¿Cómo se manejan las críticas en la Iglesia-institución?
Como muchos otros medios en todo el mundo, el canal de
televisión católico romano EWTN cuenta con su propio espacio en Youtube, tanto
en inglés como en español.
Hace poco visité el sitio del canal para verificar algún
dato que había visto en cierta emisión de Nuestra Fe en Vivo -espacio conducido
por el señor Pepe Alonso-. Debido a las características de la información que
buscaba, tras ver el material “bajé” a la sección de comentarios para conocer las
opiniones que otros usuarios habían hecho del programa. No vi más palabras que
estas: los comentarios están desactivados
para este video.
No solamente para ese video; ninguno publicado por EWTN en
Youtube puede ser comentado por los usuarios. Me quedé entonces con mi trabajo
a medio hacer y con varias ideas en la cabeza que compartiré con ustedes.
Huyo de la crítica como de la peste…
El ejemplo de EWTN es uno entre muchísimos en los que la
Iglesia Católica Romana demuestra su aversión y miedo a la crítica. Esta
palabra, crítica, es definida por la Real Academia Española en su diccionario
de la siguiente forma: examen y juicio acerca de alguien o algo y, en
particular, el que se expresa públicamente sobre un espectáculo, un libro, una
obra artística, etc.
No se indica en la definición, de ninguna manera, que todas
las críticas sean negativas. Sin embargo, la costumbre ha hecho que cualquier
comentario que se manifieste bajo el rótulo “crítica” sea identificado por el común
de la gente de esa forma y relacionado con expresiones como “ataque”,
“complot”, “conspiración”, “confabulación”, “maquinación”, “intriga” y muchas
más.
La Iglesia no es ajena a esa situación y mucho menos cuando
se sabe que durante más de dos mil años el cristianismo ha sido blanco de
críticas; algunas veces con fundamento, otras sin él. En cualquier caso, a
quienes nos decimos cristianos nos aterra la idea de que las personas nos
señalen y hagan comentarios desfavorables de nosotros; así sean respetuosos, a
manera de sugerencias, o francamente burlones u ofensivos, ¡ni hablar! Mejor no
nos digan nada.
Yo veo en esta actitud un problema que contradice, e incluso
niega, el sentido original de la evangelización entendida como un proceso comunicativo.
En efecto, la comunicación implica el intercambio de saberes, opiniones, puntos
de vista, miradas del mundo, en un nivel horizontal, de ida y de vuelta en
muchos sentidos, que solamente se lleva a cabo en un ambiente de apertura y
cercanía intelectual, afectiva, etc., creado por los interlocutores. Tan
importante como ponernos de acuerdo acerca del código que emplearemos, es la
actitud que tomaremos para usarlo.
La apertura también implica correr un riesgo que me parece
inevitable: el riesgo a recibir críticas
negativas. No aceptarlas, no saber aceptarlas, desvirtúa la comunicación,
le resta fuerza y sentido. En pocas palabras, construye barreras.
La evangelización se hace en la plaza, o no se hace
Pero además del cómo, está el dónde. Quienes viven según el
cristianismo se encuentran en un mundo en el que no están en soledad, sino de
frente y en permanente contacto con un montón de experiencias, creencias,
situaciones e ideas que se mueven sin cesar, y todavía más en el contexto
actual. Acá encontramos el concepto de lo público, lo que nos atañe a todos, lo
que sucede en la plaza del pueblo por donde pasamos todas y todos. Y lo público
es inseparable de la comunicación.
Entonces, y así tenga sus razones respetables (que yo
identifico con el miedo a la crítica negativa) ¿qué sentido tiene que EWTN divulgue
un video en un espacio público a escala global, como es Youtube, si desactiva
los comentarios? Que lo haga podría tener algún (muy pequeño) sentido si los
publicara en su propia página. Sin embargo surge una pregunta más compleja: ¿de
verdad el canal pretende comunicar, evangelizar cuando se resiste a
encontrarse con ideas que le pueden disgustar e incomodar?
También es importante decir que, junto con los comentarios
negativos, desaparecen de la escena pública en este caso los testimonios
positivos, las felicitaciones, las sugerencias amables.
¡Eso te pasa por pecador!
Mientras escribo estas líneas aparece en los medios la
información referente a un nuevo video de la señora María Luisa Piraquive, dirigente
cristiana neopentecostal. Tras el escándalo
por cuenta de un registro audiovisual suyo en el que señala que las personas
con discapacidad no pueden predicar la Palabra de Dios en su institución (“por
causa de la conciencia eso queda mal”, fueron sus palabras), el nuevo video
muestra a doña María Luisa contando algunos casos en los que, según ella, Dios
ha castigado a quienes han criticado o se han burlado de personas pertenecientes a su Iglesia, especialmente dirigentes.
Doña María Luisa es de esas personas que predica un dios
chiquitico, de esos que ante una ofensa se llena de la ira más espantosa y
destruye la vida de los osados e impenitentes perpetradores. Tan grave como la
prédica es la actitud de sus oyentes: los cuchicheos denotan un asentimiento
total, real o simulado. Las “pruebas” presentadas por la dama en el púlpito van
desde lo grotesco (“un espíritu de risa”) hasta lo macabro.
Y entonces, ¿qué?
Creo que los casos que he presentado (por favor, que nadie los tome como excusas para atacar puntos de vista diferentes o para justificar posiciones, ¡por favor!) plantean ideas muy
duras de aceptar para la Iglesia-institución, sea de la denominación que sea,
tenga el apellido que tenga:
- En el afán de protegerse, olvida que merece la crítica negativa siempre que se hace con argumentos sólidos, con razones de peso. Y debe tenerla en cuenta. Esta crítica en esas condiciones debe verse como una oportunidad constructiva. Y resulta urgente que la Iglesia la separe de las bravatas y de los comentarios malintencionados (que existen, no se pueden negar) como se separa el trigo de la cizaña, porque si no lo hace perderá oportunidades valiosas de aprendizaje.
- Cumplir con la misión evangelizadora en el marco de lo público implica, necesariamente, enfrentarnos a situaciones no siempre agradables. Tenemos que re-educarnos para saber recibir las críticas contrarias. Y también tenemos que aprender a hacerlas a los demás, no para imponer nuestros puntos de vista, sino para presentarlas como alternativas que se pueden seguir o rechazar en libertad.
- El hecho de que nos critiquen no puede justificar en ningún caso una respuesta ofensiva, ni de palabra ni de hecho, con amenazas y llamamientos al “castigo divino”, concepto que nada tiene que ver con la propuesta de Jesús: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti.
- En el afán de protegerse, olvida que merece la crítica negativa siempre que se hace con argumentos sólidos, con razones de peso. Y debe tenerla en cuenta. Esta crítica en esas condiciones debe verse como una oportunidad constructiva. Y resulta urgente que la Iglesia la separe de las bravatas y de los comentarios malintencionados (que existen, no se pueden negar) como se separa el trigo de la cizaña, porque si no lo hace perderá oportunidades valiosas de aprendizaje.
- Cumplir con la misión evangelizadora en el marco de lo público implica, necesariamente, enfrentarnos a situaciones no siempre agradables. Tenemos que re-educarnos para saber recibir las críticas contrarias. Y también tenemos que aprender a hacerlas a los demás, no para imponer nuestros puntos de vista, sino para presentarlas como alternativas que se pueden seguir o rechazar en libertad.
- El hecho de que nos critiquen no puede justificar en ningún caso una respuesta ofensiva, ni de palabra ni de hecho, con amenazas y llamamientos al “castigo divino”, concepto que nada tiene que ver con la propuesta de Jesús: no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti.
Los
anteriores puntos no van solamente para las jerarquías, sino también
–muy especialmente- para las cristianas y los cristianos que no hacen parte de ellas, para quienes andan por la plaza pública con mayor asiduidad que los mandos administrativos.
–muy especialmente- para las cristianas y los cristianos que no hacen parte de ellas, para quienes andan por la plaza pública con mayor asiduidad que los mandos administrativos.
La situación que he presentado en esta ocasión me preocupa
todavía más cuando pienso que es el camino ancho hacia una situación horrorosa:
el fanatismo. De esto algo hubo en las líneas anteriores. Pero escribiré más
acerca de esa insana pasión en mi próxima entrada.
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