lunes, 25 de mayo de 2015

Acerca de "El Abrazo de la Serpiente"

La difícil interculturalidad mostrada en una película extraordinaria. 



No se nos debe hinchar el pecho de falso orgullo patrio por el hecho de que la película El Abrazo de la Serpiente haya sido reconocida y elogiada en la más reciente edición del Festival de Cannes de una forma que probablemente ningún largometraje nacional ha disfrutado a nivel internacional. Más bien, debemos sentirnos muy contentos y agradecidos con el equipo de realización del filme, encabezado por su director, el riodorense Ciro Guerra, por atreverse a narrar una historia muy completa, fruto consciente de años de trabajo, que ofrece muchos elementos de discusión. El Abrazo... demuestra que en Colombia es posible hacer producciones de calidad capaces de salirse de los estereotipos a los que, para bien o para mal, se ha plegado nuestro cine; además, según lo percibido cuando mi esposa y yo fuimos a verla, capaz de congregar a un buen número de personas.

Pero yo no soy experto en cinematografía para ahondar en las reflexiones anteriores. Prefiero decir que El Abrazo... es una mirada a un territorio colombiano que, como dice Guerra, es desconocido para el país. Lo más triste es que, según el realizador, ese Amazonas colombiano del que se habla en la película ya no existe. La zona andina tiende a auto-referenciarse en constante y estéril conflicto con la costa caribe, mientras que los llanos orientales son una especie de estampa folclórica mal conocida y la costa pacífica grita pidiendo atención y respeto, con unos pocos escuchándola. Entre tanto, la Amazonía colombiana parece reducirse al Trapecio, a la ciudad de Leticia concretamente, y eso es todo para el colombiano promedio en cuanto al tema. Y por cuenta de los apetitos de los mercaderes, a lo que se perdió sigue lo que se está perdiendo justo ahora. Ante este panorama, El Abrazo... es un llamado de atención narrativo.


El explorador alemán con los indígenas
Narrativo, ya que cuenta una historia que atrapa desde los primeros fotogramas. En un montaje muy interesante se nos presenta al chamán Karamakate, el último de su comunidad, y su relación con dos investigadores, uno alemán y otro estadounidense, en momentos diferentes de su vida, durante la primera mitad del siglo XX. Estos encuentros tienen en el río Amazonas y en la selva el escenario de los encuentros y desencuentros entre el nativo y los extranjeros que acuden a él para buscar, por diferentes motivos, una rara planta custodiada por la gente del iluminado. En el recorrido hecho a punta de canoa para localizarla, se cruzan situaciones espeluznantes y dramáticas que dan cuenta de la forma como fue tratada la Amazonía y su gente por los autoproclamados adalides de la civilización. Guerra, no obstante, se la arregla para coser a la historia interesantes retazos de alegría también, aunque no son muchos por cuenta de lo que está contando.

La historia en torno a la planta misteriosa y Karamakate hace pensar que pocas cosas son más difíciles que la interculturalidad, que el diálogo fructífero, fecundo y gestor de vida entre culturas diferentes. Porque se juntan las virtudes y los defectos de lo blanco y lo indígena, los matices que se desarrollan en el encuentro entre lo nativo y lo extranjero, el respeto y la dominación, la curiosidad y el abandono, el amordazamiento cultural y la lucha por la supervivencia de las tradiciones, se suman al respeto por la Naturaleza y sus leyes, las músicas y los sonidos, al derecho al conocimiento y a la locura que se desata... Demasiados elementos. Destaco la locura, ya que su representante en la película -un autoproclamado mesías que instala su iglesia en plena selva, seguido de un buen grupo de alucinados indígenas- me hizo recordar a Antonio el Consejero, protagonista de la brasileña Guerra de los Canudos, narrada por Euclides da Cunha y Mario Vargas Llosa, aunque no necesariamente hay una plena identificación entre ambas figuras y sus respectivos contextos. Este salpicón de ideas y de sensaciones se mueve a mil revoluciones en la cabeza durante la proyección y una vez termina la película. El movimiento no se detiene. Al menos, eso es lo que se espera.

El viejo chamán y el explorador estadounidense
El misionero
Precisamente el elemento religioso del filme es uno de los más perturbadores. En mi calidad de creyente -y espero que sea así para cualquiera que diga serlo- lo visto en él referente al cristianismo duele y avergüenza. Imposible generalizar, claro, pero es tapar el sol con un dedo refutar que en la selva muy poco o nada de la Buena Noticia se compartió con los indígenas. Lo cierto es que más bien, tomándola de pretexto, se impuso una forma de ver el mundo que negó e hizo invisibles una cosmología y una interpretación espiritual que, bien entendidas, serían hoy pistas certeras para el andar por la vida de muchas personas. No solamente se han perdido y se pierden en el Amazonas especies animales y vegetales; también se pierden conocimientos y espiritualidad.


Hay que mencionar de manera especial los muy buenos aportes de actrices y actores que aparecen en el filme, especialmente los de los intérpretes indígenas como Tiapuyana y Yauenkü Migue. Ninguno de ellos estudió en academia de actuación alguna, pero el pleno convencimiento del mensaje que querían entregar, sumado a la actitud ética asumida por el equipo de producción, logró que dieran en el clavo. Imposible no acordarse del neorrealismo italiano y de Ladrón de Bicicletas. Ojalá que estas personas no se conviertan para la prensa mediática en animalitos curiosos que hoy se alaban y luego se olvidan, como le ha pasado, digamos, a Juan Pablo Montoya en estos días. 

Ojalá que quienes vean El Abrazo de la Serpiente puedan comenzar una ruta hacia esa región natural de nuestra Colombia desconocida que la rescate del olvido y que nos haga valorar, respetar y disfrutar el legado que aún lucha por sobrevivir. Estas son alternativas para desarrollar la interculturalidad, al menos en el inicio de su ejercicio.

¿Nos atreveremos ahora a recorrer los caminos de la Serpiente?

Les dejo una entrevista al director y a los protagonistas de la película:



Y su avance oficial:


Ficha técnica de El Abrazo de la Serpiente.


Las puntas

Manifiesto mi saludo  a lectoras y lectores de este blog no sólo en mi país, Colombia, sino también en países del continente como Estados Unidos, México, Ecuador, Chile, Argentina y Bolivia, e incluso en Alemania, Rusia y Ucrania. ¡La maravilla de la tecnología! Gracias por sus aportes y por seguir estas entradas. 

Oscar Arnulfo Romero ahora es beato de la iglesia católica según el rito romano. Dice la prensa que el partido político fundado por su asesino intelectual salió a sumarse a la celebración por el hecho. Como si nada. Este tipo de situaciones no puede ser olvidado en medio de los hosanas y los aleluyas de los que declaran a Romero "mártir del amor", cuando en realidad es el "mártir de la justicia". Hacerlo sería agregar otra dosis de edulcorante al mensaje de san Romero de América. 

viernes, 15 de mayo de 2015

The King is gone, but... (El Rey se ha ido, pero...)

"Lo maravilloso de aprender es que nadie puede arrebatárnoslo".

A Mónica, Jhonathan y Juan José. Esta es la tristeza, el blues.


B. B. King, retratado por Sterling Hudley.
Ilustración para la revista Rolling Stone, agosto de 2008.

Uno se levanta temprano, antes de que salga el sol. Enciende la radio para escuchar las noticias. De pronto, suena una música que es parte de la banda sonora de la vida propia, porque ha construido fibras del cerebro y del corazón. Qué maravilla. Sin embargo, la alerta aparece inmediatamente: ¡esta música no es parte de la programación de ninguna emisora de moda! Y el locutor entonces anuncia: en las últimas horas falleció el intérprete, o el creador de esta melodía que están escuchando, amables oyentes. No es, de ninguna manera, la mejor forma de comenzar el día. 

Me pasó a finales de 2012 cuando me enteré de la partida de uno de mis héroes, el maestro Ravi Shankar. Y me ha pasado hoy, con el anuncio del viaje definitivo de otro de ellos, del maestro Riley Ben King, mejor conocido como Blues Boy King o B. B. King.

Hace más o menos 15 años, caminando por las calles del centro de Bogotá, supe de su existencia, cuando ya llevaba varias décadas ejerciendo su derecho a tocar el blues, como él mismo dijo alguna vez. Fue en un puesto callejero que exhibía colecciones de discos; allí me encontré con él y con los Yardbirds. El disco de B. B. que adquirí en esa ocasión estaba conformado por temas de un concierto ofrecido junto a su banda en Kansas City, en 1972. Bastó escucharlo para entrar por una puerta alucinante al mundo del blues, del cual no me quiero ir. A partir de B. B. conocí a los otros dos kings del blues -Freddie y Albert-, a T. Bone Walker, Muddy Waters, Willie Dixon... A Howlin' Wolf, Leadbelly, Sonny Boy Williamson I y II -que no eran familia, como no eran familiares los tres reyes-... A Buddy Guy, Bukka White -este sí, primo de B. B.-, obviamente a Son House, Bessie Smith y Robert Johnson... Una lista interminable que dio paso a otra, conformada por los estudiantes de estos maestros: Eric Clapton, Jeff Beck, Pink Floyd, Peter Green, Susan Tedeschi, los Manal, Pappo... En fin. 


B B. King de joven.
www.teabreakfast.com
B B. y Lucille.
www.bbking.com





















¿Qué lo hace tan especial? B. B. King tuvo la gran fortuna de ser un músico de blues reconocido y apreciado no solamente por su generación, sino por las posteriores. Si se presentaba en el Festival Crossroads, convocado por Eric Clapton como una suerte de reunión de los mejores guitarristas, su presencia era reverenciada cariñosamente por todos los participantes y, cómo no, por los asistentes. Siendo en la práctica el más joven de las primeras grandes leyendas del blues, de esas que se formaron en el sur de los Estados Unidos a punta de resistencia ante las discriminaciones, la pobreza y las tristes historias de vida, que se inventaron una forma totalmente original y novedosa de cantar, tocar y expresar los sentimientos más profundos, B. B. era como una especie de cable de seguridad que mantiene unidas dos épocas distantes, pero similares en el hecho de que la gente sigue sintiendo tristeza, pero también sigue con ganas de estar alegre a pesar de los pesares, a pesar de las normas y de los protocolos.

Más allá de este "papel de cadena" -una responsabilidad que no es para cualquiera- y de las circunstancias de debilidad que cualquier Homo sapiens tiene que enfrentar y reconocer, B. B. King era un buen tipo. Nunca he visto un concierto suyo -gracias a Internet- en que no le diera a los músicos de su banda la oportunidad de lucirse ante el público, con reconocimiento de nombre y apellido a cada uno tras su intervención. Nunca un concierto en que se tomara buen tiempo para hablar a la audiencia, para no tomarse a sí mismo tan en serio y bromear. Si veía un talento, se daba el gusto de reconocerlo y de mostrarlo tanto a sus pares como a su público. Tengo entendido que una vez que fue a Buenos Aires, conoció y escuchó a Pappo, considerado por muchos como el mejor guitarrista de blues argentino; fue tal el grado de emoción que tuvo al ver al Carpo con su viola y el impacto que generaba en el respetable, que le propuso irse a Nueva York para tocar con él en el Madison Square Garden. Pappo nunca olvidó este detalle.

En las entrevistas, B .B. no se daba importancia y prefería reconocer la de otros. Le preguntó Brian Hiatt de la revista Rolling Stone (agosto de 2008) acerca de cuándo se dio cuenta de que su estilo estaba teniendo una gran influencia. "Bueno, estaba mirando la TV una noche", recordó, " y el cantante de los Beatles, John Lennon, dijo que desearía tocar como B. B. King. Casi me caigo de la silla. Y comencé a pensar: 'Dios, ¿qué estoy haciendo? Es el grupo más grande de la Tierra y el tipo dice eso de mí'. Traté de no creérmela" -no hay que olvidar que Lennon mencionó a King en la letra de la canción Dig It, del disco Let It be-. A renglón seguido, demostró que tenía amor propio, como el resto de mortales: "Pero seguro que pensé en ello. Era como si bajara Jesús y dijera: 'Sí, B. B., eres bastante bueno'". Y probablemente no estaría haciendo referencia a aquello de "somos más populares que Cristo". 

En la misma entrevista también se refirió a sus debilidades musicales, las cuales tuvo en cuenta para elaborar su estilo, característico por el empleo del vibrato al pulsar las cuerdas, las frases sorpresivas que arrancaban en notas agudas y los solos calmados: "yo quería tocar como mi primo Bukka White y otros grandes guitarristas que usaban slide -técnica de guitarra que consiste en deslizar sobre las cuerdas, entre los trastes del diapasón, una forma cilíndrica para producir un sonido muy característico-. Pero tengo dedos muy torpes. No sirven para el slide". ¿Velocidad a la hora de tocar, la obsesión de no pocos guitarristas?  "Bueno, los guitarristas son como los vaqueros en el salvaje oeste. El más rápido es el que practicó más. Pero yo ni siquiera hablo rápido, ¿así que por qué debería tocar rápido? Lo que principalmente trato de hacer es tocar las notas para que tengan sentido, no sólo para mí, sino también para ti. Si subiera al escenario y tocara sólo lo que se me ocurre, probablemente me mirarías como diciendo: '¿qué diablos está haciendo este tipo?'".



De izquierda a derecha: Albert King, B. B. King,
Eric Clapton y Stevie Ray Vaughan.
http://i.telegraph.co.uk/multimedia/archive/02373/stevierayvaughan_2373087b.jpg

Hiatt le preguntó, finalmente, qué pasaba por su mente cuando estaba metido en un solo. B. B. reconoció que nadie le había hecho esa pregunta anteriormente, pero se animó a contestar: "a veces olvido quién soy. Cuando estoy en el escenario, no me pongo a pensar en mí mismo. Pienso en la historia que estoy intentando hacerte entender. Es como hora, hablando contigo: me hace sentir bien que puedas entender lo que intento contarte. Aunque no cuente con todas las palabras, estoy haciendo lo mejor que puedo. Eso mismo es lo que pienso cuando estoy tocando".

Por todo lo expuesto en esta entrada, y especialmente por lo que señalado en el párrafo anterior, puedo comprender por qué aquel niño nacido en Itta Bena, Misisipi, me cautivó desde aquel disco suyo que encontré en el centro de Bogotá. B. B. King fue y seguirá siendo un auténtico comunicador de sentimientos y de ideas a través de la música. Por eso me duele mucho que nos haya dejado, aunque permanecen sus grabaciones. Su guitarra Lucille quizás esté llorando, mas su voz, que se hizo una con la voz de King -impresionante, sentida, auténtica-, seguirá resonando en nuestras mentes y en nuestros corazones. B. B. cantó "el estremecimiento se ha ido" -the thrill is gone-. "The King is gone", pero de alguna forma se queda.

Finalmente, les dejó esta entrevista hecha al artista que cuenta con una animación muy interesante.



Las puntas

Una mención especial como homenaje a las profesoras y a los profesores en su día -al fin, ¿se ganó o se perdió con el reciente paro? Unos dicen una cosa y otros otra-. Y también en el Día de la Banderita, un abrazo para la Cruz Roja. La idea de Henri Dunant sigue sirviendo al mundo. 

Con todo respeto. Parece que al señor obispo de Fontibón, Juan Vicente Córdoba, le pasó lo de la Chimoltrufia en su charla en la Universidad de los Andes: "cuando digo una cosa, digo otra". Quizás su propósito era dar a entender que para Jesús, el de Nazaret, no son importantes las inclinaciones sexuales de quienes siguen su mensaje -y eso está muy bien, realmente bien-, pero escogió expresiones que pueden sonar ofensivas para ciertas personas. Reconozco su entereza en las excusas que ofreció de manera pública posteriormente.


miércoles, 13 de mayo de 2015

Salento y el Valle de Cocora - Entre la belleza y el respeto

El departamento del Quindío (en verde).
http://www.turiscolombia.com/quindio1.html
El tamaño del departamento del Quindío, en Colombia -el segundo más pequeño del país- no es motivo para negar o ignorar su belleza. Al contrario. Nuestra sociedad, nuestro mundo globalizado, proclama constantemente las ventajas de lo grande, de lo "mega", de lo que se impone por su dimensión descomunal. Sin embargo, el Quindío puede presentarse como una hermosa excepción a esta regla artificial.

En el mapa colombiano, el Quindío podría asemejarse a una piedra preciosa ubicada, con todo el arte y la destreza de una colocadora, en el mosaico que llamamos Eje Cafetero o Triángulo del Café, entre las cordilleras Occidental y Central. Aquí están, aquí permanecen, el saco repleto de grano, el arriero, el jeep Willis, los recolectores, las chapoleras -mujeres recolectoras- y los gariteros  
-personajes encargados de anunciar con un grito característico a los recolectores la bogadera, bebida refrescante y energizante con limón y panela-, entre muchas otras figuras. 

La situación particular de esta zona del país, que poco a poco se ha recuperado después del sismo de 1999, plantea ser estratégico a la hora de una visita. Debido a su tamaño y a las buenas posibilidades de movilidad, se recomienda tomar un tiempo adecuado -digamos una semana, por lo menos- para conocer los municipios del departamento que ofrecen atractivos turísticos y otras comarcas cercanas a él ubicadas, por ejemplo, en la vecina Risaralda. Y establecer una suerte de campamento base en la ciudad capital, Armenia, para facilitar el acceso a ellos. 

Génova, Pijao, Córdoba, Buenavista, La Tebaida, Calarcá, Montenegro, Quimbaya, Circasia, Filandia -no Finlandia, valga la aclaración- y Salento conforman junto a Armenia la lista de municipios quindianos. Mucho espacio se requiere para referirse a cada uno de ellos como merecen. Por lo tanto, hablaré tan sólo de uno.



Salento es el municipio más antiguo del Quindío y atrae especialmente a los turistas, tanto nacionales como extranjeros, por sus paisajes y por la belleza de su casco urbano, de arquitectura colorida y dinámico por cuenta de sus muestras artesanales. Una larga vía repleta de locales comerciales que exhiben todo tipo de productos, elaborados con imaginación, es punto de encuentro cultural y artístico. Y es una grata experiencia subir a los balcones para tomarse un café o almorzar una buena trucha, preparada de varias y apetitosas maneras, acompañada por un exquisito patacón de plátano, grande y crocante, sin olvidar el "hogao", una salsa especial.






Pero no todo es urbano en lo que a Salento se refiere. No se conoce verdaderamente ese rincón de Colombia si no se acude al Valle de Cocora, reserva que forma parte del Parque Nacional Natural Los Nevados. Cocora -que en el lenguaje de los Quindos significa "princesa indígena" o "estrella de agua"- se puede recorrer a lomo de caballo, si no se teme andar sobre el animal por caminos humedecidos por las lluvias. Aunque no hay nada de qué preocuparse: los humildes corceles conocen perfectamente las rutas y pisan con más seguridad que cualquier humano. O se puede ejercitar las piernas, lo que permite un contacto más íntimo con el paisaje. Abrazando una palma, por ejemplo.

Cocora es el hogar de la palma de cera del Quindío -Ceroxylon quindiuense-, el árbol nacional de Colombia según determinó la Comisión Preparatoria del III Congreso Sudamericano de Botánica celebrado en Bogotá en 1952, decisión oficialmente reconocidea por la Ley 61 del 16 de septiembre de 1985. Entre la altura de cada árbol -entre 60 y 80 m- y la extensión del valle, con la mirada hacia arriba y hacia los lados, cualquier persona debería sentirse minúscula, sin más sentimientos que el agradecimiento, la veneración y el respeto por la Madre Tierra que muestra allí una de sus múltiples caras. No pocas veces, los truenos y los relámpagos de las temporadas de lluvia aparecen para ayudar a recordarle a turistas, visitantes y habitantes locales que son parte de la Naturaleza, no sus propietarios.




Afiche oficial para la protección
de la palma de cera
Lamentablemente, una faceta del fervor religioso popular permanece amenazante sobre las palmas de Cocora, sumándose a los factores que hacen posible su extinción. Cada Domingo de Ramos, como una forma de recordar la entrada de Jesús a Jerusalén montado sobre un burro, todavía se usan hojas de estos árboles a manera de homenaje, si bien desde hace ya varios años las autoridades han convocado a la población católica de rito romano a emplear otras opciones vegetales para demostrar su fervor. Este es, a mi juicio, un ejemplo de cómo ciertas tradiciones religiosas se mantienen entre la gente sin que ésta tenga en cuenta que pueden impactar la armonía ambiental. Es, por lo tanto, urgente una re-educación en temas de fe, en este caso cristiana, que enfatice la necesidad de abandonar ciertas prácticas que, si se miran bien, no forman parte esencial de la propuesta de Jesús de Nazaret: su mensaje no se modificará si dejamos a las hojas de palma en su lugar. Sin embargo, no basta con la acción oficial. La iglesia como institución y como comunidad debe sumarse con mayor ahínco a este esfuerzo.

En Salento se ejercita el sentido estético y en el Valle de Cocora se puede practicar el respeto. Dos motivos, tan sólo dos entre muchísimos, para conocer esa hermosa piedrita verde del mosaico cafetero que es el Quindío.


lunes, 13 de abril de 2015

Don Galeano

Una carta para un maestro, amigo y compañero de viaje.

Alguna vez me tomé la libertad de hacer este meme.

Don Galeano:

Hoy, usted y su colega Günter Grass partieron al Infinito, como digo cuando algún ser querido por mí inicia ese trayecto que debería ser natural para todo el mundo. Supongo que se encontraron en la sala de espera de la terminal invisible y aguardaron allí, juntos, el bus que dice en la tabla: "Destino: Eternidad". Si otro colega de ustedes, José Saramago, estaba en lo cierto, de seguro estarán hablando de cualquier cosa menos de literatura. De fútbol, por ejemplo. O de mujeres. O de política. En fin, tendrán mucho de qué hablar los tres. Tengo que reconocer que a don Günter apenas lo conozco de vistas, por la película que hicieron sobre El Tambor de Hojalata, y que a don Sara no lo han tocado mis ojos. Con usted, la cosa es diferente.

Ya que no pude cumplir con el sueño de ir a su Montevideo del alma a entrevistarlo, o mejor, a charlar con usted en el Café Brasilero, le escribo esta carta. Creo que no soy el único que lo hará: montones de latinoamericanas y de latinoamericanos, incluso gente que no lo es, también estará redactando, recordando, llorando, riendo a su salud, a su vida. Un amigo mío dice que no lo va a extrañar mucho, ya que nos quedan sus libros. Una amiga mía dice que no lo deja morir hoy: "yo lo mantengo vivito... por siempre". 

La primera vez que supe de sumercé fue en los libros de texto del colegio. Cosa curiosa, por lo menos. Creo que lo primero que leí de usted en ellos fue un fragmento de sus Venas abiertas de América Latina, aquel que habla del demente Ubico en Guatemala. Le perdí la pista hasta comienzos de este siglo, cuando escuché 500 Eng-años, la serie radiofónica escrita por mis amigos María y José Ignacio López Vigil basada en su libro más reconocido. Después de escuchar, a correr. A correr para buscar el texto impreso. Y a leer para aprender. Fue tan buena la adaptación de mis amigos, que mi suegra también siente hoy su partida, tras escuchar una y otra vez esos programas que la ayudan a pensar y, la verdad, también a dormir cuando, en ciertas noches, el martillo del físico insomnio no la deja descansar. Una paradoja.

A mí me parece que usted trató al final de restarle mérito a las Venas porque percibió que se convirtió para muchos en un ídolo más. Quizás intentó -en palabras suyas o de algún otro, no recuerdo- dinamitar su propia estatua antes del Viaje, para que no nos olvidáramos de que la Inmortalidad es un peso muy grande, y más si se padece en vida. Y de que su obra no puede engrosar la tétrica lista de los textos dogmáticos. Bueno. Pero por favor no nos culpe si de aquí en adelante lo mantenemos bien activo en la biblioteca de la casa, en la tableta o en el teléfono celular para leerlo cada vez que lo deseemos, que lo necesitemos o que, simplemente, nos dé la gana de pasar la vista sobre alguna vaina que contenga grafemas, por esa manía de leer que tenemos. Es que sencillamente aprendimos a quererlo.

Usted dijo que Las Venas fue hecho para conversar con la gente. Pero le cuento que ese objetivo se cumplió también con los otros escritos. Yo leí Días y noches de amor y de guerra y Patas arriba: La escuela del mundo al revés. Sólo llevo tres libros suyos. Ya ve que no soy fanático, o que por lo menos doy tiempo al tiempo. Y con ellos dos, digo, también me sentí como conversando con usted, como viendo reflejadas en su narración, en sus historias propias y ajenas, mis propias historias. Ellas también propias y ajenas. Eran, son conversaciones como las que se tienen con ese tío viajero que ha recorrido el mundo, sin echar raíces en ninguna parte pero amante como ninguno de su propia tierra, y que comparte su sabiduría sin alardear ni adoctrinar, enseñando a pensar con la cabeza propia. 

Y vaya que nos va a costar hacerlo ahora sin usted en física presencia. Perdone. Eso sí le molestaría: delegar el deber de reflexionar en el ídolo intelectual. Podemos seguir leyéndole, pero nunca renunciando a ese compromiso.

Dijo el de Nazaret: no llamen a nadie maestro, porque solamente tienen uno. Yo creo que él con esto estaba advirtiendo acerca del servilismo intelectual, esa tendencia a no querer asumir el riesgo y la libertad de usar el cerebro junto al corazón. Yo a usted lo llamo don Galeano, por respeto cariñoso, como don Ata le dicen a Atahualpa Yupanqui. Pero de cara a lo que me ha pasado con el Moreno, con Mario Kaplún y con usted, si ser compañero de camino así las rutas sean mentales; si ser amigo es sentir compañía así nos separen miles de kilómetros; si ser maestro es enseñar en las calles y en los campos la vida de forma sentipensante -sí, ya sé que el concepto no es suyo-... Pues los tres son mis compañeros de camino, mis amigos, mis maestros. Eso sí: no vaya a creer que serán los únicos. No, creo que no lo creerá.

Ahora que tome el bus rumbo a la Plaza Eternidad en compañía de don Günter, le pido por favor que siga escribiendo. Aunque creo que esta petición no será necesaria. Quizás ya esté pensando en aprovechar el viaje para recolectar entrevistas a tipos como Artigas, Bolívar, el obispo Romero, Allende y el Che. Entrevistas a María Carolina de Jesús, a los cuatro obreros que murieron en aquella fábrica de conservas de pescado que hedía a gas. Entrevistas a los famosos y entrevistas a los que no lo son. Me gusta pensar que, cuando me toque a mí también abordar ese bus y llegue a esa plaza, esos nuevos trabajos estarán disponibles para su lectura. ¿No fue usted el que habló del derecho a soñar, del derecho al delirio?



Buen viaje entonces, don Galeano. Por allá nos veremos.

martes, 7 de abril de 2015

Dar a los "héroes" su justo lugar

A propósito de la anunciada visita del papa Francisco a Colombia.

Tras conocerse en plena Semana Santa a través de los medios de información el anuncio de una visita oficial del papa a Colombia, publiqué en redes virtuales algunas opiniones acerca de la noticia. Quisiera ahora reflexionar acerca de otros detalles que surgen a partir del hecho.

Ha dicho mi amigo el sacerdote Mario Castellar que mira "con preocupación que su venida (la del padre Bergoglio) sea asumida con la mentalidad mágico religiosa de la mayoría de los colombianos y (que) sea motivo de manifestaciones papolátricas como las que se vieron en anteriores visitas papales, que no conducen a ningún cambio de conducta en la mayoría de la gente". Voy a ahondar en el enfoque que plantea Mario y no en lo que está trasnochando, al parecer, a ciertos sectores políticos del país, temerosos de que el viaje del Obispo de Roma se "politice". No hay que pertenecer a ningún partido para saber que esa es una posibilidad tangible; basta con tener dos dedos de frente, como dice mi mamá.

Le doy la razón a mi amigo el cura: la relación de muchos católicos con la figura del papa llega a extremos, si bien no similares, al menos comparables a la que puede tener, por ejemplo, una adolescente anglosajona con The Beatles en su momento o Justin Bieber en este. ¿Cómo una efigie que hace cien años era tan lejana y, por lo tanto, tan intocable, es ahora al menos en apariencia tan cercana, tan apreciada, tan querida por tantas personas?

¿Quién hubiera ido detrás de la litera de algún pontífice de comienzos del siglo XX, digamos, a besarle la mano para luego salir corriendo, ahogado por las lágrimas ante semejante privilegio? En aquella época, entre el papa y la gente había una barrera invisible gruesa. La cosa comenzó a cambiar con Juan XXIII y la enorme simpatía que a nivel mundial generaron su trabajo, su propuesta de renovación -que no siempre impregnaba todo lo que salía de su cabeza, según ha escrito Hans Küng, mas esto no le resta méritos- y, sobre todo, sus actitudes y sus gestos. Estos aportes fueron capitalizados posteriormente por sus sucesores, especialmente los Juan Pablos, y sobre todo el segundo.

Ilustración de Naide para el texto
"Mis encuentros con el papa", de Daniel Samper P.
Hablando del padre Karol, cuenta Daniel Samper Pizano en uno de sus sabrosos textos, que alguna vez pudo asistir a alguna de sus audiencias colectivas: "estas audiencias, para los que crean que es una reunión privada con el Santo Padre, son en realidad multitudinarias congregaciones de peregrinos (que es el nombre religioso del turista) en las cuales el más afortunado de los presentes logra divisar al Papa a unos 50 metros de distancia. Esta vez, sin embargo, volvió a suceder una cosa rara. A diferencia de sus antecesores, que despachaban bendiciones desde lejos a la audiencia, el Papa quebró las normas de protocolo y se acercó hasta la horda de fieles que lo miraba y aplaudía. Saludó de manos a muchos, alzó a un niño, lo tiró al aire, le hizo dar tres saltos mortales antes de volverlo a recibir con sus manos como palas, sonrió de cerca a algunos peregrinos sicilianos y regó una ducha de carisma en la atiborrada asamblea que lo vivaba como a una estrella de cine o una luminaria del rock" (A mí que me esculquen, "Mis encuentros con el papa", Editorial Oveja Negra). 

Así fue: la "persona del año" en 1994 -según la revista Time- fue quien dio forma definitiva al papal star system y estas pautas de relación con la feligresía, hábilmente desarrolladas gracias a los avances tecnológicos de los medios de información, han sido seguidas por sus dos sucesores a la fecha con mayor o peor fortuna. Pero no es cosa solamente de los medios: hay propuestas estratégicas contundentes, como la Jornada Mundial de la Juventud, que yo en ciertas ocasiones he cuestionado porque parece una maniobra publicitaria de la institución, hecha con el deseo de montones de chicas y chicos de "apoyar al papa" -se habla más de eso que de apoyar a Jesús y a su mensaje, y sobre todo, de practicarlo plenamente- y que también tiene, retomando lo que cuenta Samper, un mucho de negocio turístico. 

La relación que actualmente tiene el papa con amplios sectores del catolicismo "de a pie" tiene bastante que ver con la figura mítica del "héroe", figura que se admira por sus obras o por las narraciones que de ellas se hacen, en las cuales se llega hasta el punto de que cruzar un camino se convierte en la épica hazaña de atravesar todo un continente. Según lo veo ese es el problema de las figuras públicas admiradas: son tan apreciadas, que se las eleva y no somos capaces de darle su justo lugar en el espacio, en el tiempo, en la historia. A los santos del cristianismo se les sigue mostrando como figuras intachables, por aquello de que son ejemplos "mediadores", y no se habla de sus errores, de sus caídas, de sus dudas y de sus "metidas de pata", porque todavía se cree que la santidad, a escala de las personas, es sinónimo de perfección. Sin olvidar que verle fallas al santo es restarle "el poder" para que haga "el milagro".

Yo propongo que ante esta perspectiva tengamos el coraje de darle a nuestros "héroes" y a nuestras "héroas" -como alguna vez le escuché a una niña en la calle, valga la ternura- el lugar que les corresponde y hablarle a la gente, con respeto pero también con argumentos, para que también lo haga así. Término medio: bajarlos pero sin enterrarlos. Sería un esfuerzo de honestidad ética y espiritual bastante pertinente. Me parece que un ejemplo muy interesante de cómo hacer este ejercicio es la forma como mi maestro Mario Kaplún se refirió, poco antes de su partida al Infinito, a su relación con una de las "leyendas" de la comunicación en América Latina, el padre-monseñor José Joaquín Salcedo, el hombre de Radio Sutatenza. Los que proponen novedades no necesariamente en cada paso de su vida tienen en el rostro el color de lo nuevo -toda una veta para analizar-, y así lo contó Kaplún:



La punta

Un montón de gente en el mundo es Charlie Hebdo y Germanwings. ¿Quién se atreve a ser Kenia, tras la masacre en la Universidad de Garissa? ¿Quién oyó hablar, en este lado del mundo, antes de este hecho terrible, de esa ciudad, de ese centro educativo? 

lunes, 30 de marzo de 2015

¿Qué tan "santa" es la Semana Santa?

Es urgente retomar el mensaje cristiano original. Un razonamiento a partir de la religiosidad popular en el marco de la violencia.





En días pasados conocí dos producciones recientes en la historia del documental audiovisual de Colombia: Los abrazos del Río (2010), de Nicolás Rincón Guille y Réquiem NN (2013), de Juan Manuel Echavarría. Mil gracias a Alejandra Meneses por proporcionarme la oportunidad de hacerlo.

Las dos producciones cuentan, desde diversas miradas y estéticas, historias relacionadas con una de las caras más dolorosas de la Violencia en Colombia durante las últimas décadas: los muchos cuerpos de personas arrojados al Río Magdalena, considerado el más importante de nuestro territorio y que se convirtió en la más grande fosa común originada por el conflicto armado, según lo ha señalado la periodista Patricia Nieto.

Particularmente, Réquiem NN se desarrolla en la población antioqueña de Puerto Berrío, en donde "hay una creencia de que las almas de la gente que muere de forma violenta, y que no cuenta con parientes, puede ofrecer favores y hacer milagros", según las palabras de don Ramón, el sepulturero del pueblo. Los cuerpos sin identificar que terminan en el Magdalena son rescatados por las autoridades, quienes las ubican en urnas especiales en el cementerio del municipio, en tanto realizan las diligencias para determinar sus identidades. Habitantes de la comunidad, tal como cuenta don Ramón, han establecido una compleja relación con los difuntos NN. Un aspecto importante de dicha relación es que las personas "adoptan" a un difunto, o difunta, lo bautizan -esto es, les otorgan un nombre- y se comprometen a acompañarlo, a estar pendientes del estado de sus restos a cambio, en no pocas ocasiones, de que les conceda favores especiales relacionados con temas de salud, dinero y amor, entre otros. Valga decir que este panorama abarca desde los egoísmos más intransigentes -el muerto es mío y de nadie más- hasta la cooperación más increíble -el caso de un hombre y una mujer que se asocian en torno a la misma "ánima", a quien bautizan con nombre compuesto según su mutuo sentir y hasta celebran juntos el "cumpleaños" en el cementerio-. Se destaca el caso de la madre que busca a sus dos hijos desaparecidos y que decide también "adoptar" un ánima, bautizándola con el nombre de uno de ellos. Este mutualismo simbólico, si se me permite la expresión, está fuertemente impregnado por la tradición católica romana.

No es mi intención establecer juicios en torno a estos hechos, ya que la religiosidad popular es un campo de reflexión enorme y delicado. Pero sí quiero destacar el asunto de las "ánimas" en Puerto Berrío para pensar, ahora que comienza una nueva Semana Mayor, una nueva Semana Santa para la cristiandad en el mundo.

Un sentido a partir de la realidad

Yo me pregunto hasta qué punto las celebraciones, los ritos, las procesiones, las homilías, las exposiciones, los cantos, las letanías, los rosarios, las imágenes dolorosas o las aparentemente triunfantes -el Jesús resucitado exhibido en las iglesias no ríe-, junto a todos los demás elementos que conforman la Semana Santa, influyen en situaciones como la que se vive en Puerto Berrío. No pienso en determinar si la religiosidad popular está bien o mal, sino en sus causas, en su origen, porque me parece que es una de tantas consecuencias de las deformaciones históricas de una propuesta que surgió hace siglos en Galilea, de las cuales no son responsables, ni siquiera conscientes, aquellos que oran a las ánimas y les piden favores a cambio de ciertas atenciones.

Los creyentes cristianos se basan excesivamente en respuestas,
pues se les ha extirpado la capacidad de hacerse preguntas
acerca de su fe.

Creo que, por más que se realicen estudios bíblicos soportados por investigaciones arqueológicas y de otras áreas del conocimiento -como las presentadas muy amena y didácticamente por el padre Ariel Álvarez Valdés, fotografía anterior- estas no logran llegar al feligrés, a la feligresa, al cristiano de a pie; por lo tanto, no se logra una educación que produzca una fe madura, activa, personal y socialmente fecunda. Un caso concreto: aún se sigue mencionando la historia de Adán y Eva como un hecho tan verídico como -asumámoslo por un momento- lo que se informa en la prensa, cuando en realidad expertas y expertos han demostrado que se trata de una forma narrativa especial, fruto de la imaginación y de la reflexión, perteneciente a un pueblo concreto de la Tierra que se animó a pensar acerca de su origen, del origen del bien y del origen del mal. El cuento de la manzana es eso mismo: un cuento, una forma narrativa que existe en el texto pero que nunca sucedió realmente. Por cierto que decir esto hace que no pocos creyentes clamen al cielo porque les están dañando la fe de sólo escucharlo. "Mis oídos, mis pobres oídos", como decía alguno de los niños de Ned Flanders, si mal no recuerdo.

Cada Semana Santa se sigue invocando, implícita o explícitamente, la exactitud histórica de Eva y Adán -por aquello del pecado original- y de muchos otros elementos que aparecen en la Biblia que no se recrean a la luz de los estudios ni se ajustan al mensaje cristiano original. Por un lado, una lectura literal; por otro, una tergiversación; dos cosas muy graves, muy tristes y que han hecho un daño enorme. Por ejemplo, ciertos sacerdotes siguen diciendo -yo, personalmente, sigo oyéndoles decir- que Yeshuá de Nazaret  murió en la cruz como parte de un plan divino: Dios es una especie de escritor supremo de mega-dramas y se inventó este, el mayor de todos. Ciertamente, no todos los presbíteros afirman esto ante sus comunidades: algunos han dicho claramente que la voluntad de Dios no fue que él fuera crucificado, y lo han dicho también predicadores y cantantes. Lo que Jesús criticó abiertamente, esto es, la costumbre judía de ofrecer sacrificios de animales a Dios con el fin de comprarle, de satisfacer su ego, de mantenerlo calmado, de pagarle una deuda, de no asumir las responsabilidades y la libertad propias, se trasladó a su propio asesinato, por razones liosas múltiples. Otra muestra es que muchas gargantas cantan y películas presentan que Jesús tenía un "sueño de morir", un afán y un deseo de dejarse clavar en la cruz -lo que yo llamaría la metáfora de abrazar la cruz-, lo cual contradice todo su mensaje: el de Nazaret proponía vida en abundancia para todos, incluido él mismo. Esto, naturalmente, merece una discusión amplia y, de paso, correcciones al pie de la cruz.

Una propuesta

Todos estos enredos alimentados por siglos de descuidos, de ignorancia, de intereses creados, lograron que en términos sociales las palabras del Nazareno perdieran, en gran medida, su sentido primario. Y es por eso que ocurren cosas como las de Puerto Berrío, con sus luces y con sus sombras.

Me parece entonces que lo que se debe pensar en estos días no es si se trata de una Semana Santa institucional-oficial o de una Parranda Santa vacacional, sino el valor, la significación de lo que hacemos, de lo que repetimos un año y otro, y otro más, sin que se generen cambios mayores e idóneos en nuestras vidas y en nuestra sociedad tan "creyente". Hay que revisar que tan "santa" es la semana, en un sentido no de perfección sino de plena humanidad. 

Yo propondría, para empezar, que el símbolo de estos días, y de la fe cristiana en general, dejara de ser la cruz, el símbolo del enredo, para dar paso a otro que ha sido relegado y hasta anti-promocionado: la tumba vacía. Una tumba vacía que represente esperanza y luz para casos como los de Berrío; tumbas vacías de muertos sin identificar que en realidad están vivos, en compañía de sus seres queridos, porque los creyentes del mensaje cristiano se han esforzado por vivir el auténtico mensaje del Amigo Yeshua y por eso han asumido a fondo y de manera efectiva su compromiso por un país en paz. Un país en el que la muerte, como yo creo a la luz del mensaje de la Resurrección, no tiene la última palabra.


La punta

En medio de las tragedias más complejas, como la del avión de Germanwings de la semana pasada, todavía hay quien las asume con inteligencia, con valor y con sentido humano. Mis respetos, señor piloto.

domingo, 22 de marzo de 2015

Acerca de Una perspectiva islámica - Terrorismo y ataques suicidas

Encienda usted la radio o el televisor; abra el periódico o revise los medios virtuales. Googlee el término. Se trata de una palabra prácticamente omnipresente, mucho más mencionada en el comienzo del siglo XXI que en décadas o en siglos anteriores. 

El terrorismo es la expresión que identifica al enemigo a vencer en una era en que "el más grande conflicto de todos los tiempos", la carrera espacial y terrena entre dos super-potencias, se volvió humo con la caída del bando colorado -¿y qué tanto habrá desaparecido?-. Su adversario, el bando verde, ha tenido que justificar su hegemonía y para ello ha contado, entre otras cosas, con la lucha contra el terrorismo. Por cierto: verdes y colorados a la salud de Cantinflas, Su Excelencia.

Los colorados por lo menos tenían un rostro que podríamos llamar institucional -el de Lenin, o el de Stalin, el de Gorvachov o el de Iván Drago, el de Rocky IV-. Sí, su señoría: por lo menos, ya que este nuevo enemigo, el terrorismo del siglo XXI, no lo tiene o es bastante difuso: la informalidad es su norma. A no ser que, debido a los ataques del 11-S, la potencia herida lo identifique no tanto con un país o grupo específico, sino con toda una civilización.

"En los medios de comunicación mundiales, 'Islam' [sic] y 'terrorismo' son frecuentemente mencionados a la vez. Frases como 'terroristas islámicos' son ahora bastante corrientes. ¿Hasta qué punto es pertinente mencionar las palabras 'Islam' y 'terrorismo' una junto a la otra? ¿Es de hecho apropiado mencionar cualquier palabra que implique terrorismo en yuxtaposición con el Islam? ¿Acaso las fuentes primordiales del Islam y las tradiciones de diferentes pueblos acaecidas en distintos lugares a lo largo de la historia permiten el terrorismo? ¿O esta relación entre el Islam y el terrorismo no es más que un intento de empañar la brillante faceta del Islam? De hecho, eso es lo que esencialmente ha ocurrido. ¿Acaso yihad significa -directa o indirectamente- terrorismo? ¿Cuál es la posición del Islam respecto de los ataques suicidas?" (p. ix).

El prólogo del libro Una perspectiva islámica - Terrorismo y ataques suicidas comienza con este conjunto de preguntas pertinentes aunque sistemáticamente ignoradas en Occidente. Y de acuerdo con la intención expresa del texto, se recurrió a las opiniones de expertos musulmanes para presentar alternativas que conduzcan a respuestas: catedráticos, juristas, sociólogos, teólogos, psiquiatras, historiadores, expertos en documentos islámicos. De ahí la importancia de la obra, porque cuando la tendencia es quedarnos con las versiones de "orientalistas occidentales" acerca del problema, intelectuales "del otro lado" presentan otras facetas de la realidad, citan fuentes ignoradas, narran historias ocultadas. Valga destacar, entre ellos, a Fethullah Gülen, pensador musulmán y maestro espiritual convencido del papel de la educación en la búsqueda de un mundo mejor. Y el libro, por cierto, es un aporte educativo. Precisamente, es de Gülen una de las frases claves del libro: "En el verdadero Islam, el terrorismo no existe" (p. 1), en el sentido de que sus razones, sus métodos y sus resultados no tienen nada que ver con el mensaje revelado al Profeta Muhammad, nombre verdadero de quien es conocido en Occidente como Mahoma.

Son varios los temas tratados en el libro. Entre ellos, el significado principal del islam, una mirada a las acciones terroristas y a los ataques suicidas a la luz de las fuentes principales de la fe musulmana, el Corán y la Sunna -la anotación histórica de las acciones y enseñanzas del Profeta-; el análisis científico de las armas químicas usadas con fines terroristas, la reflexión acerca del martirio identificado con actos violentos. Es necesario reiterar lo que se refiere al manejo de las fuentes en el texto. Por ejemplo, el profesor de filosofía Islámica Bekir Karlığa en su escrito Religión, terrorismo, guerra y la necesidad de una Ética Global, cita el tratado de Emmanuel Kant "Paz perpetua", en el que el filósofo alemán "trata los aspectos teóricos, políticos y legales de la idea de dicho término y ahonda en cómo se puede conseguir un mundo sin guerras" (p. 56), enumerando a continuación los seis principios básicos para lograrlo. El profesor Karlığa también cita al erúdito musulmán Imam Shatibi, quien vivió en el siglo VIII a. C. y para quien "el objetivo fundamental de la religión es beneficiar a la humanidad en esta vida en la próxima. Por lo tanto, quedan incluidos dentro de los objetivos fundamentales de la religión el preservar la fe, la vida, la riqueza, la descendencia y el intelecto (...) (de manera que) es imposible que exista un concepto de religión si no se cumple con uno de esos tres principios universales de la religión. Pero desafortunadamente, tanto en el pasado como hoy en día, tanto la religión como los valores considerados sagrados por ésta parecen estar detrás de fenómenos negativos tales como la agresión, el terrorismo y la guerra" (pp. 45-46).

Un puente necesario
Creative Commons. Islam is Peace, por Aia Fernandez
Voces de Occidente y de Oriente juntas, del pasado y del presente, se encuentran para ofrecer miradas alternativas al statu quo de nuestros tiempos. Muchas de esas voces resultan nuevas para nosotros, porque no hacen parte de nuestros imaginarios ni se nos muestran en los discursos dominantes - ¿alguna vez se ha mencionado a Shatibi en algún informe de CNN?-. Es muy probable que esta situación asombre a lectoras y lectores que se acerquen al libro más o menos desprevenidamente. 

Este panorama de encuentro entre sabidurías resalta otro punto a considerar acerca del libro: el hecho de que los autores de sus artículos son turcos. Con las luces y las sombras propias de cualquier nación del mundo, Turquía aparece como un escenario en donde los puntos de vista, las tradiciones y las opiniones se encuentran para dialogar. Cuando en Occidente se asocia forzosamente al islam con los extremos de Arabia Saudí o de Irán, el proceso histórico de Turquia, desarrollado especialmente durante el último siglo y no sin dificultades, es una opción interesante para hallar nuevos elementos que alimenten la reflexión.

Yihad y fármacos: aclaraciones urgentes

Debo decir que hay dos momentos de la obra que llamaron mi atención de manera especial. La primera, lo referente a el yihad. Paréntesis justo y necesario: la costumbre es decir la yihad, artículo femenino. Mi amigo el sheik Ahmad Tayel me indicó que en realidad la traducción correcta al español del artículo es el. El cambio se debe a la costumbre de identificar el término con "guerra santa", "la" guerra santa que no es un concepto propio del islam, sino del cristianismo institucional medieval. Es tan común el error que incluso está presente en el libro, como podrá apreciarse a continuación.

Acerca del yihad, quien lea el texto, acostumbrado a escuchar la expresión como sinónimo de terrorismo, se sorprenderá al encontrar, no una, sino cuatro dimensiones concretas del concepto: 

a. Una defensiva: "aunque la palabra yihad y sus conjugaciones se repiten 34 veces en el Corán, sólo cuatro acepciones se refieren directamente a la guerra. No obstante, al encontrarse los versículos que citan la yihad en pasajes relacionados con la guerra, dicha acepción tiende a ser la interpretación preeminente" (p. 50).

b. Una psicológica, relacionada con la espiritualidad del dominio propio que el ser humano debe tener.

c. Una intelectual, relacionada con el esfuerzo de conocer y de aprender adecuadamente, de la mejor manera posible, la realidad.

d. Una social, esto es, el servicio a la comunidad y la lucha contra la injusticia.

¿Cuántos de los periodistas que cubren noticias internacionales y que repiten como loros la palabra yihad en sus informes conocen esta cuádruple condición y se esfuerzan -hacen su yihad profesional- para transmitirla a sus lectores, oyentes o televidentes?

El otro momento que quiero resaltar es lo referente al empleo de fármacos para inducir a las personas a realizar actos que atentan contra la vida propia y la de otras personas. El doctor Nezvat Tarhan ofrece ejemplos de sustancias que logran disminuir en personas que las consumen el miedo a la muerte, de tal forma que pueden lanzarse a acciones suicidas que también son terroristas. Y en ejercicio de la memoria llama la atención acerca de que la situación no es ninguna novedad: "hace mil años, un grupo conocido como los "Hashhishiyyun" (los consumidores de adormidera) aterrorizaron a los líderes musulmanes, a los eruditos y a los gobiernos del mundo musulmán. Se lanzaban hacia su propia muerte sin temor alguno debido a las amapolas que consumían. Hoy, se puede lavar el cerebro de las personas con ayuda de agentes químicos modernos y dirigirlos hacia la ejecución de acciones determinadas" (pp. 81-82). Por otra parte, según ciertas fuentes, incluso los muy cristianos caballeros templarios contrataron a los h
ashhishiyyun para quitar del medio a algún elemento molesto para sus propósitos. 

Ante todo lo planteado hasta aquí, una decisión inteligente que podríamos tomar es apagar el televisor y buscar libros como este, Una perspectiva islámica - Terrorismo y ataques suicidas. Al leerlos, podemos estar de acuerdo o en desacuerdo con su contenido, pero también estaremos ejercitando el sentido crítico proscrito por lo institucional, pero que urgentemente debe practicarse ante los delicados problemas que afronta el mundo.

Una perspectiva islámica - Terrorismo y ataques suicidas.
Autores varios. Editado por Ergün Çapan.
Editorial La Fuente, 2008.