lunes, 22 de junio de 2015

Liberar la comunicación, liberar las tecnologías

El I Encuentro Internacional de Radios Comunitarias y Software libre lanza una propuesta atrevida y necesaria.

Participantes del I Encuentro Internacional de Radios Comunitarias y Software Libre. www.liberaturadio.org
Uno de los discursos del mundo actual es la sacralización de los cambios, específicamente los tecnológicos. Si las personas no los asumen, si no se adaptan, si no aprenden a manejar los avances, están condenados a quedar rezagados en la Historia; por lo tanto, hay que tenerlos, hay que consumirlos para "ser". No sería extraño que se diga: "manejo tecnologías, luego existo". Pero, ¿por qué? ¿Quién determina eso? ¿Con qué sentido? Y especialmente, ¿a beneficio de quién?

Naturalmente, no estoy diciendo que haya maldad en los dispositivos técnicos de la actualidad en sí mismos. Es como todo: depende del uso que se haga de ellos. Pero es necesario abrir espacios de discusión acerca de la dirección que se les dé y de las implicaciones que esto tiene.

Como una buena noticia cuento a mis lectoras y lectores que se llevó a cabo entre el 11 y el 13 de junio pasados el I Encuentro Internacional de Radios Comunitarias y Software Libre en Cochabamba. En esta ciudad boliviana se citaron comunicadoras y comunicadores de América Latina para tratar el tema de las tecnologías libres en pos de la divulgación de su existencia y la promoción de su uso, especialmente en aquellos medios de carácter comunitario. Se entiende por tecnología libre aquella que no requiere de permiso, autorización o licencia para su uso. 

El Encuentro resaltó la urgencia de considerar que entre las estrategias de dominación de unos pocos países del mundo sobre los demás se encuentra, precisamente, la imposición de sus tecnologías de información. Dichos países no solamente determinan los contenidos que deben tratarse; también determinar los costos y los alcances de los programas informáticos, de los aparatos y de los demás artilugios que se requieren para difundir dichos contenidos. De ahí la importancia de volver la mirada a la influencia de la gestión de las tecnologías en la privatización del derecho a la comunicación.

Momento en un taller del Encuentro. www.liberaturadio.org
Durante la lectura del Manifiesto. www.liberaturadio.org
Además del intercambio de experiencias, de saberes, de esfuerzos y de esperanzas, el Encuentro dejó un documento importante: el Manifiesto de las Radios Liberadas, en el que sus participantes dejaron claro, entre otros puntos, que en su calidad de seres edu-comunicadores demandan a los gobiernos nacionales "el acceso a las frecuencias de radio y televisión"; para ello, es necesario que se hagan evidentes el carácter público del espectro electromagnético y la condición fundamental del derecho a la comunicación. Reiteran su lucha "por democratizar la tecnología y el fortalecimiento de los bienes comunes y la transferencia efectiva de conocimientos, conscientes de los riesgos de no tener control sobre la tecnología que usamos en nuestra actividad comunicativa". 

Así mismo, a manera de invitación a todos los medios comunitarios de Abya Yala -nombre kuna para el continente americano- y del Caribe, el manifiesto propone varios puntos. Entre ellos, iniciar procesos educativos encaminados a la implementación consciente de las tecnologías libres como "herramientas tecnológicas que pueden ayudar a nuestras luchas en defensa de los derechos democráticos (...): la igualdad, la autonomía, la construcción de ciudadanía y la diversidad". Se requieren políticas públicas alentadas desde dichos medios para que la ciudadanía se empodere efectivamente de los medios y para nuevas iniciativas de colonización informática, como internet.org

Y hay más: esas políticas públicas deben también llevar a cabo adecuadamente "procesos de migración de la infraestructura de la administración pública al software libre. Un país democrático debe defender el uso de tecnologías construidas colectiva y colaborativamente, sin imposiciones, ni monopolios, ni restricciones; que promuevan el desarrollo local y la creatividad y persigan el bien común y no únicamente el lucro empresarial. Un gobierno del pueblo debe usar un software construido por ese mismo pueblo". Obviamente que a gente como Zuckerberg, Gates y Slim no les caerá en gracia estas iniciativas. 

Las buenas noticias que llegan desde Bolivia, cuna de la radio comunitaria, deben ser difundidas para que aceptemos el reto de pensar el papel de la comunicación y de las tecnologías en nuestras vidas.

Como se puede apreciar, hay mucha tela para cortar respecto al tema; no me propongo más que lanzar esta piedra de provocación para que quien quiera se aventure a indagar más. Sugiero entonces leer el manifiesto del Encuentro y visitar la página de Radios Libres, una de las entidades que promueven estas iniciativas. En ella encontrarán gran cantidad de material interesante. Y aquí, opciones para descolonizar la tecnología.

lunes, 15 de junio de 2015

Los Padrinos de Tokio, o una hermosa sinfonía hecha de coincidencias

¿Sigue este blog en Japón? Así es, y por una excelente razón.

Afiche de la película Los Padrinos de Tokio
La televisión por cable, alguna vez tan variada y tan interesante, poco a poco se vuelve aburrida, monótona. Si usted quiere ver canales con menos contenidos frívolos o repetitivos, más formativos, pues pague más dinero: tan sencillo como eso. No obstante, tampoco la cosa es tan en blanco y negro. Puede ocurrir un milagro. En alguno de esos canales en los que suele presentarse películas o series muy regulares, pueden presentar alguna joya, algún buen plato audiovisual para el cerebro y para el espíritu. 

Pude ser testigo de esto la semana pasada, cuando en pleno zapping o "canaleo", como decimos en Colombia, preso del tedio, una noche me encontré con Tōkyō Goddofāzāzu, Tokyo Godfathers o Los Padrinos de Tokio, una hermosísima película de anime escrita y dirigida por el japonés Satoshi Kon; se trata de un filme producido hace ya unos cuantos años, en 2003. 

Lo que puede parecer la trillada historia del milagro en Navidad ha sido relatada por Kon y su gente de una manera absolutamente original, rebosante de humanidad, de humor y de acción. Tres mendigos, en un frío diciembre de la capital japonesa, encuentran una bebita recién nacida abandonada entre un montón de desechos. Lo que para ellos al principio es tan sólo una casualidad, se convierte en un viaje épico cuya finalidad es devolver la niña a sus padres.

Un trío conformado por habitantes de la calle: el alcoholizado Gin, la fugitiva adolescente Miyuki y el transexual Hana se encuentran y se desencuentran, de muy variadas maneras, por cuenta de la misión que asumen. Se hacen un propósito, no obstante sus diferentes puntos de vista, sencillamente porque sí, porque no es correcto que una bebita esté perdida en la gran urbe sin tener quien la cuide como necesita, que esté lejos de quienes la aman y la esperan. Cada uno de los integrantes de esta extraña familia tiene su historia con sus propios personajes, que van apareciendo de
manera muy atractiva a lo largo de la cinta, con motivos específicos. Sobre todo, para alimentar una de las características más llamativas de Los padrinos, esta es, el poder creer que las coincidencias importan y que se pueden narrar sin caer en lamentables tonterías.

Porque ocurre que la película es una sucesión poética, sinfónica, de hechos increíbles que no son lógicos pero que, en la dinámica de la historia - y, hasta cierto punto, por cuenta del lugar de los hechos-, no parecen descabellados. Solamente así pueden encontrarse en la misma historia miembros de la yakusa, la Cruz Roja, drag queens, adolescentes que causan daño por deporte, un cementerio japonés de acceso público repleto de ofrendas a los antepasados y a los seres queridos ausentes, loterías con números ganadores improbables, sicarios latinoamericanos de buen corazón y bien acompañados, un discurso aparentemente cristiano pero edulcorado y estéril, parejas que pasan de la felicidad al fracaso en un abrir y cerrar de ojos, vecinas bien informadas de los infortunios del prójimo, hombres que pueden recibir en toda regla el título de madres, usuarios de trenes urbanos asqueados, borrachos de corbata que se pierden en el anonimato cuando lo insólito aparece...

Si bien es obvio decir que no es lo mismo vivir en las calles de Tokio que hacerlo en las calles de Cartagena, de Kolkata o de Puerto Moresby, gracias a la película uno logra encontrarse con la realidad de estas personas sin que se caiga en el discurso facilista de "ellos, los pobrecitos". Los padrinos es una especie de reivindicación de los marginados que no los eleva a los pedestales, inaccesibles por irreales, pero que sí ofrece una interesante alternativa: mostrar, a partir de ellos, el ser capaz de dar la vida por lo correcto movidos por un impulso extraño a la razón, sin poseer nada... Aparte de ese sentido del deber. Es un canto al actuar con heroicidad sin tener pinta de héroe ni súper-poderes, propios o comprados, porque el heroísmo en realidad es atreverse a hacer las cosas bien porque es necesario.

Hay que decir también que el doblaje al español "latino" le ofrece al filme un brillo extra, especialmente por el trabajo del actor Gerardo Reyero, encargado de la voz de Hana, el transexual, ya que se trata de un personaje que se mueve entre las exageraciones más patéticas y divertidas y la sensibilidad más delicada y dulce. Reyero logra aumentar con su voz estas características, haciendo de la estrafalaria heroína una figura inolvidable.

Recomiendo entonces a mis lectoras y lectores ver Los padrinos de Tokio, o volverla a ver, si ya lo hicieron. Afortunadamente, se puede encontrar en Internet. Y les sugiero después "echarle un ojito" a un pequeño documental sobre cómo se hizo la película. Está en japonés, pero una vez vista la cinta, se puede disfrutar:




Las puntas

Hablando de cine animado: cada quien puede gustar o no gustar de la nueva película de Dago García, Reguechicken. Lo que sí es cierto es que a esta hora los abogados de Disney deben, o deberían, estar detrás del señor García: es obvio que el pollo colombiano es igualito al pollo estadounidense. Sólo que más alto, me parece. A menos que...

El 14 de junio es el día mundial de la donación de sangre. Ustedes, que pueden hacerlo -yo no, lamentablemente. Larga historia-, háganlo. En serio. Créanme que esto sí que es justo y necesario. Y si quieren, conviértanse en donantes de órganos. Este audio, producido por las compañeras y los compañeros de Radialistas, sirve de inspiración.

lunes, 8 de junio de 2015

¡Haga su haikú!

Un intento poético en medio de la sorpresa y de la polémica.

Ariana Miyamoto. Fotografía tomada de arteymedio.com.do

Japón, la Tierra del Sol Naciente, país donde las tradiciones y las novedades se han acoplado de manera asombrosa, donde su gente ha dado ejemplo de cómo salir adelante tras catástrofes tremendas, hoy da de qué hablar al mundo por cuenta de un concurso de belleza.

Para participar en el certamen Miss Universo, ha sido elegida como representante de niponas y nipones Ariana Miyamoto, de 21 años. Su designación ha generado sorpresa y polémica en Japón porque Ariana "no parece" japonesa, aunque de hecho lo sea. Sucede que Miyamoto es hija de una japonesa y de un estadounidense afrodescendiente, y los rasgos que heredó de este son mucho más notables en ella. Físicamente, Ariana se parece más, digamos, a Candice Patton que a Yoko Ono. 

Este detalle ha hecho que cierto sector de la opinión pública nipona se pregunte cómo es posible que una persona como Miyamoto pueda entenderse como modelo de lo que es ser japonés. Caramba, si se supone que nuestras chicas son bajitas, de ojitos rasgados y de piel amarilla, afirman esas personas -y uno se pregunta entonces por qué no las dibujan así en los manga-. Se ha planteado entonces una discusión en torno a ese tema. Un tema común a todas las sociedades humanas que se practica diariamente pero que suele ser ignorado o minimizado: la discriminación. ¿Discriminación en Japón? Pues parece que sí. La verdad, lo extraño sería que no la hubiera también allí.

Miyamoto ha declarado que su objetivo al participar en el certamen es llamar la atención acerca de la segregación que tienen que enfrentar en Japón los hafu o mestizos -la expresión viene de la palabra inglesa half, mitad-; de hecho, ella lo hace a partir de su propia experiencia. Es una variación interesante frente a los estereotipos relacionados con los reinados de belleza y sus motivaciones. Y de paso, un  implacable  generador de preguntas a todas las naciones y comunidades: ¿qué tan abiertos somos frente a la diferencia? ¿Todavía le damos a nuestras identidades connotaciones de pureza? ¿Qué pueblo de la tierra no ha tenido una actitud segregacionista frente a otros? En plan de barajar posibilidades, ¿qué pasaría si la nueva señorita Angola fuera de madre ucraniana y de padre angoleño, más parecida a su mamá que a su papá? ¿Le darían a este caso el mismo tratamiento mediático internacional que al caso de Ariana? Y si la señorita Colombia de 2018 fuera la representante del departamento del Cauca perteneciente a la comunidad nasa, ¿cómo reaccionaríamos

Amin Maalouf
Fotografía tomada de
http://imagenes.publico.es/
En su hermoso libro Identidades asesinas, el escritor franco-libanés Amin Maalouf habla de los fronterizos, de aquellos que como él han vivido en más de un contexto nacional o cultural, que se identifican por igual con todos ellos pero que son obligados a escoger uno solo como "su identidad": "Desde que dejé el Líbano en 1976 para instalarme en Francia, cuántas veces me habrán preguntado, con la mejor intención del mundo, si me siento 'más francés' o 'más libanés'. Y mi respuesta es siempre la misma: '¡Las dos cosas!' Y no porque quiera ser equilibrado o equitativo, sino porque mentiría si dijera otra cosa. Lo que hace que yo sea yo, y no otro, es ese estar en las lindes de dos países, de dos o tres idiomas, de varias tradiciones culturales. Eso es justamente lo que define mi identidad. ¿Sería acaso más sincero si amputara de mí una parte de lo que soy?". Esta situación, según señala el escritor a continuación en su texto, plantea no pocas situaciones de violencia: la amputación ha sido padecida por muchos en el mundo por cuenta de presiones externas.

¿Cómo encarar esa violencia? Enfrentando al purismo con subversión, pero no la de las armas, sino la que nos permite el arte. Esta subversión surge, aunque suene extraño, del deseo respetuoso de conocer y, partir de este conocimiento, de romper las barreras que separan a las personas, de tirar abajo las "verdades absolutas" que no permiten los intercambios fructíferos. Esto es parte del valor de lo artístico.

Y ya que hablo de Japón, si usted que me lee ha intentado versos alguna vez, quizás se interese en el haikú, probablemente la forma poética más famosa de aquel país. En pocas palabras, consiste en hacer estrofas de tres versos: el primero de cinco sílabas, el segundo de siete y el tercero de cinco nuevamente, preferiblemente sobre temas relacionados con la naturaleza y sobre lo que siente el poeta cuando la contempla. En actitud subversiva, ¿por qué no animarnos a hacer haikús? Al fin y al cabo, la Orquesta de la Luz es japonesa, pero toca salsa. ¿Por qué occidentales no podrían hacer haikús? 

Aprender unos de otros, como un proceso en el que también es posible el error, es lo que nos hace verdaderamente humanos. Aprendizaje sin yerros no es aprendizaje.

Acá les presento unos ejemplos, o mejor, unos intentos de haikú, de mi cosecha:

Abre la prensa:
¿cómo sabes si es libre
o vil negocio?

Carajo, qué bien
se siente tomar agua
mientras se pueda.

El ukelele,
siendo tan chico, canta
con gran claridad.

Guitarrita azul
de doce compases, tú;
yo, aquí te toco.

¡Hey! Armónica,
me besas en la boca
y el tren se marcha.

Maestro, acá
sigo escuchando su voz.
Algo hay que hacer.

Verde campo; hoy
te recuerdo en infancia.
Correr entre vacas.

Viejos libros, ¡Uy!
¿Cómo podría lanzar
sus hojas al mar?

Haikús tomados de perroantonio.com

Y ahora usted, que me lee, ¡haga su haikú!

lunes, 1 de junio de 2015

Conversar con la gente

¿Qué debe aprender nuestra infancia? ¿A no hablar con desconocidos, o lo contrario?

Una ilustración respetuosa del texto de Carlo Collodi:
Pinocho, el zorro y el gato según Francis Phillips,
para la colección Cuenta Cuentos de Editorial Salvat, 1984.


Hace muchísimos años, en una de esas visitas a familiares lejanos, mi curiosidad libresca me puso en las manos una de esas enciclopedias para menores producidas por la compañía Disney. Era algo así como un listado de consejos para niñas y niños ilustrado, ejemplificado, con todos esos personajes edulcorados que ha creado o de los que se ha hecho propietaria -para edulcorarlos- aquella corporación del entretenimiento. Lo único que recuerdo de aquella rápida ojeada es una imagen del limitadísimo Pinocho disneyano acechado por el zorro y el gato, que en la película de 1940 fueron, supongo, arbitrariamente bautizados como J. Worthington Foulfellow -o "el honrado Juan", vaya ridiculez- y Gedeón, respectivamente. Cuánta italianidad. Pobre Carlo Collodi.

Pero no es de la ilustración de lo que quiero contarles, sino de su motivo: aquella acompañaba a un artículo, o algo así, que se titulaba "no hables con desconocidos". Había un dibujo adicional algunos párrafos después: una niña pequeña hablando con un hombre vestido con una gabardina negra, de rostro especialmente retocado para que los jóvenes lectores sintieran repulsión.

¿A quién de nosotros no le dijeron una y otra vez esa misma frase? No hables con desconocidos, nunca, jamás; eso no se hace, es peligroso, puede pasarte algo malo, no puedes confiar en nadie que no sea de la familia. Agregue usted la frase que le dijeron y que no está en esta lista. Claro: hasta cierto punto, es verdad. No todo es bondad en este mundo loco. Obvio que querían protegernos, obvio que había razones para hacerlo. Es apenas natural, justo y necesario que hay que enseñar a nuestras niñas y a nuestros niños a cuidar de sí mismos y a no dejar que nadie pase por encima de su integridad física y mental, de su dignidad. Esto mismo vale para los adultos. Hasta aquí, razonablemente, estaremos todos de acuerdo.

Sin embargo, bien mirada la situación, lo que constituye una norma de seguridad para proteger a nuestra infancia puede convertirse, a la larga, en un gran limitador de su identidad humana. Porque somos seres comunicativos; nuestra vida está construida sobre vínculos que establecemos con todo tipo de personas, con la naturaleza, con nuestro entorno. Cuando decimos, con buena intención pero quizás excesivamente, "no hables con desconocidos", limitamos, hacemos que sea abandonada incluso, esa parte de nuestra identidad que tanta falta hace desarrollar: la identidad de comunicadores creada especialmente en función de nuestros semejantes. No me parece descabellado decir entonces que, cuanto más la expandimos, más sentido tendrá nuestro paso por este planeta. Descubriremos más elementos interesantes y útiles, aprenderemos más cosas de provecho para nosotros y para los demás, hallaremos -frase de cajón siempre necesaria- pistas para lograr hacer de este mundo un mejor lugar. A comunicar se aprende conversando; conversando con lo que nos rodea, con quienes nos rodean, especialmente con aquellos que están más allá de nuestro primer círculo. A comunicar se aprende conversando con la gente.

Salir del cascarón de la familia, cosa que cualquier persona tiene que hacer necesariamente, implicará un encuentro con el Otro, con ese desconocido, tarde o temprano. En dicho encuentro, muchas cosas que pueden beneficiarnos o perjudicarnos como personas o como integrantes de la especie se pondrán en juego. ¿Qué tan preparado está el sujeto -o preparada la sujeta- para este cruce de significados a partir de haber escuchado desde el comienzo, reiteradamente, el "no hables con desconocidos"?

Muchos manuales de crianza y de educación dan claves a madres y padres para enseñar a sus pequeños a no hablar con los desconocidos. Pero quizás lo que hay que hacer es justamente lo contrario: adiestrarlos para que sepan hablar con ellos. ¿Y cómo conjurar el peligro? Pues con el ejemplo y con la compañía. ¿Por qué no entablar diálogo con el tendero, la secretaria, el policía, la vendedora de jugos, el abuelo, el habitante de la calle, la prisionera, como un esfuerzo conjunto del adulto y del niño? ¿Por qué no nos animamos, como adultos, a salir de nosotros mismos para encontrarnos con los demás y hacemos que nuestros niños nos acompañen en este proceso, y de paso, los acompañamos también a ellos? ¿Por qué no aprendemos a escuchar y, mientras lo hacemos, dejamos que a nuestro lado los chicos aprendan a hacerlo?

Toda la vida nos han alertado acerca del peligro de encontrarnos con el Otro: es la competencia, el que nos robará y nos estafará, el que destrozará nuestros juguetes si se los prestamos o nuestra vida si confiamos en él. A mí, la verdad, me parece que hay más peligro en no encontrarnos con él, porque cuando no lo hacemos nos volvemos egoístas, retraídos, interesados, mezquinos, violentos; nos volvemos, justamente, aquello que queremos evitar. Vale la pena reiterar que el encuentro es siempre un riesgo: es una ley de la vida. Pero también es un aprendizaje. Guardadas proporciones, si Pinocho no se hubiera encontrado con el zorro y con el gato, no hubiera aprendido nunca a evitar ser engañado ni a valorar a las personas que de verdad lo querían. 

Y por cierto, Collodi cuenta que Geppetto, el buen Geppetto, al comienzo de la historia mandó a Pinocho a la escuela solo. No lo acompañó. Lo dejó al garete, digámoslo así, en un mundo al que el muñeco de madera veía por primera vez. Si lo hubiera acompañado, si lo hubiera llevado de la mano en esa primera salida, otra historia se hubiera contado, ¿no creen?

La punta

Parece que el mundo ahora sí se va a acabar: la FIFA es más poderosa que la ONU y lo que pase allí afecta, al parecer, el equilibrio geopolítico del planeta -¿cuál equilibrio?-. Mientras tanto, niñas y niños siguen pateando la pelota en las plazas y en las canchas.

lunes, 25 de mayo de 2015

Acerca de "El Abrazo de la Serpiente"

La difícil interculturalidad mostrada en una película extraordinaria. 



No se nos debe hinchar el pecho de falso orgullo patrio por el hecho de que la película El Abrazo de la Serpiente haya sido reconocida y elogiada en la más reciente edición del Festival de Cannes de una forma que probablemente ningún largometraje nacional ha disfrutado a nivel internacional. Más bien, debemos sentirnos muy contentos y agradecidos con el equipo de realización del filme, encabezado por su director, el riodorense Ciro Guerra, por atreverse a narrar una historia muy completa, fruto consciente de años de trabajo, que ofrece muchos elementos de discusión. El Abrazo... demuestra que en Colombia es posible hacer producciones de calidad capaces de salirse de los estereotipos a los que, para bien o para mal, se ha plegado nuestro cine; además, según lo percibido cuando mi esposa y yo fuimos a verla, capaz de congregar a un buen número de personas.

Pero yo no soy experto en cinematografía para ahondar en las reflexiones anteriores. Prefiero decir que El Abrazo... es una mirada a un territorio colombiano que, como dice Guerra, es desconocido para el país. Lo más triste es que, según el realizador, ese Amazonas colombiano del que se habla en la película ya no existe. La zona andina tiende a auto-referenciarse en constante y estéril conflicto con la costa caribe, mientras que los llanos orientales son una especie de estampa folclórica mal conocida y la costa pacífica grita pidiendo atención y respeto, con unos pocos escuchándola. Entre tanto, la Amazonía colombiana parece reducirse al Trapecio, a la ciudad de Leticia concretamente, y eso es todo para el colombiano promedio en cuanto al tema. Y por cuenta de los apetitos de los mercaderes, a lo que se perdió sigue lo que se está perdiendo justo ahora. Ante este panorama, El Abrazo... es un llamado de atención narrativo.


El explorador alemán con los indígenas
Narrativo, ya que cuenta una historia que atrapa desde los primeros fotogramas. En un montaje muy interesante se nos presenta al chamán Karamakate, el último de su comunidad, y su relación con dos investigadores, uno alemán y otro estadounidense, en momentos diferentes de su vida, durante la primera mitad del siglo XX. Estos encuentros tienen en el río Amazonas y en la selva el escenario de los encuentros y desencuentros entre el nativo y los extranjeros que acuden a él para buscar, por diferentes motivos, una rara planta custodiada por la gente del iluminado. En el recorrido hecho a punta de canoa para localizarla, se cruzan situaciones espeluznantes y dramáticas que dan cuenta de la forma como fue tratada la Amazonía y su gente por los autoproclamados adalides de la civilización. Guerra, no obstante, se la arregla para coser a la historia interesantes retazos de alegría también, aunque no son muchos por cuenta de lo que está contando.

La historia en torno a la planta misteriosa y Karamakate hace pensar que pocas cosas son más difíciles que la interculturalidad, que el diálogo fructífero, fecundo y gestor de vida entre culturas diferentes. Porque se juntan las virtudes y los defectos de lo blanco y lo indígena, los matices que se desarrollan en el encuentro entre lo nativo y lo extranjero, el respeto y la dominación, la curiosidad y el abandono, el amordazamiento cultural y la lucha por la supervivencia de las tradiciones, se suman al respeto por la Naturaleza y sus leyes, las músicas y los sonidos, al derecho al conocimiento y a la locura que se desata... Demasiados elementos. Destaco la locura, ya que su representante en la película -un autoproclamado mesías que instala su iglesia en plena selva, seguido de un buen grupo de alucinados indígenas- me hizo recordar a Antonio el Consejero, protagonista de la brasileña Guerra de los Canudos, narrada por Euclides da Cunha y Mario Vargas Llosa, aunque no necesariamente hay una plena identificación entre ambas figuras y sus respectivos contextos. Este salpicón de ideas y de sensaciones se mueve a mil revoluciones en la cabeza durante la proyección y una vez termina la película. El movimiento no se detiene. Al menos, eso es lo que se espera.

El viejo chamán y el explorador estadounidense
El misionero
Precisamente el elemento religioso del filme es uno de los más perturbadores. En mi calidad de creyente -y espero que sea así para cualquiera que diga serlo- lo visto en él referente al cristianismo duele y avergüenza. Imposible generalizar, claro, pero es tapar el sol con un dedo refutar que en la selva muy poco o nada de la Buena Noticia se compartió con los indígenas. Lo cierto es que más bien, tomándola de pretexto, se impuso una forma de ver el mundo que negó e hizo invisibles una cosmología y una interpretación espiritual que, bien entendidas, serían hoy pistas certeras para el andar por la vida de muchas personas. No solamente se han perdido y se pierden en el Amazonas especies animales y vegetales; también se pierden conocimientos y espiritualidad.


Hay que mencionar de manera especial los muy buenos aportes de actrices y actores que aparecen en el filme, especialmente los de los intérpretes indígenas como Tiapuyana y Yauenkü Migue. Ninguno de ellos estudió en academia de actuación alguna, pero el pleno convencimiento del mensaje que querían entregar, sumado a la actitud ética asumida por el equipo de producción, logró que dieran en el clavo. Imposible no acordarse del neorrealismo italiano y de Ladrón de Bicicletas. Ojalá que estas personas no se conviertan para la prensa mediática en animalitos curiosos que hoy se alaban y luego se olvidan, como le ha pasado, digamos, a Juan Pablo Montoya en estos días. 

Ojalá que quienes vean El Abrazo de la Serpiente puedan comenzar una ruta hacia esa región natural de nuestra Colombia desconocida que la rescate del olvido y que nos haga valorar, respetar y disfrutar el legado que aún lucha por sobrevivir. Estas son alternativas para desarrollar la interculturalidad, al menos en el inicio de su ejercicio.

¿Nos atreveremos ahora a recorrer los caminos de la Serpiente?

Les dejo una entrevista al director y a los protagonistas de la película:



Y su avance oficial:


Ficha técnica de El Abrazo de la Serpiente.


Las puntas

Manifiesto mi saludo  a lectoras y lectores de este blog no sólo en mi país, Colombia, sino también en países del continente como Estados Unidos, México, Ecuador, Chile, Argentina y Bolivia, e incluso en Alemania, Rusia y Ucrania. ¡La maravilla de la tecnología! Gracias por sus aportes y por seguir estas entradas. 

Oscar Arnulfo Romero ahora es beato de la iglesia católica según el rito romano. Dice la prensa que el partido político fundado por su asesino intelectual salió a sumarse a la celebración por el hecho. Como si nada. Este tipo de situaciones no puede ser olvidado en medio de los hosanas y los aleluyas de los que declaran a Romero "mártir del amor", cuando en realidad es el "mártir de la justicia". Hacerlo sería agregar otra dosis de edulcorante al mensaje de san Romero de América. 

viernes, 15 de mayo de 2015

The King is gone, but... (El Rey se ha ido, pero...)

"Lo maravilloso de aprender es que nadie puede arrebatárnoslo".

A Mónica, Jhonathan y Juan José. Esta es la tristeza, el blues.


B. B. King, retratado por Sterling Hudley.
Ilustración para la revista Rolling Stone, agosto de 2008.

Uno se levanta temprano, antes de que salga el sol. Enciende la radio para escuchar las noticias. De pronto, suena una música que es parte de la banda sonora de la vida propia, porque ha construido fibras del cerebro y del corazón. Qué maravilla. Sin embargo, la alerta aparece inmediatamente: ¡esta música no es parte de la programación de ninguna emisora de moda! Y el locutor entonces anuncia: en las últimas horas falleció el intérprete, o el creador de esta melodía que están escuchando, amables oyentes. No es, de ninguna manera, la mejor forma de comenzar el día. 

Me pasó a finales de 2012 cuando me enteré de la partida de uno de mis héroes, el maestro Ravi Shankar. Y me ha pasado hoy, con el anuncio del viaje definitivo de otro de ellos, del maestro Riley Ben King, mejor conocido como Blues Boy King o B. B. King.

Hace más o menos 15 años, caminando por las calles del centro de Bogotá, supe de su existencia, cuando ya llevaba varias décadas ejerciendo su derecho a tocar el blues, como él mismo dijo alguna vez. Fue en un puesto callejero que exhibía colecciones de discos; allí me encontré con él y con los Yardbirds. El disco de B. B. que adquirí en esa ocasión estaba conformado por temas de un concierto ofrecido junto a su banda en Kansas City, en 1972. Bastó escucharlo para entrar por una puerta alucinante al mundo del blues, del cual no me quiero ir. A partir de B. B. conocí a los otros dos kings del blues -Freddie y Albert-, a T. Bone Walker, Muddy Waters, Willie Dixon... A Howlin' Wolf, Leadbelly, Sonny Boy Williamson I y II -que no eran familia, como no eran familiares los tres reyes-... A Buddy Guy, Bukka White -este sí, primo de B. B.-, obviamente a Son House, Bessie Smith y Robert Johnson... Una lista interminable que dio paso a otra, conformada por los estudiantes de estos maestros: Eric Clapton, Jeff Beck, Pink Floyd, Peter Green, Susan Tedeschi, los Manal, Pappo... En fin. 


B B. King de joven.
www.teabreakfast.com
B B. y Lucille.
www.bbking.com





















¿Qué lo hace tan especial? B. B. King tuvo la gran fortuna de ser un músico de blues reconocido y apreciado no solamente por su generación, sino por las posteriores. Si se presentaba en el Festival Crossroads, convocado por Eric Clapton como una suerte de reunión de los mejores guitarristas, su presencia era reverenciada cariñosamente por todos los participantes y, cómo no, por los asistentes. Siendo en la práctica el más joven de las primeras grandes leyendas del blues, de esas que se formaron en el sur de los Estados Unidos a punta de resistencia ante las discriminaciones, la pobreza y las tristes historias de vida, que se inventaron una forma totalmente original y novedosa de cantar, tocar y expresar los sentimientos más profundos, B. B. era como una especie de cable de seguridad que mantiene unidas dos épocas distantes, pero similares en el hecho de que la gente sigue sintiendo tristeza, pero también sigue con ganas de estar alegre a pesar de los pesares, a pesar de las normas y de los protocolos.

Más allá de este "papel de cadena" -una responsabilidad que no es para cualquiera- y de las circunstancias de debilidad que cualquier Homo sapiens tiene que enfrentar y reconocer, B. B. King era un buen tipo. Nunca he visto un concierto suyo -gracias a Internet- en que no le diera a los músicos de su banda la oportunidad de lucirse ante el público, con reconocimiento de nombre y apellido a cada uno tras su intervención. Nunca un concierto en que se tomara buen tiempo para hablar a la audiencia, para no tomarse a sí mismo tan en serio y bromear. Si veía un talento, se daba el gusto de reconocerlo y de mostrarlo tanto a sus pares como a su público. Tengo entendido que una vez que fue a Buenos Aires, conoció y escuchó a Pappo, considerado por muchos como el mejor guitarrista de blues argentino; fue tal el grado de emoción que tuvo al ver al Carpo con su viola y el impacto que generaba en el respetable, que le propuso irse a Nueva York para tocar con él en el Madison Square Garden. Pappo nunca olvidó este detalle.

En las entrevistas, B .B. no se daba importancia y prefería reconocer la de otros. Le preguntó Brian Hiatt de la revista Rolling Stone (agosto de 2008) acerca de cuándo se dio cuenta de que su estilo estaba teniendo una gran influencia. "Bueno, estaba mirando la TV una noche", recordó, " y el cantante de los Beatles, John Lennon, dijo que desearía tocar como B. B. King. Casi me caigo de la silla. Y comencé a pensar: 'Dios, ¿qué estoy haciendo? Es el grupo más grande de la Tierra y el tipo dice eso de mí'. Traté de no creérmela" -no hay que olvidar que Lennon mencionó a King en la letra de la canción Dig It, del disco Let It be-. A renglón seguido, demostró que tenía amor propio, como el resto de mortales: "Pero seguro que pensé en ello. Era como si bajara Jesús y dijera: 'Sí, B. B., eres bastante bueno'". Y probablemente no estaría haciendo referencia a aquello de "somos más populares que Cristo". 

En la misma entrevista también se refirió a sus debilidades musicales, las cuales tuvo en cuenta para elaborar su estilo, característico por el empleo del vibrato al pulsar las cuerdas, las frases sorpresivas que arrancaban en notas agudas y los solos calmados: "yo quería tocar como mi primo Bukka White y otros grandes guitarristas que usaban slide -técnica de guitarra que consiste en deslizar sobre las cuerdas, entre los trastes del diapasón, una forma cilíndrica para producir un sonido muy característico-. Pero tengo dedos muy torpes. No sirven para el slide". ¿Velocidad a la hora de tocar, la obsesión de no pocos guitarristas?  "Bueno, los guitarristas son como los vaqueros en el salvaje oeste. El más rápido es el que practicó más. Pero yo ni siquiera hablo rápido, ¿así que por qué debería tocar rápido? Lo que principalmente trato de hacer es tocar las notas para que tengan sentido, no sólo para mí, sino también para ti. Si subiera al escenario y tocara sólo lo que se me ocurre, probablemente me mirarías como diciendo: '¿qué diablos está haciendo este tipo?'".



De izquierda a derecha: Albert King, B. B. King,
Eric Clapton y Stevie Ray Vaughan.
http://i.telegraph.co.uk/multimedia/archive/02373/stevierayvaughan_2373087b.jpg

Hiatt le preguntó, finalmente, qué pasaba por su mente cuando estaba metido en un solo. B. B. reconoció que nadie le había hecho esa pregunta anteriormente, pero se animó a contestar: "a veces olvido quién soy. Cuando estoy en el escenario, no me pongo a pensar en mí mismo. Pienso en la historia que estoy intentando hacerte entender. Es como hora, hablando contigo: me hace sentir bien que puedas entender lo que intento contarte. Aunque no cuente con todas las palabras, estoy haciendo lo mejor que puedo. Eso mismo es lo que pienso cuando estoy tocando".

Por todo lo expuesto en esta entrada, y especialmente por lo que señalado en el párrafo anterior, puedo comprender por qué aquel niño nacido en Itta Bena, Misisipi, me cautivó desde aquel disco suyo que encontré en el centro de Bogotá. B. B. King fue y seguirá siendo un auténtico comunicador de sentimientos y de ideas a través de la música. Por eso me duele mucho que nos haya dejado, aunque permanecen sus grabaciones. Su guitarra Lucille quizás esté llorando, mas su voz, que se hizo una con la voz de King -impresionante, sentida, auténtica-, seguirá resonando en nuestras mentes y en nuestros corazones. B. B. cantó "el estremecimiento se ha ido" -the thrill is gone-. "The King is gone", pero de alguna forma se queda.

Finalmente, les dejó esta entrevista hecha al artista que cuenta con una animación muy interesante.



Las puntas

Una mención especial como homenaje a las profesoras y a los profesores en su día -al fin, ¿se ganó o se perdió con el reciente paro? Unos dicen una cosa y otros otra-. Y también en el Día de la Banderita, un abrazo para la Cruz Roja. La idea de Henri Dunant sigue sirviendo al mundo. 

Con todo respeto. Parece que al señor obispo de Fontibón, Juan Vicente Córdoba, le pasó lo de la Chimoltrufia en su charla en la Universidad de los Andes: "cuando digo una cosa, digo otra". Quizás su propósito era dar a entender que para Jesús, el de Nazaret, no son importantes las inclinaciones sexuales de quienes siguen su mensaje -y eso está muy bien, realmente bien-, pero escogió expresiones que pueden sonar ofensivas para ciertas personas. Reconozco su entereza en las excusas que ofreció de manera pública posteriormente.


miércoles, 13 de mayo de 2015

Salento y el Valle de Cocora - Entre la belleza y el respeto

El departamento del Quindío (en verde).
http://www.turiscolombia.com/quindio1.html
El tamaño del departamento del Quindío, en Colombia -el segundo más pequeño del país- no es motivo para negar o ignorar su belleza. Al contrario. Nuestra sociedad, nuestro mundo globalizado, proclama constantemente las ventajas de lo grande, de lo "mega", de lo que se impone por su dimensión descomunal. Sin embargo, el Quindío puede presentarse como una hermosa excepción a esta regla artificial.

En el mapa colombiano, el Quindío podría asemejarse a una piedra preciosa ubicada, con todo el arte y la destreza de una colocadora, en el mosaico que llamamos Eje Cafetero o Triángulo del Café, entre las cordilleras Occidental y Central. Aquí están, aquí permanecen, el saco repleto de grano, el arriero, el jeep Willis, los recolectores, las chapoleras -mujeres recolectoras- y los gariteros  
-personajes encargados de anunciar con un grito característico a los recolectores la bogadera, bebida refrescante y energizante con limón y panela-, entre muchas otras figuras. 

La situación particular de esta zona del país, que poco a poco se ha recuperado después del sismo de 1999, plantea ser estratégico a la hora de una visita. Debido a su tamaño y a las buenas posibilidades de movilidad, se recomienda tomar un tiempo adecuado -digamos una semana, por lo menos- para conocer los municipios del departamento que ofrecen atractivos turísticos y otras comarcas cercanas a él ubicadas, por ejemplo, en la vecina Risaralda. Y establecer una suerte de campamento base en la ciudad capital, Armenia, para facilitar el acceso a ellos. 

Génova, Pijao, Córdoba, Buenavista, La Tebaida, Calarcá, Montenegro, Quimbaya, Circasia, Filandia -no Finlandia, valga la aclaración- y Salento conforman junto a Armenia la lista de municipios quindianos. Mucho espacio se requiere para referirse a cada uno de ellos como merecen. Por lo tanto, hablaré tan sólo de uno.



Salento es el municipio más antiguo del Quindío y atrae especialmente a los turistas, tanto nacionales como extranjeros, por sus paisajes y por la belleza de su casco urbano, de arquitectura colorida y dinámico por cuenta de sus muestras artesanales. Una larga vía repleta de locales comerciales que exhiben todo tipo de productos, elaborados con imaginación, es punto de encuentro cultural y artístico. Y es una grata experiencia subir a los balcones para tomarse un café o almorzar una buena trucha, preparada de varias y apetitosas maneras, acompañada por un exquisito patacón de plátano, grande y crocante, sin olvidar el "hogao", una salsa especial.






Pero no todo es urbano en lo que a Salento se refiere. No se conoce verdaderamente ese rincón de Colombia si no se acude al Valle de Cocora, reserva que forma parte del Parque Nacional Natural Los Nevados. Cocora -que en el lenguaje de los Quindos significa "princesa indígena" o "estrella de agua"- se puede recorrer a lomo de caballo, si no se teme andar sobre el animal por caminos humedecidos por las lluvias. Aunque no hay nada de qué preocuparse: los humildes corceles conocen perfectamente las rutas y pisan con más seguridad que cualquier humano. O se puede ejercitar las piernas, lo que permite un contacto más íntimo con el paisaje. Abrazando una palma, por ejemplo.

Cocora es el hogar de la palma de cera del Quindío -Ceroxylon quindiuense-, el árbol nacional de Colombia según determinó la Comisión Preparatoria del III Congreso Sudamericano de Botánica celebrado en Bogotá en 1952, decisión oficialmente reconocidea por la Ley 61 del 16 de septiembre de 1985. Entre la altura de cada árbol -entre 60 y 80 m- y la extensión del valle, con la mirada hacia arriba y hacia los lados, cualquier persona debería sentirse minúscula, sin más sentimientos que el agradecimiento, la veneración y el respeto por la Madre Tierra que muestra allí una de sus múltiples caras. No pocas veces, los truenos y los relámpagos de las temporadas de lluvia aparecen para ayudar a recordarle a turistas, visitantes y habitantes locales que son parte de la Naturaleza, no sus propietarios.




Afiche oficial para la protección
de la palma de cera
Lamentablemente, una faceta del fervor religioso popular permanece amenazante sobre las palmas de Cocora, sumándose a los factores que hacen posible su extinción. Cada Domingo de Ramos, como una forma de recordar la entrada de Jesús a Jerusalén montado sobre un burro, todavía se usan hojas de estos árboles a manera de homenaje, si bien desde hace ya varios años las autoridades han convocado a la población católica de rito romano a emplear otras opciones vegetales para demostrar su fervor. Este es, a mi juicio, un ejemplo de cómo ciertas tradiciones religiosas se mantienen entre la gente sin que ésta tenga en cuenta que pueden impactar la armonía ambiental. Es, por lo tanto, urgente una re-educación en temas de fe, en este caso cristiana, que enfatice la necesidad de abandonar ciertas prácticas que, si se miran bien, no forman parte esencial de la propuesta de Jesús de Nazaret: su mensaje no se modificará si dejamos a las hojas de palma en su lugar. Sin embargo, no basta con la acción oficial. La iglesia como institución y como comunidad debe sumarse con mayor ahínco a este esfuerzo.

En Salento se ejercita el sentido estético y en el Valle de Cocora se puede practicar el respeto. Dos motivos, tan sólo dos entre muchísimos, para conocer esa hermosa piedrita verde del mosaico cafetero que es el Quindío.