinsgrove. Allí tiene a cargo un periódico en Internet llamado Orange Street News, en el que publica información de interés local.
"La Policía está investigando un posible asesinato en la calle novena de Selinsgrove.
Un hombre está bajo sospecha de asesinar a su esposa con un martillo en la calle novena de Selinsgrove, aseguraron fuentes a The Orange Street News.
Fuentes oficiales aún no confirman esta información.
'Esta es una investigación en proceso', señaló un oficial a The Orange Street News". La nota periodística señala detalles de la víctima y de su presunto asesino, así como declaraciones de vecinos, consternados por el triste hecho. Lysiak evitó dar los nombres de las personas involucradas en él "con el fin de asegurar que los amigos y familiares (de dichas personas) sean informadas primero de los sucesos". Tras la publicación de la nota, Hilde recibió comentarios positivos pero también, y especialmente, negativos. Estos surgieron, más que por su trabajo periodístico, por su edad: Hilde Lysiak es una niña de 9 años. De acuerdo con información suministrada por BBC Mundo, "varios adultos reaccionaron con indignación en las redes sociales, acusando al padre (de Hilde) -un experiodista- de irresponsabilidad por dejar a su hija cubrir noticias escabrosas y aconsejando a la menor que 'jugara con muñecas'". Un comentario especialmente doloroso para la niña fue: "Me parece repugnante que una niña tan adorable crea que es una periodista de verdad. ¿Qué pasó con las fiestas para tomar el té?". A estos comentarios, Hilde respondió: "Si quieren que deje de cubrir las noticias, entonces aléjense de sus computadoras y hagan algo sobre las noticias. Ahí lo tienen, ¿les parezco suficientemente adorable así?". El periodismo, ¿con horario y fecha en el calendario?
"Infancia", por Alina Díaz. Flickr, Creative Commons.
Me ha llamado mucho la atención el caso de Hilde porque refleja ciertos elementos dignos de consideración, relacionados con el ejercicio del periodismo y con asuntos de género y de edad en los tiempos actuales.
El padre de Hilde explica que solía llevar a su hija con él a trabajar, lo que seguramente hizo que ella se familiarizara con la movida de fuentes, registros, escritura y demás elementos del quehacer periodístico. El ejemplo de papá y, por qué no, una chispa interna que nació con Hilde la llevaron a decidir crear el Orange Street News, con un ingrediente adicional clave: los avances tecnológicos de la actualidad que la niña maneja al dedillo. Al fin y al cabo, ella es una nativa digital. Asomarse al periódico de Hilde es un interesante ejercicio. Este informativo es una publicación con noticias locales de alcance global -precisamente, gracias a Internet- surgidas de la comunidad de Selinsgrove, un pueblito que podría hermanarse con cualquier otro en el mundo en su condición de anónimo para la gran prensa -hasta ahora, y probablemente retorne a esa condición cuando pase "la fiebre", el interés por el caso que ha originado tantas críticas a los Lysiak-. Son vivencias de sus vecinas y de sus vecinos que, si bien no tienen ni una pizca de espectacularidad, son en sí mismas muy valiosas porque son hechos de gente común y corriente que también son interesantes e importantes. Por otra parte, lo que pasa en el mundo también les afecta y eso también ha sido contado en el periódico, es decir, la relación entre lo local y lo global se narra allí de manera muy humana. Y como no es de extrañar, la comunidad tiene cosas muy buenas, pero también problemas. Todo eso lo cuenta Hilde con la ayuda de su familia y con el respaldo de quienes han conocido su trabajo. Desde luego, no todo es perfecto en el trabajo de Hilde Lysiak, y asumo mi condición subjetiva aquí. Me parece que son un poco chocantes algunos titulares del periódico sobre temas delicados en los que se emplean signos de admiración que me recuerdan el legendario estilo del diario colombiano El Espacio-¡Las drogas golpean la escuela media de Selinsgrove!- . En el caso del presunto asesinato que tanto picó, aunque la niña quiso proteger la identidad de los involucrados, el publicar imágenes del lugar de los hechos es, de alguna u otra forma, una pista para saber de quiénes se trata. Y, quiéralo o no, la chiquilla sigue el modelo periodístico audiovisual que gusta en los Estados Unidos y que tanto imitan los noticieros de otros países: el estilo breaking news rimbombante, espectacular, cercano al alarmismo. El camino de aprendizajes de Hilde en el mundo de las noticias está comenzando y, si continúa en él, no terminará jamás. Pero por lo leído y visto, y especialmente con el caso del presunto asesinato, la ruta de la niña en el campo del periodismo ha comenzado bien. Ahora le toca a su familia y a ella misma mantener y robustecer un sentido ético, responsable y humano en la labor. No faltarán los que piensen en su trabajo como en los malabares de un mono amaestrado del circo, fuente de apetitosos negocios. Habría que decirle entonces: ¡Hilde, si te llaman para proponerte ser "la pequeña maravilla de la información", cuelga el teléfono! Hipocresía en doble dosis
"Infancia", por Ignacio Palomo Duarte. Flickr, Creative Commons.
Ahora bien: "Dedícate a jugar a las muñecas o al té de señoras", le dicen algunas personas a Hilde; "esos temas de asesinatos son exclusivos de adultos; no son para personas chiquitas como tú". Sería interesante pensar qué tipo de comentarios se hubieran dado frente al cubrimiento de la noticia en cuestión si en esta historia no estuviera involucrada como reportera Hilde Lyziak, de 9 años, sino, digamos, Bobby Lewis, quien cuenta con 8 abriles: "¡Un Mozart del periodismo! ¡Qué niño tan valiente! ¡Una promesa del mundo informativo! ¡Este pequeñín sabe en qué mundo vivimos e informa consecuentemente!". Los niños pueden ser audaces, pero las niñas no. Las niñas deben ser, como bien dice Hilde con una buena dosis de sarcasmo, "adorables". Y entiéndase por "adorable" ser pasiva, ensimismada, superficial. En pocas palabras, ser una nena boba. Así las cosas, cierta gente cree que el ejercicio del derecho a la comunicación está vedado para Hilde Lysiak y para personas como ella por partida doble: porque es menor de edad y porque es niña. Doble injusticia. Y hay mucha hipocresía aquí también: los adultos solemos quejarnos de que la infancia y la adolescencia poco o nada se preocupan por la realidad. Pero cuando niñas, niños y jóvenes quieren tomarse en serio dicha realidad haciendo preguntas y buscando respuestas, pegamos el grito en el cielo y les rogamos que se queden en ese mundito hecho de colores pastel y de princesitas, o de robots que se transforman, o de fiestas repletas de reguetón y de sustancias que generan alucinaciones. ¡Cuántos de nosotros quisiéramos tener el ímpetu y dinamismo de Hilde al abordar sus noticias! ¿No le ganó ella la mano a la prensa "profesional" de su pueblo llegando primera al lugar de los hechos y, por lo tanto, dando la primicia? -en Colombia decimos: "los chivió"-. ¿Cómo se las arregla para que la policía de su pueblo le dé información acerca de un suceso en vez de mandarla a jugar con muñecas? ¿Por qué la gente le cuenta historias y le abren la puerta de sus vidas? Sencillo: Hilde ya se ha hecho una identidad de periodista local. La respetan. Valoran su trabajo. La toman en serio. Cosa que no todos sus lectores hacen. Quienes decimos dedicarnos a comunicar -y la sociedad en general- deberíamos tomar nota del caso de Hilde Lysiak como un ejemplo muy concreto de lo lejos que están todavía la infancia y la adolescencia de hoy del derecho a la comunicación. Por lo tanto, nuestra labor y compromiso consisten, precisamente, en romper esos muros y ofrecerles orientaciones y acompañamiento para que ejerzan dicho derecho que implica, invariablemente, tanto una realización personal como un aporte social, dos elementos inseparables. Lecciones del jardín infantil
"infancia", por Francisco Javier Argel. Flickr, Creative Commons.
Para concluir esta entrada, quisiera evocar un muy interesante ensayo llamado Los aritos de Dayenka, publicado en 2003 en la revista colombiana El Malpensante por Roberto Palacio, que se presenta como "una investigación filosófica en torno al jardín infantil". Según este texto, muchas instituciones de educación preescolar en Bogotá tienden a recibir nombres que son ejemplos de lo que el autor llama "síndrome de enanización": Pequeñas cabecitas, Las ovejitas del rey, Picarines, Mis deditos creativos, Tierno amor, Materno escándalo, Travesuras de Daniela, etc. Pero resulta que "el nombre de estos jardines no está hecho para el niño; a él no le gusta ni le importa ni lo entiende, como no entiende ni le importa ni le gusta la jerga en la que se le habla habitualmente". El síndrome en cuestión, que en cierta forma también puede percibirse en el caso de Hilde Lysiak, consiste en que "todo lo del enano debe ser pequeño para que sea de su agrado (...) Lo queremos imaginar inmerso en un pequeño mundo de hongos y de setas, mesitas de madera rústicas con un taller de herramientas de trasfondo. Él, por su parte, nada sabe de setas ni de martillitos y querrá más que nada conducir un enorme automóvil, usar zapatos talla 48 y cambiar el gorrito puntiagudo por una cadena de oro macizo. Esto lo sabe cualquier admirador de la vida y obra de Nelson Ned". Y en cuanto a la infancia y el síndrome, Palacio afirma: "Quizás la cara más nefasta de la enanización tiene que ver con ignorar completamente lo que sucede en la cabeza de los niños -y especialmente en la de las niñas, agrega su servidor-. Muchos imaginan que los niños -y las niñas- viven en una especie de perpetua fantasía psicotrópica en la cual los animales brincan, cantan y vuelan, los colores proliferan y se multiplican misteriosamente y en la cual se bebe constantemente de los manantiales más puros de la felicidad. Ignoran completamente que los niños -y las niñas- comparten muchos de los pensamientos de los adultos -y adultas- y que por eso se anticipan a la experiencia del mar con un barco de madera o vuelcan su afecto maternal sobre un pedazo de plástico articulado, sólo que lo hacen a manera de ensayo, de una reproducción mimética". No obstante, Hilde Lysiak ha querido dar un paso más allá. Incluso, de este episodio desagradable que la ha vuelto noticia -ironía de la vida siempre latente-, ella nos da una lección: dejemos de criticar tanto y hagamos cosas concretas para construir un mundo mejor. Algunos se ofenden con ella, la rechazan y la minimizan hasta el ninguneo; otros la apoyamos, la animamos en su vocación -si es que la vida no la lleva por otra senda, cosa que también puede pasar y debe ser también respetada-. En cualquier caso, esperamos que tenga un futuro lleno de comunicación para ella y para su comunidad de Selinsgrove.
"Despertemos, despertemos humanidad, ya no hay tiempo.
Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de estar sólo contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal".
Berta Cáceres y el río Gualcarque en 2015. Goldman Environmental Prize.
Con gran vergüenza debo decir que no tenía ni la más mínima idea de quién era Berta Isabel Cáceres Flores hasta la semana pasada, cuando leí acerca de su asesinato.
En muy pocos días me he enterado de que en Berta Cáceres, mujer madura de amplia sonrisa de quien me hubiera gustado ser amigo, se movía sin cesar un abanico de facetas que se complementaban: mujer, líder, indígena lenca, feminista, ecologista, esposa, madre, activista en favor del medio ambiente. Y toda la vida que ella tuvo y que todavía tiene, recibida hoy por sus familiares, amistades y allegados dispuestos a no dejar que se pierda su nombre en el olvido, no es a los ojos de la agenda mediática mundial de corte neoliberal más importante que la existencia de, digamos, Sofía Vergara o Donald Trump.
El año pasado, en abril, Berta recibió el Premio Goldman, reconocimiento anual que se entrega a personas comprometidas con el cuidado y con la defensa de los derechos de Pacha Mama. En la ceremonia de entrega, la hondureña pronunció las palabras que encabezan esta entrada. No hubo enormes titulares en la gran prensa con este angustioso llamado, ya que el Goldman no puede compararse en términos mega-mediáticos, ni de lejos, con el Oscar, el premio de premios, el que más cámara consigue -eso no lo logra ni el Nobel-. En teoría, todo el mundo sabe quién es Leonardo Di Caprio, y aún más en este año en que terminó la "maldición", la "injusticia" contra el pobre Leo, detalle que es más mencionado y comentado que sus méritos como intérprete.
Pero, a diferencia de Di Caprio, Berta es una anónima mega-mediática, como lo son colegas suyos que recibieron también el Goldman: entre otras y otros, como Thuli B. Makama, de Swazilandia. O como Dmitry Lisitzyn, de Rusia. O como Juan Mayr, Berito Kuraru'wa, Libia Grueso y Nohra Padilla, compatriotas mías y míos a quienes Silvestre Dangond, Álvaro Uribe y Shakira superan amplia, quizás totalmente, en los rankings de popularidad en Colombia.
Es por este desequilibrado, y por lo tanto, injusto manejo de los medios de información a nivel global, del que todos somos cómplices en mayor o en menor medida cuando tenemos acceso a ellos, que nombres como los de Berta Cáceres solamente son reconocidos cuando caen por cuenta de la violencia irracional y aparecen, en ese momento sí, en grandes titulares en la prensa a nivel mundial. No es justo y no podemos seguir permitiendo esta situación.
La mejor forma de recordar a Berta y mantener vivo su legado es conocer su obra y la de tantas personas que, como ella, se la juegan por lo verdaderamente importante. Conocerla, estudiarla, pensarla y aplicarla. No tenemos derecho a olvidarnos de ellas y de ellos, nunca lo hemos tenido. Antes bien, nuestro deber es lanzarnos a buscar agendas paralelas de información que no formen parte de la estridencia mareada y compartir lo que aprendemos. Primeros pasos para lograrlo serían dejar de lado -sin satanizar- elementos como la revista TV y Novelas y su imitación de los Oscar, o La Red; buscar en Internet y en otras fuentes más información acerca del premio Goldman y, sobre todo, de quienes han merecido este reconocimiento. Naturalmente, hay nombres y acciones en muchísimos otros aspectos de nuestra vida como especie en los que intervienen personas que vale la pena conocer: el arte, la política -no confundir con la politiquería-, el deporte, la ciencia, etc. Pero el cuidado del planeta y las cosas contra las que luchaba Berta deben movernos a priorizar.
¿Nos olvidaremos de Berta Cáceres? Está en nuestras manos, en nuestras mentes y en nuestros corazones no hacerlo.
Leí hace unos días la entrevista hecha por la revista Semana a uno de los creadores de cierta aplicación informática que está "revolucionando la forma de pedir domicilios y hacer compras en Bogotá. Su éxito ya la llevó a Ciudad de México". Según la empresa fundada a partir de esta herramienta, la idea es "reducir los tiempos de entrega de domicilios de cualquier tipo. Hoy entregamos un mercado completo en 35 minutos, y una gaseosa, en ocho [sic]. Y no nos limitamos a enviar alimentos".
Me llamó muchísimo la atención la manera como el entrevistado explica el sentido de su iniciativa, la cual gestiona con sus compañeros: "Lo que hacemos es simple. Conectamos a quienes quieren trabajar con quienes necesitan algo, y esta conexión está cambiando las cosas: usted ya no tiene que ir a hacer mercado (algo hoy absurdo), los mensajeros tienen más trabajo, y los tenderos de barrio mejoran sus ingresos [sic]". La revista, punto aparte, alza la ceja: "¿Ir a hacer mercado es absurdo?". Respuesta: "Hoy alguien que gana 3 millones de pesos pierde 56.000 al gastar tres horas en un mercado. En toda economía el tiempo tiene valor, y las ineficiencias retrasan el progreso de un país. [Nuestra empresa] transforma la sociedad".
La revista, aún no convencida, insiste: "Eso podría parecer exagerado. Explíquese". "Hoy el mundo está sacándole provecho a la inmediatez y a la practicidad, y por eso no tiene sentido andar con un carrito de mercado. Ese tiempo puede invertirse en otras cosas. Una sociedad que se divide las tareas crea bienestar y valor agregado", señala el emprendedor personaje.
Pensando especialmente en los apartados de la entrevista citada, recordé que mi mamá me llevaba con frecuencia a la plaza de mercado del barrio Quirigua. Todos los sábados, ella iba a ese lugar a comprar las verduras, las frutas, las carnes y otros alimentos para cocinar durante la semana. De niño, en varias ocasiones me obligó a acompañarla ya que, como buen hijo... de la era televisiva ochentera, para mí era mucho más interesante quedarme en la casa viendo a los Transformers que irme con ella a ayudarle a mover el carrito con las provisiones bajo el sol sabatino. Me acuerdo de que, mientras ella interactuaba con vendedoras, proveedores y clientela, la mayor parte del tiempo yo permanecía junto a ella pero también en el fondo alejado de todo eso, ansiando estar en cualquier otro lugar, menos allí.
Cuando me casé, asumí una serie de responsabilidades en mi nueva familia. Entre ellas, la de hacer las compras del mercado. Ya nos tocaba a nosotros dos ocuparnos de esas cosas que a algunos afortunados nos las hacían antaño. Y fue entonces que ocurrió la revelación.
Lo que en mi infancia fue por lo general una actividad pesada, agobiante y nada divertida fue, a la larga, una gran escuela con tremenda maestra: mi mamá. Estoy muy agradecido con ella por obligarme a acompañarla tantos sábados a hacer mercado. Hoy, ya adulto, he descubierto en mis visitas a la plaza de mercado de mi sector un floreciente mundo de comunicación -no por nada, y lo digo sin ser experto, uno de los escenarios que más ha albergado estudios es la plaza: Quirigua, Paloquemao, Corabastos...-. En el contacto con vendedores y clientes vi a mi mamá conversar, reír, intercambiar opiniones, regatear, pensar, sentir, interactuar con sus semejantes. Sin saberlo, ahí estaba yo aprendiendo de ella: educomunicación "de la de verdad pa' Dios". Y eso que aprendí procuro aplicarlo en mis compras.
Hoy, gracias a mi mamá, puedo hablar con quienes nos proveen de papa, de yuca, de verduras, de carne y de frutas. Conozco sus nombres; cuando llego a sus puestos les saludo y ellos me reciben con amabilidad y con cariño, porque ya nos conocen. Incluso se extrañan cuando voy yo solo: "¿vino sin su esposa? Por favor, me la saluda mucho". Puedo escoger la fruta. Puedo ayudar a desgranar la arveja o el frijol y, mientras tanto, charlamos. Les pregunto por sus familias, me cuentan sus alegrías y esperanzas; en ocasiones, sus penas. Nos angustiamos juntos cuando llueve mucho, cuando llueve poco o cuando no llueve. Criticamos al Gobierno y a la gente politiquera, hablamos acerca de la educación de la infancia, de la urgencia de no desperdiciar la comida y de no depender de las bolsas de plástico. En algunas ocasiones nos pedimos consejo mutuamente y en otras agregan al pedido algo más en gramos, o una fruta extra. Y aun si no lo hicieran, nunca nos dejan ir sin darnos una sonrisa.
También necesitamos productos que solamente se consiguen en almacenes de cadena. Allí el ambiente es muy diferente al de una plaza de mercado, especialmente porque no hay mucho tiempo para conversar. Pero procuramos hacerlo con las cajeras y con los empacadores. Estas personas nos hablan, entre otras cosas, de cómo las mal planificadas remodelaciones del lugar donde trabajan suelen afectar su salud y su desempeño laboral; nos hablan de clientes absurdos que exigen que una sola botella sea empacada en tres bolsas plásticas; que reclaman, a punta de gritos y de groserías, un mejor servicio; que no saludan, no sonríen o no dan las gracias. ¿A cuántos podrán contarles estas cosas?
Sin demeritar su idea ni sus esfuerzos me atrevo a pensar que, para el empresario visionario del que hablé al comienzo de esta entrada, soy una persona absurda e ineficaz, contraria al progreso del país, que no reconoce el valor del tiempo en la economía neoliberal predominante y que, para colmo, lo desperdicio sin obtener ganancia alguna. Lo soy, por el hecho de ir a hacer mercado con mi carrito azul, solo o en compañía de mi esposa. Y creo que tiene razón. Soy una persona absurda que aprendió de su mamá a encontrarse con los demás en un lugar público, cotidiano y lleno de vida como las plazas de mercado. Soy una persona absurda que no quiere simplemente hacer una transacción económica, sino que ansía ver los rostros de la gente, escuchar sus palabras y, en lo posible, compartir con ella mis ideas sin imponerlas. Soy una persona absurda que no desea "dar papaya" al sedentarismo y al ostracismo social haciendo que todo me lo traigan a la casa por ahorrarme unos pesos o por hacerme un estatus. Soy, en pocas palabras, una persona que quiere ser humana en espacios humanos, lo cual requiere ese tiempo bonito del que hablaba Michael Ende en Momo al presentar al señor Fusi, barbero de profesión: el tiempo del "chasquido de las tijeras, el parloteo y la espuma de jabón". Esto no me hace mejor ni peor, valga la aclaración. Pero me hace muy feliz.
Fotografías: Exteriores de la Plaza de Mercado de Las Ferias, por Carlos Novoa Pinzón.
“José Galat no me ha echado a mí del lugar. Él
canceló mi contrato, vamos a decir las cosas un poco más categóricamente”. Así explicó
Diego Arango, hoy exgerente del canal católico colombiano Teleamiga, su salida
de esta empresa en una entrevista concedida a Blu Radio.
Arango, quien fue explícito en señalar que su
trabajo durante 17 años en Teleamiga ha sido fundamental para el éxito de la
propuesta que hizo al presidente de la Universidad La Gran Colombia durante un
almuerzo en Miami -según sus palabras-, expresó su preocupación frente a la
confusión de la que ha sido presa la audiencia del canal por cuenta de ciertas
ideas de Galat acerca del papa Francisco: “El doctor Galat, que es un estudioso,
un intelectual, un hombre que tiene profundos conocimientos del Apocalipsis y
de las diferentes profecías, revelaciones, privadas revelaciones reconocidas [sic], él ha hecho análisis en donde él
presume –no lo ha afirmado, ¿eh?- [sic],
presume que el papa Francisco puede llegar a ser el falso papa o quien le está
abriendo la puerta al Anticristo para la llegada del gobierno único mundial, y
en ese gobierno se tendrá una religión integral”.
El exgerente y cofundador del canal agregó: “el
doctor Galat tiene argumentos muy poderosos que son entendibles para personas
de alto calibre intelectual. Obviamente, yo no estoy de acuerdo con esas
teorías (pero) de golpe, puede tener razón”. Y aunque está convencido de que su
ex compañero de labores es “un defensor de la Iglesia y de la fe”, cree que el
pensamiento de Galat, difundido a través del canal, ha sido a la larga un
problema para el mismo: “eso a nosotros nos ha afectado, porque en las
parroquias de muchos lugares de Colombia, de diócesis, ya se dice: ‘No se vea
Teleamiga’ y entonces obviamente nosotros vamos a disminuir nuestra audiencia,
que la hemos logrado y a mí me ha tocado trabajar en estos años, 15 años para
poder crecer una audiencia maravillosa [sic]”.
José Galat, por su parte, en declaraciones a Todelar, considera que el asunto del papa expresado por Diego Arango “es una
cortina de humo” que éste elaboró como un “pretexto, cuando supo que tenía que
responder por un cambio (una actualización dentro del canal) (…) y no
respondió”. En todo caso, tiene muy clara su posición frente al papa Francisco:
“me dan grandes dudas algunas afirmaciones de él, de tipo doctrinario, que
contradicen los dogmas. Por ejemplo, que no hay verdades absolutas. Por
ejemplo, que todo el mundo se va a salvar, cumpla o no cumpla los mandamientos,
etc. Son una serie de afirmaciones de tipo doctrinario que suscitan una gran
perplejidad y una gran confusión en la gente. Necesitamos que el papa nos
aclare muchas de estas afirmaciones que él vive haciendo”. Galat agrega:
“(Francisco) es un papa muy distinto a los papas anteriores” que, aunque tiene
cosas buenas, como la popularidad, “no significa que guarde la integridad de la
fe” al negar, según él, verdades de la misma. “¿Cómo nos vamos a salvar
gratis?”, se pregunta Galat a partir de lo que ha escuchado del papa. Y
reitera: “Si tú niegas un dogma, niegas todo”.
Poco tiempo después de estas declaraciones, la
Conferencia Episcopal de Colombia emitió un comunicado en el que “rechaza
enfáticamente las afirmaciones del Doctor [sic]
José Galat y del Doctor [sic] Rafael
Arango, y lamenta que un canal que se autodenomina católico, se deje llevar por
fundamentalismos que ningún bien hace a los creyentes. Esperamos que, después de
una seria y concienzuda autoevaluación, el canal Teleamiga vuelva a transmitir
fielmente la doctrina católica, evitando debates innecesarios que solo provocan
en los fieles perplejidad, desorientación y escándalo”.
Todo el episodio relatado hasta aquí es una escena
más del juego de poder que se desarrolla en la Iglesia Católica según el rito
romano y que suele ocultarse con el fin de no desentonar con el llamado a la
unidad y a la fraternidad, de no quedar mal, de no “dar papaya”. Dicho juego
implica desacuerdos, intereses contrarios que chocan, la necesidad de crear y conservar
influencia, el afán de demostrar con el fin de legitimar posiciones. Se trata
de un panorama complejo en el cual salen perdiendo las personas creyentes, la gente del común que no entiende de teologías ni de
estrategias.
Tengo que reconocer que no soy un “teleamigo” –como
se denomina, en los códigos internos del canal, a su audiencia- y que por lo
tanto no puedo hacer un juicio de valor a todo su proyecto. Pero dentro del
juego de poder que he señalado identifico un elemento en el discurso del canal
que proviene precisa y especialmente del señor Galat y de otra de las figuras
reconocidas de Teleamiga, Rafael Arango Rodríguez, también mencionado en el
comunicado de la Conferencia Episcopal: una obsesión por los “tiempos finales”
y por los “castigos”.
En 2015, en su cuenta de Facebook, el señor Rafael Arango Rodríguez pidió oración rogando por la misericordia de Dios ante la amenaza de un terremoto en Bogotá que se constituiría en un castigo divino por los muchos pecados que en esta capital se cometen. Generó tal alarma que pocas horas después tuvo que hacer una nueva publicación con aclaraciones. Lo que hay que subrayar son las razones ofrecidas para la catástrofe: “abortos incontables, nuevas leyes que conceden ‘derechos’ a los homosexuales, corrupción hasta en la misma justicia, crímenes de toda índole, una juventud desordenada y que se impone sobre la débil autoridad de sus padres…”. Posteriormente Arango retiró ambos mensajes de la red virtual.
Estoy de acuerdo con el señor Arango Rodríguez en
que la nuestra es una sociedad descompuesta. Hay injusticia y crímenes, claro
que sí. Pero el hecho de que en su lista incluyera expresamente referencias a
los homosexuales y a la juventud descarriada genera la pregunta de si el
ofendido en estos casos puntuales es Dios, o es él, Arango Rodríguez, junto a la
gente que piensa como él. Aparte, ¿cómo se puede identificar el Dios del Evangelio
que pretende anunciar el canal Teleamiga con ese dios tipo Enola Gay que, según
Arango y sus videntes anónimos, es capaz de bombardear sin miramientos ni
consideraciones, destruyendo una ciudad en segundos? Es un doble juego, una
doble postura. ¿Dios es Amor, o es un vengador ciego y sanguinario? Ante este
hecho, ¿cómo no va a estar la gente confundida? Claro que ahora la confusión no
está aquí, sino en si el canal está o no del lado del papa. Por lo tanto, hay
más de un motivo para la perplejidad.
Sospecho que la difusión de estas ideas responde a
una postura del señor Galat y de los suyos que se puede confirmar con el asunto
de la despedida de Diego Arango –ignoro si es pariente del señor Rafael-. Dichas ideas son la justificación de un estado de cosas que a ellos no le interesa que
cambie. No hubo ni hay “dudas” frente a figuras como Juan Pablo II y Benedicto
XVI. ¿Por qué ahora sí las hay con Francisco?
Diego Arango habló de dos situaciones concretas, entre muchas, que
preocupan a Galat: el video en que el papa llama al diálogo entre las religiones y su negativa a juzgar a los homosexuales. Ambas son vistas por
Galat y por muchos católicos como señales de la descomposición de la cristiandad, como actos
permisivos con clara raíz maligna, cuando en realidad la primera es un llamado
al respeto mutuo -que, entre líneas, a mi entender señala que los católicos no debemos creer que tenemos el monopolio de la salvación ni que somos superiores a nadie-,
mientras que la segunda es una invitación concreta para practicar la
misericordia. Las sospechas de Galat me hacen recordar las reacciones negativas de no pocos católicos, especialmente de propietarios de
tierras y de medios de producción, cuando el papa Pablo VI, en su
encíclica El progreso de los pueblos, afirmó que “la propiedad privada no
constituye para nadie un derecho incondicional y absoluto”. Seguramente aquellas buenas gentes afirmaron tajantemente que estas palabras del papa eran bastante sospechosas también: todo un atentado al orden establecido.
Muchas de las palabras del papa Francisco no se
acomodan al pensamiento de personas como Arango y Galat. Sobre todo, las
que según ellos le quitan prestigio y legitimidad a la iglesia institucional, y a un
discurso que, directa o indirectamente, justifica sus propias seguridades y sus
cuotas de poder. Gente como ellos quiere ver en la fe lo que les interesa, en
su beneficio, y con base en esto determinan para otros qué está bien y qué está
mal. Nada hay más alejado del mensaje del Evangelio que su obsesión por los
“tiempos finales” y por los “castigos”, la cual es la verdadera cortina de humo
que cubre el llamado a la justicia, a la misericordia y a luchar por la dignidad
de toda persona. No quieren servir a la gente, sino guiarla según les convenga.
Y esta, a cambio de esta guía, debe sacrificar su propio criterio, su capacidad
de pensar y de hacer preguntas, su derecho a la comunicación. En una palabra, su
dignidad.
Para estos propósitos aluden a sus conocimientos y
estudios, a sus ideas de "alto calibre intelectual", para dar más peso a su mensaje y más autoridad a su figura. Y para tomar más distancia de sus semejantes. Ideas que solamente unos pocos entienden, los mismos pocos que las traducen a la gran masa de simples. Con todo, me
pregunto cómo una persona tan instruida como el señor Galat teme la aparición
de un gobierno único mundial pero no es capaz de ver que este, de hecho, ya existe: se llama neoliberalismo globalizante. Y habría que ver si estaría tan asustado si la única
religión impuesta por ese gobierno fuera el catolicismo, naturalmente tal y
como él lo entiende y como a él le sirve.
Este "asunto Teleamiga" debería ser una lección para todo creyente cristiano, para toda persona que basa su vida en el Evangelio: urge tener el criterio, la valentía y la coherencia para examinar todos los contenidos que se nos ofrecen a través de canales de televisión, emisoras, periódicos, páginas web, etc., que cuenten con el rótulo "católico" o "cristiano", ya que el hecho de que los tengan no es garantía de que todo lo que en ellos se emite es positivo y acorde con el mensaje de Jesús de Nazaret. Y como puede apreciarse en el caso de la salida del señor Diego Arango de una empresa que él concibió originalmente -según sus palabras-, no hay que creer que dichos medios son espacios serafinescos e inmaculados: allí se encuentran mujeres y hombres con luces y sombras, como cualquier integrante de la única raza que existe: la raza humana.
Para terminar, la actitud del señor José Galat me
recuerda un personaje de mi maestro de la comunicación Mario Kaplún: el
respetuoso señor Soto. De él dice así por boca de su inolvidable padre Vicente: “de modo
que Soto invocaba permanentemente al obispo. Para él, la palabra del obispo era
sagrada. Defendía ardientemente al obispo. Atacaba y acusaba de desobediencia
al que se permitiera la menor crítica al obispo. Pero todo eso, mientras creía
que el obispo pensaba como él. Como él quería. Como a él le convenía. Pero
cuando el obispo habló, y dijo lo que a él no le gustaba, ¡se acabó el respeto
al obispo! ¡Se acabó la obediencia al obispo! ¡El obispo también es hereje! ¡A
la hoguera con él también! En fin… Cada día se aprende algo nuevo, Señor”. Escuche al respetuoso señor Soto aquí:
La punta
José Ignacio López Vigil publicó, a finales del año pasado, un nuevo libro llamado Pasión por la radio. Recomiendo este texto que va más allá de una muy interesante propuesta para capacitar y educar a radialistas de nuestra América a través de la estrategia del taller: se trata de un valiente llamado a fomentar, a través de la radio en nuestro continente, valores, derechos y la búsqueda de soluciones a los urgentes problemas que ocasionamos y que, a la vez, padecemos. Léalo: se llevará unas cuantas sorpresas. Puede descargarlo aquí.